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Presencia hispana en el núcleo de la tecnología internacional


Hossam Nasser, 32, plays with his camel "Anter" in the Nubian village of Gharb Soheil, on the west bank of the Nile river in Aswan, Egypt.
Hossam Nasser, 32, plays with his camel "Anter" in the Nubian village of Gharb Soheil, on the west bank of the Nile river in Aswan, Egypt.

Un boliviano con el sueño de ayudar a músicos independientes a alcanzar sus metas o un mexicano-estadounidense con la determinación de mantener a Google entre los titanes de la industria tecnológica son algunos de los emprendedores latinos que hoy se abren camino en Silicon Valley, una región del norte de California que atrae a innovadores de todo el mundo.

Muchos creadores tecnológicos como ellos aspiran a ser el próximo Steve Jobs de Apple o Elon Musk de Tesla y SpaceX, que desarrollaron sus proyectos en la llamada meca de la innovación, donde hoy tienen su sede 99 compañías valoradas cada una en más de mil millones de dólares, según un artículo de la revista “The Economist” publicado en 2015.

Los latinos somos compradores de tecnología, pero no estamos creando tecnología.

Para encontrar los orígenes de este núcleo tecnológico, hay que remontarse a un humilde garaje en la ciudad universitaria de Palo Alto, donde el especialista en electrónica, Dave Packard, y el estudiante de postgrado de la Universidad de Stanford, Bill Hewlett, comenzaron a construir dispositivos electrónicos allá por 1938.

Ochenta años después, Hewlett-Packard Enterprise es una empresa internacional que ofrece computadoras, impresoras y otros productos tecnológicos, y el garaje que vio nacer su negocio, localizado en 367 Addison Avenue, se ha convertido en el Museo de Calculadoras HP.

Sin embargo, la proliferación de empresas de éxito en la región ha provocado un aumento del costo de vida que está desplazando a los nuevos emprendedores a zonas más económicas, más allá de Palo Alto y San Francisco. Algunos innovadores latinoamericanos están encontrando su espacio en San José, una ciudad al sureste de la región.

Allí también se encuentra la aceleradora Manos, centrada en apoyar, desde 2013, a los emprendedores latinoamericanos a través de tutorías, capacitación empresarial y sobre todo presentaciones ante inversores de riesgo.

Desde Manos reconocen el potencial de un mercado hasta ahora poco atendido: el de la población hispana de EE.UU., que ha estado aumentando de manera constante y se espera que llegue a casi el 29 por ciento de la población en 2060, según los informes del Centro de Investigación Pew.

Además, una encuesta de Google muestra que los hispanos son pioneros en el consumo de dispositivos tecnológicos, pero no obtienen suficiente apoyo financiero como desarrolladores.

Así pues, en la página web de Manos señalan también que "menos del 1 por ciento de los emprendimientos respaldados por inversores de riesgo están fundados por latinos".

Según Sylvia Flores, directora ejecutiva y cofundadora de Manos, los “latinos somos compradores de tecnología, pero no estamos creando tecnología”.

Desde Manos pretenden cambiar esta tendencia. Cada mes seleccionan varios equipos cuyos proyectos deben cumplir con ciertas condiciones, como el dominio del inglés o tener un equipo de por lo menos un año. Además, la tecnología que estén desarrollando debe tener una proyección global.

Los seleccionados tendrán la posibilidad de permanecer un máximo de tres meses en Silicon Valley, durante los cuales recibirán la instrucción de expertos, una visita a la plataforma de lanzamiento de Google en San Francisco, además de tener la oportunidad de presentar sus proyectos ante inversores.

Flores destaca que "no hay mucho capital invertido en los hispanos, pero está cambiando”. "Ahora tenemos más de 100 inversores de riesgo latinos en Silicon Valley".

Hasta la fecha, MANOS ha ayudado a lanzar más de 38 empresas tecnológicas. Quince de ellas están en Latinoamérica, incluyendo Argentina, Colombia, Costa Rica, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. El resto están afincadas en Estados Unidos y diez de las ellas han recibido ya inversiones informales.

Según Flores, los invitados latinoamericanos de Manos suelen saber mucho sobre tecnología, pero carecen de conocimientos empresariales. Una estancia en Silicon Valley abre sus mentes. Cuando llegan, temen compartir sus ideas, pero aprenden que la gente en la escena tecnológica es abierta y cooperadora. Lo más importante es la colaboración.

Alejandro Carrasco, emprendedor boliviano, fue uno de los beneficiarios del programa de Manos hace casi tres años. Ahora vive en San José y continúa desarrollando su aplicación DreamTuner, que pretende ayudar a los músicos a generar sus propios beneficios conectándolos directamente con el público. Carrasco espera lanzar su producto en los próximos meses.

“Aquí no hay miedo al fracaso", dice Carrasco. “Lo más importante es cómo te reinventas y qué has aprendido cuando no te fue bien. Al mismo tiempo, tienes la confianza de compartir tus ideas y de que la gente tratará de ayudar de una manera u otra ".

Flores, nacida y criada en California, anticipa una ola de empresarios de éxito hispanos.

“Creo que en los próximos diez años va a surgir el próximo [Mark] Zuckerberg hispano".

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