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Trump: "No hay nada que amar del Obamacare... es un desastre"


El presidente Trump habla a los gobernadores durante una reunión con gobernadores de 46 estados en la Casa Blanca, el lunes 27 de febrero.
El presidente Trump habla a los gobernadores durante una reunión con gobernadores de 46 estados en la Casa Blanca, el lunes 27 de febrero.

El presidente Donald Trump repitió a un grupo de gobernadores que el Obamacare es “un desastre”, pero reconoció que “nadie sabía que el cuidado de la salud podía ser tan complicado”.

“Tengo que decírselos, es un tema increíblemente complejo”, dijo Trump. “La gente lo odia pero ahora que ven que el fin está por llegar están diciendo ‘Oh, quizá lo amamos’… No hay nada que amar. Es un desastre”, dijo a los gobernadores.

Horas antes, en una reunión con ejecutivos de las compañías vaticinó que con la revocación y sustitución de la La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, “los costos se van a venir abajo y creo que el cuidado de la salud va mejorar muy, muy sustancialmente".

Trump también dijo al grupo que había pedido al secretario de Salud y Servicios Humanos, Tom Price, que trabaje con ellos para “estabilizar el mercado de los seguros y asegurar una transición sin sobresaltos al nuevo plan”

El presidente ya había adelantado que "quizás salga la reforma sanitaria" de la reunión de este lunes con los gobernadores de Estados Unidos.

Sus palabras fueron parte del brindis en el tradicional Baile de los Gobernadores anual el domingo por la noche en la Casa Blanca, el primer gran acto social de su mandato en el que recibió a 46 gobernadores y sus parejas.

El presidente celebró el progreso que ha habido en la agenda que se propuso, a pesar de algunas polémicas en el inicio de su mandato.

”Puedo decir que tras cuatro semanas, ha sido divertido, pero hemos logrado casi todo lo que dijimos que lograríamos. Estamos contentos con la forma en que están saliendo las cosas pero, de nuevo, hicimos muchas promesas en los dos últimos años y muchas de esas promesas ya se cumplen así que nos sentimos muy honrados por eso”, dijo a los gobernadores.

Pero el presidente no ahondó más sobre sus ideas sobre cómo revocar y reemplazar el Obamacare, una promesa de campaña que reiteró el viernes en su discurso ante la Conferencia Conservadora de Acción Política, CPAC.

El viernes oyó las ideas de su antiguo rival, el gobernador de Ohio, John Kasich, sobre cómo lograr que la gente “compre los seguros que le convengan”, las cuales parecen haber sido bien recibidas, y este lunes probablemente se discuta un reporte elaborado para los gobernadores, que según la The Associated Press, indica que derogar la reforma podría ocasionar déficits presupuestarios y dejar a miles de personas sin cobertura.

La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, aprobada durante el gobierno de Barack Obama, cuenta con dos componentes principales para expandir coberturas: subsidios a los seguros privados disponibles en los 50 estados, y una expansión opcional de Medicaid que ha sido aceptada en 31 estados y el Distrito de Columbia. Esos dos componentes de la ley cubren a más de 20 millones de personas.

Un reporte realizado por el despacho de consultoría Avalere Health and McKinsey & Company concluye que los cambios considerados por la Cámara de Representantes, bajo control republicano, reducirían de manera significativa el dinero federal destinado a Medicaid y los subsidios para seguros privados.

Los efectos a Medicaid tendrían un largo alcance. El programa federal y estatal para personas de bajos ingresos cubre a más de 70 millones de estadounidenses, muchos de los cuales necesitan con urgencia atención médica.

El reporte obtenido por AP señala que la combinación de retirar gradualmente los fondos para la expansión de Medicaid por parte del gobierno federal, además de transformar el programa desde un derecho federal ilimitado, a uno que opere bajo un límite, resultaría en vacíos a los presupuestos estatales. Los estados que expandieron Medicaid enfrentarían los mayores recortes.

Los estados tendrían mayor flexibilidad para diseñar sus programas, pero los ajustados fondos podrían derivar en recortes a la elegibilidad, o recortes a beneficios o pagos a hospitales y otros proveedores de servicios. El impacto de las reducciones del gasto federal se acumularía con el tiempo.

Por su parte, Trump continúa expresando confianza en que cualquiera que sea el plan que se adopte, Estados Unidos saldrá adelante.

“No estamos moviendo muy bien”, dijo el presidente hace unos días cuando prometió que el plan estará listo “en algún momento en el mes de marzo, quizá a mediados o principios de marzo… Creo que la gente va a estar muy impresionada”.

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