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La Habana: refugio para casos graves

  • Roberto Casin - Miami, Florida

En esta foto oficial difundida el 17 de junio, Chávez conversa con Fidel Castro.

En esta foto oficial difundida el 17 de junio, Chávez conversa con Fidel Castro.

La prolongada y aún misteriosa dolencia del presidente Hugo Chávez sigue destapando intrigas. Roberto Casín analiza el tema desde Miami.

Posiblemente no haya mejor sitio en este hemisferio que La Habana para ocultar un secreto, razón más que sobrada para que, a falta de transparencia, ya haya corrido más de un rumor sobre la enfermedad que aqueja al presidente venezolano Hugo Chávez, oficialmente internado en un hospital en Cuba para curarse de una dolencia que allegados a su gobierno le han atribuido poca monta, pero de la que a ciencia cierta nadie puede dar fe.

Chávez llegó a la isla el 8 de junio pasado y en el aeropuerto hizo algunas bromas con los periodistas extranjeros sobre su bastón después de haberse operado una pierna casi un mes antes. Originalmente las autoridades cubanas dijeron que el mandatario venezolano llegaba a la isla para supervisar los trabajos de la Comisión Intergubernamental de Cooperación Cuba-Venezuela. Luego su canciller, Nicolás Maduro, dio a conocer que el presidente, ya casi restablecido de la lesión en una de sus rodillas, tenía una nueva dolencia de salud.

Después, todo o casi todo han sido elucubraciones. Se dijo que Chávez fue operado de un absceso pélvico, algo que según médicos lo mismo puede ser un asunto de cirugía menor que mayor. Léase: algo para no preocuparse o para preocuparse mucho. Hace ya 12 días, la prensa cubana difundió que el gobernante venezolano había charlado animadamente con Telesur, que se recuperaba satisfactoriamente, y luego que había sido visitado por Fidel Castro y su hermano Raúl, actual presidente en la isla.

La foto oficial difundida entonces de los visitantes junto a Chávez, vestido no con atuendo hospitalario como corresponde a un paciente, sino con un traje deportivo a remedo de la bandera venezolana, recordó a muchos la imagen de Fidel Castro tras haber enfermado en julio de 2006, cuando un tiempo después los cubanos pudieron verlo igualmente vestido de chándal con los colores de la enseña cubana.

Durante semanas y semanas nadie supo cuán grave había estado Castro hasta que mucho tiempo después, ya moderadamente restablecido para su edad—más de 80 años—se conoció que la hemorragia intestinal que tuvo y ulteriores complicaciones estuvieron a punto de costarle la vida. De forma muy parecida a lo que sucedió aquella vez con el gobernante cubano, una de las versiones salidas ahora a la luz es que a Chávez se le han hecho biopsias, que no hay ninguna señal maligna, y que la fecha de su regreso al poder dependerá de cómo evolucione su lesión.

El miércoles, Adán Chávez, hermano del mandatario regresó a Caracas desde La Habana diciendo que el presidente retornaría a Venezuela en unos 12 días. Casi veinticuatro horas después, el general y ministro de Defensa de Venezuela, Carlos José Mata Figueroa, afirmó que Chávez se reponía satisfactoriamente, dijo que se comunicaba a diario con él y que estaba “más fuerte que nunca".

La pregunta que muchos se han hecho desde entonces es qué necesidad habría en recalcar y volver a recalcar que todo marcha bien si la vida del presidente venezolano en ningún momento ha estado en juego.

A ningún analista político, entre ellos Michael Shifter, presidente del centro de análisis de Diálogo Interamericano, escapa el hecho de que la prolongada ausencia de Chávez de Caracas es algo totalmente inusual y que ha despertado toda suerte de especulaciones.

“El cambio es drástico para un presidente que gusta de dominar el escenario político y tiende a ser omnipresente”, dijo Shifter, quien por otra parte destacó algo que quizás algunos estén pasando por alto como ingrediente político de la enfermedad de Chávez: “Este extraño episodio revela que bajo Chávez Venezuela depende del gobierno de un solo hombre. El toma todas las decisiones, y cuando está incapacitado nadie es capaz de sustituirlo y ocupar su lugar”.

Quienes se fijan más en esta parte de la ecuación no descartan que, como ocurrió siempre con su mentor Fidel Castro, Chávez pueda reaparecer- haya estado grave o no—como ave fénix, renacido de sus cenizas, para en un momento de enorme impopularidad de su mandato en Venezuela reforzar la idea de que caudillos de su naturaleza son lo más cercano que haya conocido el ser humano a la inmortalidad, y que contra ellos nada ni nadie puede.

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