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Alianza peligrosa


Venezuela e Irán han suscrito más de 200 memorandos de entendimiento y numerosos acuerdos de cooperación en diferentes sectores.

Venezuela e Irán han suscrito más de 200 memorandos de entendimiento y numerosos acuerdos de cooperación en diferentes sectores.

Las estrechas relaciones entre Venezuela e Irán suscitan cada vez más sospechas en Estados Unidos. Roberto Casín explora el tema desde Miami.

Cuando en septiembre de 2009 el fiscal de distrito de Nueva York Robert Morgenthau dijo en el Instituto Brookings de Washington que EE.UU. y Venezuela podían estar más cerca de lo que se pensaba de una situación similar a la ocurrida en octubre de 1962 con la crisis de los cohetes en Cuba, algunos de los que estaban en la sala arquearon las cejas y se miraron entre sí en señal de incredulidad.

Los argumentos del fiscal apuntaban a estrechos vínculos del presidente venezolano, Hugo Chávez, con grupos terroristas apoyados por los iraníes como Hamas y Hezbolá, las propias afirmaciones de Chávez de que Caracas y Teherán habían creado un “eje” contra Washington, y sobre todo las denuncias de que Venezuela podía estar ayudando a Irán a desarrollar armas nucleares.

Según Morgenthau, los iraníes habían encontrado en Chávez un “aliado perfecto” puesto que el sistema financiero de Venezuela podía ser empleado para burlar las sanciones económicas internacionales impuestas al régimen de Teherán, y su territorio resultaba “ideal para construir y almacenar armas de destrucción masiva lejos del Medio Oriente y a escondidas de la comunidad internacional”.

De hecho, al margen de las acusaciones hechas por el fiscal, desde que Chávez asumió el poder ha visitado nueve veces Irán, y en 2008 empezó a operar en Caracas el banco Internacional de Desarrollo, una sucursal del Banco de Desarrollo de Exportaciones de Irán, ambos sancionados por el Departamento del Tesoro estadounidense por presuntamente ayudar a financiar el programa nuclear iraní, que según EE.UU. y la Unión Europea tiene fines militares.

Los temores manifestados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de que tal objetivo sea real, y la decisión de Irán de seguir enriqueciendo uranio, se han acrecentado a la luz de que Venezuela, que cuenta con reservas estimadas en 50 mil toneladas de ese metal, pueda estar proporcionándoselo a los iraníes.

Haces apenas dos meses, el ex secretario de Estado adjunto y ex embajador de EE.UU. en la OEA, Roger Noriega, publicó en el Washington Post un artículo según el cual, a pedido de Irán, Chávez se reunió el 22 de agosto del año pasado en el Fuerte Tiuna, en Caracas, con un alto dirigente del grupo palestino Hamas, el jefe de operaciones de Hezbolá, y el secretario general de la Jihad Islámica Palestina, Ramadan Abdulá Mohamed Shalah, quien figura en la lista de los terroristas más buscados por el FBI.

En diciembre del año pasado, el periódico alemán Die Welt reveló que Irán planeaba construir en territorio venezolano una base de misiles tierra-tierra de mediano alcance, según un pacto militar que habría sido suscrito por Chávez dos meses antes en Teherán con el presidente de ese país, Mahmud Amadineyad.

Ahora Die Welt ha publicado otro reportaje en el que dice que Irán cuenta en la actualidad con un misil balístico que tiene un alcance de 1.280 kilómetros, el Shahab-3, dispone además de una variante de éste más avanzada que llega hasta los 1.930 km, y está desarrollando otro más moderno, el Ghadr-110, con un alcance de más de 2.500 km.

El diario también cita fuentes de inteligencia occidentales según las cuales ya está avanzada la construcción de una base para misiles iraníes en la península de Paraguaná, en el estado Falcón, el punto más cercano entre Venezuela y Estados Unidos. De acuerdo con el diario, el pacto militar Chávez-Amadineyad permitiría a Irán hacer uso de las instalaciones contra EE.UU. en caso de ser atacado por Occidente.

De Wielt asegura que un grupo de ingenieros de la Guardia Revolucionaria Iraní (GRI), y de una empresa constructora controlada por este cuerpo élite del régimen de Teherán, han visitado varias veces las instalaciones, una de ellas en febrero pasado y en la que habría participado el jefe de la Fuerza Aérea de la GRI, Amir al-Hadschisadeh. Entre los propósitos figuraría el de edificar además búnkeres para eventualmente almacenar cabezas nucleares, señaló el diario.

El periódico de Miami, El Nuevo Herald, publicó esta semana otro reportaje en el que cita a un ex agente de la inteligencia venezolana que pidió el anonimato diciendo que uno de esos búnkeres subterráneos se halla en Zaraza, en el este del estado Guárico. “Los cohetes permanecen ahí, tanto en la zona de Valencia como de Zaraza”, dijo. El ex agente precisó que además de partes de misiles balísticos en el sitio había cohetería tierra-aire y aire-aire.

El Herald también citó como fuentes a otros militares venezolanos, entre ellos al capitán de navío retirado Bernardo Jurado, quienes han dicho conocer la existencia de material bélico iraní en el búnker en Guárico. De ser ciertas las revelaciones sacadas a la luz por ambos diarios, la voz de alarma dada hace casi dos años por el fiscal neoyorquino Morgenthau tendría sólidos fundamentos.

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