Enlaces para accesibilidad

El Colegio Electoral se reúne para confirmar la victoria de Trump

  • Voz de América - Redacción

Un empleado abre los certificados de resultados durante el recuento de votos en 2013.

Más allá de si resultan ser ciertos los señalamientos de una interferencia rusa, ya están perjudicando la legitimidad del proceso democrático de Estados Unidos.

Este lunes 538 personas, miembros del Colegio Electoral de Estados Unidos se reunirán la mayoría en los Capitolios de sus estados para confirmar oficialmente a Donald Trump y Mike Pence como presidente y vicepresidente de Estados Unidos.

Las reuniones, que históricamente han sido solo una formalidad en la que se reitera lo que los votantes han expresado directamente en las urnas, ha adquirido este año un cierto aire de importancia y algo de incertidumbre tras la victoria de Donald Trump, lograda sin el voto popular, y bajo las sombras de las revelaciones de que Rusia interfirió en las elecciones para ayudarlo a ganar.

Unos pocos electores, rebelándose al compromiso adquirido de votar por el candidato más votado en sus respectivos estados, han manifestado su intención de votar por alguien más.

Otros muchos, especialmente republicanos que han dicho que mantendrán su compromiso, han recibido insultos, amenazas o por lo menos llamados a recapacitar e intentar, una vez más, negar la Casa Blanca a Trump. Hay además varias protestas planeadas en algunas capitales estatales.

Pese a la inédita situación, se espera que los electores hagan caso omiso de las presiones y el resultado esperado se mantenga.

Dudas en el sistema

En todo caso, la que parecía ser una confianza inquebrantable de los estadounidenses en sus sistemas electorales, a los que percibían como intachablemente justos, ha quedado maltrecha después de esta elección.

Ahora los votantes norteamericanos han probado lo que otros países, como los vecinos de Rusia, llaman el mundo real.

Hasta ahora, Estados Unidos se enorgullecía de sus elecciones y transiciones pacíficas de poder como ejemplos de su vigor democrático. En otras naciones, los resultados de las votaciones implicaban una dosis de sospecha, indirecta a veces, fuerte en otras: papeletas amañadas, condiciones desequilibradas de juego y las grandes potencias inmiscuyéndose a menudo en los procesos políticos soberanos de naciones más pequeñas.

Rusia, recién acusada por la CIA de haber ayudado a Donald Trump en las elecciones presidenciales del mes pasado en Estados Unidos, no es ajena a las acusaciones de interferencia en las elecciones de otros países. Tampoco Estados Unidos.

Más allá de si resultan ser ciertos los señalamientos de una interferencia rusa, ya están perjudicando la legitimidad del proceso democrático de Estados Unidos.

Cuando muchos ciudadanos desconfían de su gobierno, de los medios de comunicación y de otras instituciones de la vida en Estados Unidos, reaccionan consternados por las dudas sobre la libertad y la imparcialidad de las elecciones.

El presidente Barack Obama describió el viernes el Colegio Electoral como un “vestigio” —originalmente un compromiso entre los que querían que el Congreso eligiera al presidente y aquellos que favorecían el voto popular.

Pero este lunes, cuando cada uno de los electores emita sus dos votos, uno para presidente y otro para vicepresidente, el sistema estadounidense volverá a entrar en funcionamiento; tras la votación se preparará lo que se llama un “certificado de voto” con los resultados de cada estado y una copia de éste será enviado al Archivo de la Nación, donde será parte de los registros nacionales, y otra al Congreso.

El viernes seis de enero los miembros de la Cámara de Representantes y el Senado se reunirán en sesión conjunta para el recuento de estos votos y será el vicepresidente Joe Biden quien anuncie el ganador —el candidato que obtenga al menos 270 votos.

De allí en delante, la historia de Estados Unidos volverá a ser una página abierta.

XS
SM
MD
LG