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Crónica: La "tumba" en el cuarto sótano


Esta es la última foto de Gerardo Carrero con su familia, antes de ser detenido tras el asalto al campamento en el que protestaba contra Maduro.

Esta es la última foto de Gerardo Carrero con su familia, antes de ser detenido tras el asalto al campamento en el que protestaba contra Maduro.

El estudiante Gerardo Carrero lleva seis meses confinado en el cuarto sótano de un edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia, en condiciones calificadas como "tortura" por su esposa y abogado.

El 4 de diciembre fue la última vez que Gerardo Carrero vio la luz del sol, durante su traslado al tribunal. Desde hace seis meses, vive en la llamada "tumba”.

Ya no sabe cuándo es de día o de noche. La único que escucha es el paso del tren del subterráneo sobre su celda ubicada en el cuarto sótano de un edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), en Caracas.

Carrero es estudiante.

Dentro de su celda de 2 x 3 metros todo es blanco. La luz, que permanece las 24 horas encendida, es blanca también.

Solo tiene un colchón montado sobre una base de cemento. Las 24 horas del día es monitoreado por una cámara que todo lo ve.

La temperatura ronda entre los 15 y 18 grados centígrados.

Como esa celda hay otras seis, tres de ellas también ocupadas por otros jóvenes: Lorenth Saleh, Gabriel Valle y Juan Miguel De Sousa.

Así describe Carrero las condiciones en las que vive a su esposa, Mariana Serrano, quien al igual que él es estudiante de Ciencias Penales y Criminalísticas en la Universidad Católica del Táchira, en San Cristóbal, al oeste de Venezuela.

Carrero fue detenido en Caracas el 8 de mayo, durante el asalto que hicieron efectivos militares y policiales al llamado "campamento de la resistencia".

Ese día, un grupo de estudiantes pretendió hacer resistencia pacífica de calle instalando carpas frente a la sede del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Caracas y 17 otros lugares de Venezuela.

Después de varios meses, de los 120 detenidos fueron liberados 112. Hoy, Carrero es uno de los cinco que permanecen privados de libertad y en proceso de juicio.

Carrero fue acusado obstrucción de las vías públicas, incitación a la desobediencia de leyes y tráfico de menor cuantía de drogas.

Dadas las difíciles condiciones en las que se encuentra, el pasado 7 de febrero Carrero y dos otros jóvenes iniciaron una huelga de hambre.

“Ahorita que está en huelga de hambre, cuando lo veo lo que hago es llorar. Yo no quiero que se muera", dijo Mariana Serrano, su esposa de hace dos años y con quien tiene dos hijos.

"Cuando le pedí que desistiera de la huelga él me dijo: 'Mariana yo estoy sepultado en vida, esta gente me está matando poco a poco, si esta gente lo que quiere es matarme yo voy a dar la guerra, voy a hacer un último intento para ser escuchado, para que sean respetados mis derechos'”, dijo Serrano a la Voz de América..

Esta es la segunda huelga de hambre que inicia Carrero.

“Hace la huelga de hambre pidiendo la unión de todos los venezolanos, por todos sus compañeros detenidos y por los presos políticos para que sean liberados. Piden el pronunciamiento de la ONU y que los saquen de ese lugar, porque no es apto para ningún humano”, agrega Serrano.

Carrero fue torturado tras su primera huelga de hambre en agosto pasado, según su esposa.

“Estando en el Helicoide [sede principal del SEBIN en Caracas] por una carta que le envió a [Nicolás] Maduro, y por la huelga de hambre en la que ya se encontraba, lo torturaron", relató.

"El comisario Carlos Calderón le reclamó por qué hacía la huelga de hambre y él solo le respondió 'libertad para Venezuela'. Luego de eso se lo llevaron a otro cuarto lo amarraron por las muñecas y lo colgaron durante 12 horas, y luego le dieron con unas tablas. Al día siguiente cuando lo soltaron cayó al suelo sin poder levantarse. Ese día era mi visita y yo noté una actitud extraña de los funcionarios y lo vi entrar cojeando y me contó todo esto. Además le dijeron que nos iban a matar a nosotros, a mí, a los niños, a su papá”, añadió Serrano.

Tras la denuncia de esta tortura fue trasladado a "la tumba”, como le llaman los mismos funcionarios policiales a la celda de confinamiento.

La situación judicial de Carrero no es la única que se registra en Venezuela, después de un año del inicio de las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro, quien ha dicho en el pasado que en este país “no hay presos políticos, sino políticos presos”.

El hecho se torna más grave cuando hay indicios para dudar de la independencia de los poderes del Estado.

El defensor del Pueblo, Tarek William Saab, representante de uno de los poderes del Estado, negó que en el SEBIN se practique algún tipo de tortura, pero posteriormente anunció que solicitó a esa institución policial “mejoras en las condiciones de reclusión a [los] cuatro detenidos”.

Los defensores de los detenidos cuestionan los testimonios de los reos por posibles temores a represalias.

"[Saab] dice haber entrevistado a uno de ellos, a Gabriel Valles, pero yo le pediría al defensor que no confíe mucho en un testimonio obtenido en el mismo lugar donde está siendo una persona torturada y con la presencia de los torturadores”, señaló Gonzalo Himiob, abogado de Carrero, quien por cierto solo ha podido verlo en el tribunal porque le han impedido visitarlo como lo contempla la ley.

Este tipo de “condiciones” a las que tienen sometidos a estos jóvenes no son nuevas en el mundo, según Himiob, y tienen como propósito “dejar secuelas psicológicas muy graves”.

Desde que está encerrado en la “tumba”, Carrero ha perdido 10 kilos, “aunque no se ha pesado desde que inició la huelga", aclara su esposa.

“Me dijo que le duelen las piernas, que tiene dolor de cabeza, puntadas en el estómago. Antes, durante veinte días tuvo vómito y diarrea y lo que le dieron fue un suero y ya”, agregó.

El lugar donde cada martes y domingo Mariana ve a Gerardo está contiguo al espacio donde está aislado. Allí ha recibido a sus dos pequeños hijos, Gerardo y Santiago de seis y tres años respectivamente.

Allí hablan de un futuro juntos.

“Él quiere recuperar el tiempo perdido. Su papá le ha dicho que quiere que se vaya del país, pero Gerardo dice que no se va de Venezuela, que va a seguir luchando por un mejor país, de oportunidades, con seguridad para sus hijos”, dijo Serrano.

“Yo quiero que Venezuela sea igual a la misma en la que yo crecí. Con conciencia conozco la Venezuela del gobierno de Hugo Chávez, pero tengo conciencia de lo que comía antes, de que no te robaban por un par de zapatos”, agregó.

Pero para Mariana la esperanza es mayor que el temor.

“No tengo miedo, al contrario, cada día estoy más convencía y más fuerte. Gerardo y los que están presos se han encargado de demostrarnos que no estamos equivocados”, concluyó.

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