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Comunidad mormona en México despide a víctimas de emboscada


Rodeados por autoridades mexicanas fuertemente armadas, miembros de la familia LeBaron lloran en el sitio donde fueron asesinados nueve ciudadanos estadounidenses, tres mujeres y seis niños, relacionados con esa familia.

Bajo fuertes medidas de seguridad la remota comunidad agrícola de La Mora realiza el jueves los primeros funerales de algunos de los nueve estadounidenses, tres mujeres y seis niños, asesinados por pistoleros de un cártel del narcotráfico esta semana.

Las víctimas son parte de una antigua comunidad de mormones que han vivido por décadas en esa área.

Docenas de camionetas, muchas de ellas con matrícula de Estados Unidos y de lugares tan lejanos como Dakota del Norte, recorrieron el miércoles carreteras de tierra y piedras por el desierto, en áridas praderas y montañas cubiertas de pinos, cuando la noche caía sobre esta aldea de alrededor de 300 habitantes.

Muchos de sus residentes tienen doble nacionalidad de Estados Unidos y México y se consideran mormones aunque no están afiliados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Se espera que al menos 1.000 visitantes duerman en la localidad antes de los entierros del jueves, ya sea en el piso de las alrededor de 30 viviendas existentes o en las tiendas de campaña que ellos mismos traen. Al menos una vaca fue sacrificada para ayudar a alimentar a los visitantes, incluyendo a las docenas de soldados mexicanos que custodian la entrada a La Mora.

El activista y miembro de la familia, Álex LeBaron, que estaba con el convoy, dijo a la radio mexicana que los dolientes habían venido de Estados Unidos y de todo México, trayendo comida y colchones para el viaje.

Se espera que el adiós a las víctimas se extienda hasta el viernes porque algunos de los cuerpos serán llevados al vecino estado de Chihuahua, donde vive el grueso de la comunidad mormona.

Steven Langford, que fue alcalde de la aldea de 2015 a 2018, espera que los asesinatos tengan un “importante” impacto en la comunidad. Explicó que antes no era problema moverse en la zona en medio de la noche, pero que en los 10 o 15 últimos años la situación “empeoró y empeoró y empeoró”. Teme que alrededor de la mitad de los residentes puedan marcharse fuera.

“Esto fue una masacre, 100% una masacre”, dijo Langford, que perdió a una hermana, Christina Langford, en la emboscada. “No sé cómo entra en la conciencia de nadie hacer algo tan horrible”.

Según CNN, Adrián LeBarón, padre a de una y abuelo de cuatro de la víctimas, aseguró que, a pesar de las circunstancias, su familia no dejará el país y llamó a los mexicanos a exigir justicia: “Estamos solos, pedimos a los mexicanos que griten, que esto no puede pasar (…) Nosotros los LeBarón no nos vamos, no nos van a correr, esto ha traído un nuevo episodio a esta lucha, aquí hay dolor por la tragedia, pero más que nada indignación”.

Por su parte, Álex LeBarón, primo de las víctimas, señaló, a través de Twitter: “Esto es una tragedia de todos, y defenderemos a nuestras familias y nuestro patrimonio con nuestras vidas. No lucramos con la vida de los nuestros, solo avisamos. Sobre-aviso no hay engaño”.

Cuando los pistoleros abrieron fuego contra el grupo el lunes, el ejército mexicano, la Guardia Nacional y la policía del estado de Sonora no estaban allí para protegerlos. Tardaron alrededor de ocho horas en llegar.

Para muchos, la tragedia parece demostrar una vez más que el gobierno ha perdido el control de vastas zonas de México ante los narcotraficantes.

La ausencia de las fuerzas de seguridad en zonas rurales como los estados norteños de Chihuahua y Sonora llevó en su día a que los residentes con doble nacionalidad de sitios como la Colonia LeBarón formaran sus propios cuerpos de defensa civil.

Esta semana, los militares le dijeron que la localidad de Zaragoza había sido abandonada en un 50%, agregó.

El general Homero Mendoza, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, dijo el miércoles que la emboscada del lunes en la que murieron tres mujeres y seis niños, todos estadounidenses, comenzó a las 09:40 de la mañana, pero que las unidades del Ejército más cercanas estaban en la ciudad fronteriza de Agua Prieta, a unos 160 kilómetros (100 millas) de distancia.

Los soldados no partieron hacia la escena del ataque hasta las 14:30, a donde llegaron a las 18:15, mientras cinco niños que habían sobrevivido se escondían en las montañas con heridas de bala.

“Hay zonas donde el Estado es muy frágil”, dijo Alejandro Hope, analista de seguridad de México.

Andrés Manuel López Obrador creó la Guardia Nacional tras asumir la presidencia de México en diciembre del año pasado para ayudar a las fuerzas de seguridad, pero sus 70.000 elementos tienen que cubrir un extenso territorio.

Las autoridades mexicanas dijeron que los atacantes pudieron haber confundido las camionetas de los residentes con las que utiliza una banda rival. El cártel de Juárez y su brazo armado “La Línea” están librando una despiadada guerra territorial contra una facción del cártel de Sinaloa conocida como “Salazar”.

“Esa fue la percepción que tuvimos, que en el último de los casos, las personas que agredieron a los ocupantes dejaron ir a los menores. Luego entonces, podemos establecer alguna premisa: que no fue una agresión directa” contra las familias, dijo el general Mendoza.

La mayoría de las víctimas vivían en La Mora, a unos 110 kilómetros (70 millas) al sur de Douglas, Arizona. Muchos de los residentes están relacionados con la familia extendida LeBarón.

El miércoles, docenas de soldados y efectivos de las policías federal y estatal y de la Guardia Nacional custodiaban la carretera llena de baches que une el estado de Chihuahua y La Mora, en Sonora, replicando a la inversa la ruta que realizaban las víctimas cuando se vieron sorprendidas por la emboscada. Los integrantes de la caravana aplaudieron a las fuerzas de seguridad y les dieron comida, botellas de agua y gorras de béisbol.

Langford dijo que él y otros viajan a menudo entre La Mora y Estados Unidos, trabajando al norte de la frontera para construir sus vidas y criar a sus familias en un lugar que describió de “paraíso” para que crezcan los niños. Detrás de la parcela donde él y su esposa criaron a sus 11 hijos, pescan y nadan.

“Siempre hemos conocido los peligros. Hemos visto a la gente hacer sus cosas. Siempre tuvimos la política de ‘No les molestamos’. Nunca soñamos que algo así pudiese suceder”, manifestó Langford. “Ahora, este lugar va a convertirse en un pueblo fantasma. Mucha gente va a marcharse”.

(Con información de AP, AFP y Reuters)

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