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Al Qaeda y radicales acechan en Malí


Grupos armados islamistas y tuareg controlan la mitad norte de Malí, un país del tamaño de los estados de California y Texas.

Grupos armados islamistas y tuareg controlan la mitad norte de Malí, un país del tamaño de los estados de California y Texas.

La mitad de Malí se encuentra en manos de grupos armados radicales, amenazando la debil estabilidad de el Norte de África. Entre las peticiones de intervención, Clinton llega al vecino Senegal.

Posible intervención internacional


Las potencias vecinas a Malí, la CEDEAO, con Burkina Faso como cabeza negociadora, ya han expresado su capacidad de enviar hasta 3.000 hombres para ayudar al estado maliense a recuperar el control de sus tres provincias del norte. Pero la situación quizás se haya complicado demasiado, y muchos analistas coinciden en que, a estas alturas, poco se podría hacer sin ayuda exterior.

Los rumores sobre esa intervención han ido creciendo en las últimas semanas, con declaraciones de vecinos de la región como el líder de Costa de Marfil, que aseguró este marte 31 de julio que “una intervención en las próximas semanas es inevitable”.
Por su parte, tanto la líder de la diplomacia europea, Catherine Ashton, como España y Francia, han mostrado su apoyo a un intervención multilateral y en el seno de Naciones Unidas .

Un funcionario del Pentágono estadounidense, a su vez, declaró el pasado día 27 que “todas las opciones están abiertas” y aseguró que “no podemos permitir que Al-Qaeda se establezca en una zona sin gobierno y que tenga un santuario e impunidad”.

En este clima de creciente inestabilidad, Hillary Clinton comienzó este martes 1 de agosto una gira africana que le lleva seis países y se prolonga durante 10 días.
Una pareja joven es obligada a pasar al centro de una muchedumbre, y es introducida en dos agujeros en el suelo. Una vez dentro, viene la orden, y seguido la lluvia de piedras sobre ellos. La joven es la primera en perder el conocimiento, mientras su pareja alcanza a proferir algunos gritos antes de callarse para siempre.

​El relato es real y tuvo lugar el 29 de julio en la en la ciudad de Aguelnok, en el norte de Malí, cerca de la frontera con Argelia. Ambos murieron lapidados por haber cometido el único delito de vivir juntos sin estar casados. “La pareja tenía dos niños, el menor de 6 meses”, contó un testigo.
Mapa de Malí

Mapa de Malí


Es la primera vez que esto pasa en Malí, el séptimo país por tamaño de África, equivalente a la superficie de Texas y California juntos, y que un día, ahora ya muy lejano, fue la historia de éxito democrático del Oeste de África.

Desde hace cuatro meses la mitad norte del territorio del país, situada en el Sahel (al sur del desierto del Sáhara), se ha convertido en un paraíso de los radicales, controlados por grupos tuaregs e islamistas pertenecientes a Al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI). El país se ha convertido en el principal foco de inestabilidad de Africa Occidental, y en una amenaza para la débil estabilidad del Magreb (norte de África), encendiendo las alarmas en las cancillerías de los vecinos europeos, y también de Washington.

“No podemos permitir que Al-Qaeda se establezca en una zona sin gobierno y que tenga un santuario e impunidad”, dijo un funcionario del Pentágono el 27 de junio, dejando la puerta abierta a una intervención en el futuro.

La secretaria de estado Hillary Clinton, por su parte anunció el miércoles 1 de agosto desde el país vecino, Senegal, que EE.UU. no volverá a entregar ayuda a Malí hasta que no esté controlado por un gobierno civil, y advirtió sobre la inestabilidad del país.

Llega armamento desde Libia

Los tuareg, un pueblo de tradición nómada en el desierto del Sáhara, ahora organizados en el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), consiguieron expulsar al ejército de Malí de la zona norte gracias al armamento del régimen de Gadafi que quedó descontrolado al caer el dictador libio.

Ahora luchan por la independencia del norte del país, lo que ellos llaman Azawad, que incluye las provincias de Tombuctú, Kidal y Gao.
Clinton ofrece un discurso en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar en el que anunció que EE.UU. no entrgará ayuda humanitaria a Malí hasta que el país esté controlado por civiles.

Clinton ofrece un discurso en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar en el que anunció que EE.UU. no entrgará ayuda humanitaria a Malí hasta que el país esté controlado por civiles.


Los tuaregs llevaron armas y munición de vuelta a Malí al caer el dictador, gracias a la falta de control en las armerías y en las fronteras del desierto del Sáhara, que ellos conocen mejor que nadie.

Un gobierno arrinconado

Mientras, en Bamako, la capital del país, en el sur, el presidente democrático, Amadou Toumani Touré, perdía el poder en marzo tras un golpe de estado. Los militares se quedaron con el poder hasta abril, cuando Dioncounda Traoré, ex presidente del Congreso, formó un gobierno de transición, apoyado por las potencias de la región, agrupadas en la Comunidad de Estados de África Occidental (CEDEO).

Traoré, ha pasado buena parte de su mandato exiliado en París, después de que un grupo de golpistas irrumpieran en su palacio y le propinaran una paliza en mayo.

“Es el momento de la unión para reconquistar nuestra integridad... Malí será liberado de narcotraficantes y del terrorismo religioso y no volverá a ser una amenaza para sus vecinos”, dijo Traoré en un discurso a la nación el 29 de julio, recién llegado de vuelta al país.

Al-Qaeda entra en escena

Con este panorama, los grupos de la zona asociados con Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), como el Movimiento de Unidad por la Yihad en África Occidental (MUJAO) y Ansar Dim (Defensores del Islam), han conseguido hacerse un hueco en el norte del país.
Unos 300.000 malienses ha tenido que huir a campamentos de refugiaods como países vecinos como burkina Faso.

Unos 300.000 malienses ha tenido que huir a campamentos de refugiaods como países vecinos como burkina Faso.


Controlan buena parte de la zona, incluída Tombuctú, segunda ciudad del país, y un día capital cultural de África Occidental. Se distinguen por aplicar la ley islámica con un rigorismo incluso mayor que la de Al-Qaeda en otras zonas del planeta.

Por ahora, el conflicto ha dejado a más de 300.000 refugiados que han escapado para refugiarse en los países vecinos, huyendo de la guerra, y del hambre.

El temor es que la situación solo empeore, mientras Occidente y la ONU se ocupan de la otra gran crisis en Siria.

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