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Venezuela: La esperanza de los desesperados


Los venezolanos salen a diario a la calle invocando la suerte para conseguir alimentos básicos o las medicinas que necesitan.

Los venezolanos salen a diario a la calle invocando la suerte para conseguir alimentos básicos o las medicinas que necesitan.

En la última semana la situación de los venezolanos se ha vuelto agobiante, tras haber sido testigos de la actuación de un presidente que no ha dado respuestas concretas a los graves problemas que viven.

Venezuela es el país donde Hugo Chávez tiene un 70% de popularidad después de casi dos años de su fallecimiento.

Es aquí donde el actual mandatario, electo por votación popular, pero designado como su heredero político por su predecesor, se encomienda y dice que “Dios proveerá” para mantener la economía a flote porque, como país monoproductor, ya no puede depender de los precios del petróleo.

Durante el año 2014, el precio de la cesta petrolera venezolana promedio era de unos $95 por barril. En la actualidad ronda los $40 dólares.

Tan solo en los primeros 15 días de enero, sobre la base de una producción petrolera de 2.3 millones de barriles diarios Venezuela ha dejado de percibir unos $1.900 millones de dólares por la caída de los precios del crudo.

El presupuesto de la nación para el año 2015 fue calculado a $60 dólares por barril.

Al día siguiente del discurso del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la tendencia de la red social Twitter en Venezuela fue la etiqueta "Dios proveerá".

El humor caracteriza a los venezolanos hasta en tiempos de penurias.

Los venezolanos amanecimos con la moneda devaluada sin saber en cuánto, y con la promesa de un aumento de gasolina sin saber tampoco cuánto costará el litro, ni cuándo entrará en vigencia.

En tono heroico, Maduro, un presidente que antes de jugar un rol en la política venezolana traía en su currículo haber sido chofer de autobús y líder sindical del Metro de Caracas, dijo que asumiría “toda la responsabilidad” ante el incremento del precio del combustible.

En Venezuela, un litro de gasolina cuesta el equivalente a $0,01 centavos de dólar.

Pero el día después de los tan esperados anuncios económicos, postergados desde julio del año pasado, Venezuela no se siente diferente.

Los venezolanos tenían la expectativa de que las medidas que tomaría Maduro servirían para superar la inseguridad, el desabastecimiento y la escasez, que motivó intensas protestas contra el gobierno de Maduro entre febrero y mayo de 2014.

En la farmacia donde entré a comprar unas gotas para los ojos, las personas hacían la cola [fila] para ser atendidos.

En Venezuela las largas filas se han convertido en la rutina de los venezolanos.

En cualquier establecimiento donde se sabe que llegará algún producto de los que tienen precio controlado por el gobierno, como leche, café, aceite, harina de maíz, pañales o detergente, es usual ver a las personas, bajo sol o lluvia, esperando su turno y rogando para que alcance cuando les toque.

En Venezuela se cuentan asesinatos en cada esquina, sin que el presidente mencionara el tema de la inseguridad en más de dos horas de discurso.

24.980 personas perdieron la vida de forma violenta en 2014 según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV).

En Venezuela ahora las madres deben presentar la partida de nacimiento de sus hijos para poder comprarles pañales.

Mientras espero que el dependiente regrese luego de verificar si tiene o no el medicamento, ansiosa por la buena noticia, a la señora que está detrás de mí, de unos 60 años, le escucho decir: “estamos en la cola de los desesperanzados”.

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