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Uruguay: el país del “casi bien”

  • Federica Narancio

Uruguay lidera rankings de calidad de vida y dentro de la región, compite por el primer puesto en varios índices socio-económicos.

Uruguay lidera rankings de calidad de vida y dentro de la región, compite por el primer puesto en varios índices socio-económicos.

Fiel a su espíritu crítico, los uruguayos reconocen que en su país se vive bien, aunque se podría estar mejor. Algunos consultados por VOA opinaron sobre lo que le falta y sobra al país, que está entre los 20 mejores del mundo para vivir, según un ranking.

Cuando a un uruguayo se le comenta que su país está entre los 20 mejores del mundo para vivir según un ranking internacional, suele responder con una sonrisa de costado: “Puede ser, pero depende desde dónde lo mires”.

José Brigua, de 59 años y encargado de un restorán en Punta del Este, dijo que Uruguay tendrá un excelente nivel de seguridad pero no es un país en el que se pueda “acumular la riqueza”.

Para Carole Sontag, una francesa de 54 años que está radicada en Uruguay hace 33 años, el país es muy “agradable” y seguramente es el que ofrece la mejor calidad de vida en Sudamérica, pero le faltaría una buena limpieza. “El uruguayo no es una persona prolija, y eso es culpa del pueblo y del Estado”, aseguró.

En tanto Eduardo, un comerciante de 52 años que prefirió no dar su apellido, fue más crítico: “En seguridad sí, como Uruguay no hay, pero nada más. Los sueldos son bajos, los coches son los más caros del mundo, el combustible es el más caro del mundo y la comida es más cara comparada a nuestros vecinos argentinos”.

Algunos extranjeros que aterrizaron en Uruguay e hicieron crónicas sobre el país notaron la predisposición que hay entre los habitantes de reconocer las bondades que ofrece, pero siempre con críticas de por medio.

Esto no es raro para cualquiera que está internalizado en la situación de su país, o para un extranjero que ya superó la etapa de la “luna de miel” y lo que le resultaba novedoso comienza a molestarle. Pero en el caso de los uruguayos, quejarse es parte de su naturaleza, aunque no suelan dar el paso de la queja a la acción.

“Los uruguayos son de las personas más pesimistas que encontrarás fuera de ‘zonas de conflicto’”, observó en julio de 2008 el periodista estadounidense Benjamin Gedan en su blog Small State.

Tiene inviernos moderados, sin tornados, terremotos o maremotos, indicadores socio-económicos envidiables, un carnaval que dura un mes entero, una excelente calidad de carne y balnearios como Punta del Este, fueron algunas de las observaciones de Gedan en ese entonces. “Pero si le preguntas a un uruguayo cómo está lo más seguro es que responda: ‘Estoy en la lucha’. Y eso te dirá si está de buen humor”, aseguró.

A la periodista venezolana Leila Macor, radicada en Montevideo, el carácter gruñón pero apacible de los uruguayos le sirvió para escribir un libro de crónicas y observaciones humorísticas titulado Lamentablemente estamos bien. El título se remite a la respuesta que siempre recibe de los uruguayos cuando les pregunta cómo están.

Es cierto que Uruguay lidera rankings de calidad de vida y dentro de la región, compite por el primer puesto en varios índices socio-económicos.

Junto a Chile, es el país menos corrupto de América Latina, según un estudio de la organización Transparencia Internacional. Goza de una democracia saludable y estable desde la salida de la dictadura en 1985 y las recientes elecciones del 29 de noviembre fueron un ejemplo de civismo en la región, según resaltaron medios internacionales que la cubrieron.

La expectativa de vida en el país es de 76.35 años y el 98 por ciento de la población por encima de los 15 años puede leer y escribir. En el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas de 2009, Uruguay obtuvo el puesto número 50 entre 182 países, uno de los más altos en la región por debajo de Argentina, Chile y Antigua y Barbuda.

Tiene, además, una de las menores tasas de criminalidad en la región, aunque en los últimos años aumentaron los hurtos con violencia y la percepción de inseguridad es mayor.

Tras la recesión sufrida entre 1998 y 2003, Uruguay levantó cabeza y el impacto de la reciente crisis internacional fue muy leve, tanto que el país logró no entrar en recesión. Para el 2010, proyecta un crecimiento económico del 4 por ciento.

Pero aún así – con buenos indicadores, sin guerras, violencia, inestabilidad política y desastres naturales – los uruguayos suelen recordar que durante la década de los cincuenta Uruguay fue “la Suiza de América”, un estatus que perdió tras la dictadura y las sucesivas crisis económicas.

También influye en el ánimo de los uruguayos el hecho de que al vivir en el segundo país más chico de América Latina, queda perdido entre sus vecinos regionales. Sin grandes sucesos que acaparen los titulares de la prensa internacional, para bien o para mal, impera una sensación de anonimato en el país que los habitantes aborrecen.

“En Uruguay se vive muy bien pero tenés que tener cierto nivel de vida”, resaltó Carole Sontag, “y la oportunidad de viajar un poco y ver un mundo más moderno, porque aquí estamos atrasados en algunos aspectos”.

Cuando un uruguayo viaja al exterior, además, debe oficiar de embajador y resaltar las cualidades de su país al extranjero que suele preguntar dónde queda ubicado en el mapa mundial.

Pese a las comparaciones y las quejas, Uruguay está en el camino de ser un importante polo turístico, si no lo es ya gracias a Punta del Este, que atrae año tras año cada vez más turistas extrarregionales.

“(…) Uruguay es uno de los lugares más subestimados que hay”, según un artículo publicado en diciembre en el blog de la publicación Travel and Leisure. “Pero las cosas pronto cambiarán”, anticipó la cronista Catesby Holmes, quien dijo que no faltará mucho antes de que otros descubran las bellezas naturales que ofrece.

Publicaciones como éstas pueden ayudar para levantar el ego de los uruguayos.

Sin embargo, cabe resaltar que pese a las críticas, son los primeros en decir que no cambiarían su rambla (que recorre toda la capital de Montevideo), su mate o sus chivitos por nada en el mundo.

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