Los migrantes que han decidido regresar a Venezuela por las fronteras no sólo deben soportar días de hambre, sed y largas caminatas. Al llegar a su país enfrentan un nuevo escollo: las críticas condiciones de los refugios donde deben guardar cuarentena.

“Estuve prácticamente 15 días presa”, dijo Jenny Gutiérrez a la Voz de América al referirse al albergue a donde fue llevada. Ella es parte de los 86 mil venezolanos que, según cifras de Migración Colombia, han retornado a Venezuela en medio de la pandemia. Por el confinamiento en Bogotá, perdió su empleo. Pasó semanas a pie y otras veces, conductores le ofrecían llevarla unos kilómetros en sus camiones. Dormía en gasolineras. Comía lo que algunos transeúntes o entidades colombianas le regalaban.

Al llegar al puente que comunica ambas naciones, las autoridades venezolanas la trasladaron a uno de estos centros de confinamiento donde son alojados por dos semanas para descartar que estén contagiados de coronavirus.

"Varios días nos tocó dormir en el piso y luego trajeron colchones. Habilitaron comida y agua potable, porque a la escuela donde estábamos no llegaba el agua. Una travesía que no le deseo a nadie. Uno lo dice fácil, pero es difícil vivirlo", relata Gutiérrez.

En el refugio ubicado en la localidad de Ureña, limítrofe con Colombia, según Gutiérrez, algunos sujetos actuaban como delincuentes y aspiraban a controlar diversas áreas del recinto. "Hubo robos. Hubo una situación de unas muchachas que se estaban como prostituyéndose por dinero. Eso era una locura. Era como vivir en una cárcel”, cuenta.

"Ni medio vaso de agua caliente nos dieron. Dormíamos en un piso como unos perros. La alimentación era para locos. Apenas un agüita de sardina”, explicó José Alvarado, quien emprendió el camino de regreso de Villavicencio, Colombia a Guanare, en Venezuela.

El gobierno en disputa de Nicolás Maduro argumenta que estos ciudadanos son aislados por su propio bienestar y para evitar la propagación del coronavirus, pues de acuerdo con sus cifras, la mayoría de los casos más recientes de la enfermedad provienen justamente de los migrantes. No en vano, la Asamblea Nacional ha comparado los albergues con campos de concentración.

“Hay cantidades de esas personas que están en esos refugios que han tenido que huir. Se han escapado", advirtió la diputada opositora María Beatriz Fernández.

En el último mes, Venezuela restringió a sólo tres días por semana el paso de migrantes desde Colombia. Sin embargo, quienes no soportan esperar más tiempo a la deriva, entran por las denominadas trochas, caminos donde grupos irregulares y militares cobran por dejar ingresar al territorio venezolano burlando la ley y los protocolos sanitarios.