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Crónica: La salud no espera


Los venezolanos ven cómo corre peligro su salud a causa de la escasez de medicinas que se ha agravado en 2015.

La escasez que en Venezuela se agudizó al comenzar el año 2015 mantiene a la población en vilo cuando busca atender sus enfermedades.

Largas colas marcan el inicio del 2015 en Venezuela, donde la gente pasa hasta cinco horas para comprar alimentos o productos básicos.

Pero cuando se trata de la salud, no hay espera posible.

Martha Hernández, de 38 años de edad, es una de las miles de venezolanas que vive en carne propia la escasez, pero en su caso, de medicinas.

“La situación de escasez de medicamentos es preocupante”, dijo.

Su madre de 75 años de edad y jubilada de la administración pública, tiene una enfermedad ocular y depende de una medicina para que su vista no se deteriore.

Unos días antes de terminar el frasco de gotas que tenía, comenzó a buscarlo en todas las farmacias posibles.

“Durante dos semanas estuvimos buscando unas gotas para el glaucoma de mi mamá, recorrimos distintas cadenas de farmacias, desde las más grandes hasta las más pequeñas”, dijo Hernández a la Voz de América.

Sin éxito en la búsqueda, recurrieron al mundo virtual.

“Utilizamos las redes sociales como Facebook, Twitter y la red de amigos para solicitar el medicamento, por si alguna persona lo encontraba que nos avisara”, agregó.

Pero tampoco obtuvieron una respuesta alentadora, aunque entre los usuarios venezolanos de las redes sociales ya se ha vuelto cotidiano el usarlas como medio de servicio público para solicitar medicinas.

La suerte de Martha y su madre no ha sido como la de otros venezolanos, pues luego de 15 días preguntado por el medicamento para controlar la enfermedad crónica que padece lo consiguió en una farmacia.

“Es injusto tener que hacer cola para comprar medicinas, cuando se supone que el Estado debe garantizar la salud y el acceso a ella a todos los venezolano", dijo indignada.

"Además no es solo el hecho de tener que hacer la cola, es la frustración de no conseguir el medicamento que en muchos casos, como el de mi mamá, es de uso diario y de por vida”, recalcó.

Al escuchar el testimonio de Martha Hernández, me pregunto por qué el gobierno del presidente Nicolás Maduro no evitó esta situación, a pesar de que recibió advertencias de todos los sectores privados de la economía sobre la inminente escasez al iniciar 2015 si no tomaba decisiones puntuales para evitarla.

La de otros no ha sido la misma suerte.

Al menos no la de trece pacientes del Hospital Universitario de Caracas, que fallecieron a lo largo del 2014 tras una larga espera para ser operados a causa de enfermedades del corazón.

¿La razón? La carencias de los medicamentos e insumos médicos necesarios para ser atendidos.

La falta de sangre almacenada, anestesia y compresas selló la muerte de al menos uno de esos 13 venezolanos.

La Federación Farmacéutica de Venezuela ha denunciado que el desabastecimiento de medicinas llega al 70% y su vocero, Freddy Ceballos, ha dicho que la situación es "crítica".

El gremio de las farmacias ha acusado al gobierno de ser arbitrario con la entrega de divisas, con la que importan las medicinas o la materia prima para producirlas en Venezuela.

Algunas redes de farmacias han decidido, por cuenta propia, implementar un mecanismo de control con la cédula de identidad de sus clientes que registran en su base de datos y que les impide comprar más de una vez, en una semana, un mismo medicamento.

Además limitan las cantidades por persona.

El presidente Maduro no da respuestas efectivas para superar la situación de escasez.

De la gira que inició por países asiáticos el 4 de enero, el presidente Maduro anunció un acuerdo con la industria farmacéutica iraní.

“Estamos llegando a una alianza estratégica con la industria farmacéutica iraní y ellos van a ir hacer inversiones y transferencia de tecnología para fortalecer nuestra industria farmacéutica", dijo Maduro.

Mientras el presidente venezolano ha estado más de doce días fuera del país, la imagen se repite frente a farmacias y automercados: gente que hace filas bajo sol y lluvia por alimentos y medicamentos.

El gobierno es víctima de su propia trampa. El modelo económico que ha intentado imponer de acuerdo a lo que ha llamado la revolución bolivariana no le permite rectificar, y tomar medidas que serían contrarías al llamado socialismo del siglo XXI, y decidir en beneficio de los venezolanos que lo llevaron al poder y que hoy también sufren las consecuencias.

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