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Por ahora, el gobierno local de Roraima ha pedido al federal 50 millones de dólares para mitigar el impacto del flu… https://t.co/xp1NjGSAaj

Roraima es el estado con menor población de Brasil y es el que más cantidad de venezolanos acoge. Esto se debe exclusivamente a su posición geográfica, ya que limita al norte con el país latinoamericano.  La llegada de migrantes ha traído numerosos problemas al sistema de servicios públicos de Roraima, los hospitales están colapsados, han resurgido enfermedades que estaban erradicadas, no alcanza el presupuesto educativo.

Para Frederico Linhares, el jefe de la Casa Civil del gobierno de Roraima, la solución al problema por el que está pasando su estado es la redistribución de los migrantes a otras partes de Brasil, el país más grande de Suramérica tanto en territorio como en población.

En entrevista con La Voz de América, Linhares hace una radiografía del asunto y nos da su visión sobre lo que sería un futuro mejor para venezolanos y brasileños.

VOA: ¿Cómo ha afectado a Roraima la llegada los migrantes venezolanos?

Linhares: ​la llegada de nuestros hermanos venezolanos ha impactado, en especial, a la salud porque nuestros son limitados. Nuestra población ha aumentado en un 10% con la llegada de los migrantes y eso se ha vuelto un problema de financiamiento; no hay mucha ayuda del gobierno federal y de otros estados para recibir a estos inmigrantes de modo que podamos dividir esta responsabilidad.

VOA: Roraima es un estado fronterizo, ¿cómo se vivía antes la relación con Venezuela?

Linhares: acá estamos muy impactados con la gran cantidad de personas que ha llegado, no es un realidad nuestra porque nuestra relación con Venezuela siempre fue cercana y nunca imaginábamos que esto podría suceder con ellos. Es muy difícil para el brasileño que vive en Roraima ver a gente durmiendo en las calles, es muy triste para nosotros tener que convivir y ver personas en esta situación.

VOA: ¿A qué problemas de salud se ha enfrentado el estado?

Linhares: ​acá solo tenemos dos grandes hospitales: uno general y uno de maternidad y son insuficientes para la demanda. Las personas que están llegando de Venezuela vienen en un estado de salud frágil; hay una crisis alimentaria en el país, son personas que llegan acá desnutridas en muchas ocasiones y las mujeres embarazadas no han tenido acompañamiento médico [durante el embarazo]. También hay un problema de vacunas porque muchos de los inmigrantes no están con las vacunas al día, especialmente de enfermedades que Brasil ya había erradicado como el sarampión y de la que ahora existe una epidemia en el país. Otro gran problema es la falta de insumos, especialmente medicamentos e insumos hospitalarios.

VOA: ¿Y en temas educación, teniendo en cuenta que entre los migrantes hay muchas familias y que el país les garantiza acceso a colegios y escuelas?

Linhares: ​ya tenemos casi 2 mil niños venezolanos matriculados en nuestras escuelas estatales, además de los 70 mil brasileños que ya estaban en la red. Cada niño venezolano cuesta por año como 5.000 reales (1.200 dólares) al estado, ya que no solo el servicio educativo como tal es gratuito sino también el transporte, los uniformes, los útiles escolares.

VOA: ¿De dónde vienen los fondos para hacer con el influjo de migrantes? ¿Tienen suficientes?

Linhares: ​para financiarnos, necesitamos de aportes del gobierno federal. Roraima ha pedido diversas veces al gobierno federal que enviase recursos extras para poder atender a los migrantes de forma humana y tristemente no nos han enviado ninguna ayuda financiera. Los recursos que vienen para Roraima del gobierno federal no han aumentado con la crisis venezolana. El estado de Roraima ha interpuesto una acción judicial en el tribunal supremo federal para obligar al gobierno federal a compartir los costes financieros de la crisis migratoria venezolana, una cantidad en torno a los 200 millones de reales [50 millones de dólares].

VOA: ¿Siente que debería haber un control en la frontera?

Linhares: ​sí, necesitamos saber quiénes son los que están ingresando en el territorio nacional con la presentación de un mínimo de documentos para conocer los antecedentes penales; tiene que haber una vacunación para los migrantes. Sin embargo, creemos que la principal solución es repartir a los migrantes en el territorio nacional de Brasil; es lo que va a resolver esta situación a largo plazo. Necesitamos la solidaridad de los otros estados porque Roraima sola no consigue enfrentar este problema.

VOA: ¿Qué medidas está tomando el gobierno federal entonces?

Linhares: ​el gobierno federal está haciendo el proceso de interiorización, pero es muy lento. Hoy,en Boa Vista, hay doce refugios para migrantes y hay una proyección para construir diez más. ¿Por qué no abrir un refugio en cada estado brasileño? Así, ningún estado estaría colapsado por la migración y podríamos absorber más inmigrantes.

 



Militares custodian punto fronterizo en #Pacaraima, #Brasil. En esta zona se encuentra el Centro para Refugiados de… https://t.co/m5KB6IsLTB

Este es el centro de procesamiento que #Brasil estableció en #Pacaraima. Aquí se realiza el proceso de registro de… https://t.co/KsGjZsniWT

Si no fuera porque los nombres de los locales y los carteles están en portugués, Pacaraima podría parecer un pueblo de cualquier otro país de Latinoamérica, menos Brasil.

A las siete de la noche, la calle comercial Suapí está llena de vendedores ambulantes que anuncian, en español, sus productos: cigarrillos, Coca-Cola, comida enlatada. También hay madres que regañan a sus hijos, hombres que pelean por ganar la atención de una mujer y parlantes con salsa a todo volumen.

La calle Saupí, la via comercial más importante de Pacaraima, se llena de vendedores ambulantes y transeúntes al caer la noche

​​Hace unos años, antes de que los venezolanos trataran de ganarse un sustento en la vía comercial más importante del municipio, no era tan común escuchar otra cosa que no fuera el portugués a esas horas.

Antes, los vecinos fronterizos venían a Pacaraima nada más a abastecerse de productos básicos. Ahora, además de eso, también están los que se quieren quedar, explicó el alcalde de la ciudad, Juliano Toquato.

Escuche
Así suena la calle Suapí, la principal vía comercial de Pacaraima en la noche

El flujo de migrantes aumentó la población de la pequeña ciudad en un 20% entre el 2016 y el 2018, dijo Toquato, quien tomó posesión hace dos años. Como consecuencia, agregó el líder político, el crimen, la prostitución y la insalubridad han aumentado en la pequeña ciudad fronteriza.

Los roces entre los locales y los venezolanos tocaron fondo hace una semana, cuando una multitud de brasileños se enfrentaron violentamente contra los migrantes, llegando incluso a  quemar sus pertenencias.

La grieta que hizo que toda la ira y el recelo se desbordaran fue el robo con asalto a un comerciante de 55 años supuestamente por parte de venezolanos.

Jennifer Hernández, originaria de El Tigre, en Venezuela, estaba trabajando cerca de la estación de la policía federal cuando empezó a escuchar los gritos y la pólvora. Ella dijo que cuando escaló la violencia, los militares decidieron proteger a los venezolanos que, como ella, no estaban en el medio de la protesta.

“Los brasileños empezaron a gritarles [a los militares] que eran unos vende patria”, dijo Hernández, quien no sufrió personalmente ninguna lesión pero dice que ahora anda con más cuidado y trata de no volver tarde a su casa, un cuarto alquilado en el centro de la ciudad donde vive con su esposo y sus dos hijas.

​​A Endry Pérez, quien trabaja como vendedor ambulante al igual que Hernández, el día de los disturbios un local supuestamente casi lo arrolla con su coche. Él había ido al pueblo a asegurarse que su esposa no había salido a la calle a buscarlo.

“Yo fui rápido y me moví antes de que me pisara [el carro], pero una señora brasileña le dijo al conductor que ojalá me hubiera matado”, dijo Pérez.

Una semana después, los venezolanos que se quedaron dicen vivir con temor a que algo similar vuelva a suceder. Al ser una municipio con tan pocos habitantes, se cruzan en su día a día con las personas que hace una semanas les decían a gritos que se fueran.

“En el supermercado al que voy a comprar cosas todos los días trabaja un muchacho que estaba entre los que quemaron las cosas”, dijo Hernández, “cuando me ve, agacha la cabeza”.

Su pareja, Juan Renjifo, dice que no culpa a todos los locales por los que pasó y que así como hay gente buena, también hay personas malas. Al igual que su esposa, él también trabaja en la calle vendiendo Coca-Cola y dice que entiende que su actividad le moleste a algunos brasileños, porque compra mercancía del lado venezolano de la frontera, donde es más barata y la vende a un menor precio que en los establecimientos locales. “Estoy compitiendo con ellos que pagan por un alquiler, por empleados”.

El alcalde dice que el incidente es un caso aislado, ya que históricamente los venezolanos han sido muy bien atendidos en la ciudad. Sin embargo, afirma, hay muchos que vienen a robar y a cometer crímenes, ya que probablemente se dedicaban a la ilegalidad desde que vivían en el país bolivariano.

“No queremos cerrar la frontera para no perjudicar a los venezolanos honestos que vienen aquí, que son la mayoría”, afirma Toquato. El alcalde dice que una de las soluciones al problema sería que el gobierno federal tomara más responsabilidad por la movilización de los venezolanos hacia otras zonas del país, para que se pueda distribuir la carga.

​​

El problema, al final, es que Pacaraima no tiene suficientes recursos para atenderlos a todos.

Un joven de 22 años que trabaja en la carretera principal cambiando monedas, pero que pidió permanecer en el anonimato porque la actividad que realiza es ilegal, está de acuerdo el alcalde. “Acá hay muy poca cosa en qué trabajar, acá el venezolano no consigue trabajo y si lo hace es por pura suerte”, dijo.

Sin embargo, afirma que la economía local depende de ellos, de los venezolanos, tanto de los migrantes como de los que viven en Santa Helena y pasan diariamente la frontera para abastecerse de productos que en Venezuela no se consiguen.

“Acá los comerciantes viven de los venezolanos”, afirmó.

En Pacaraima no hay una casa de cambio de moneda, lo que hace que la actividad de él y otros tantos cambistas irregulares sea indispensable en el pueblo fronterizo. La ciudad más cercana, Boa Vista, queda a unas tres horas de viaje, atravesando una carretera inhóspita donde solo hay tres puntos de parada, incluyendo restaurantes y bombas de gasolina, en trescientos kilómetros.

Un pasaje de autobús hasta la capital de Roraima cuesta unos 20 reales, lo que vale un salario mínimo en Venezuela, y la situación allí no es muy distinta, ya que también se trata de un municipio pequeño, con pocas oportunidades laborales.



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Así viven 634 personas de la comunidad indígena #waraos y de otros pueblos en el albergue Pintolândia, en #BoaVista… https://t.co/2L6B1WrwnD

Ella es Natalie Silva, una venezolana de 34 años. Viajó a #Pacaraima, #Brasil, con 4 de sus 6 hijos. Pidió refugio… https://t.co/Vo1uS66ejp

Él es Juan Rengifo, un venezolano que vive en #Pacaraima de la venta de Coca-Cola. Está con su esposa y una hija. S… https://t.co/HdkV05GYba

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Erminia Pérez, de 37 años, solo tiene quejas sobre dos cosas: el desempleo y el calor.

Ella es una de los 720 migrantes venezolanos que vive en el refugio Rondón 1, uno de los más ‘modernos’ que ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, gestiona en la ciudad de Boa Vista, en Brasil.

El refugio tiene unas 120 casitas o ‘unidades’, cada una con una capacidad para seis personas y busca dar un sentido de comunidad y normalidad a los venezolanos que llegan a Boa Vista, según explicó a la Voz de América Luiz Fernando Goudinho, el portavoz de ACNUR en Brasil.

Sin embargo, debido a la temperatura y la incidencia de los rayos del sol (no hay muchos árboles en Rondón), la mayoría de los venezolanos no pueden permanecer dentro de sus unidades durante el día.

“Lo único malo [de Rondón 1] es el calor”, dice Pérez mientras tiende su ropa recién lavada dentro de su unidad. Los últimos días ha estado lloviendo y la mujer originaria de Anaco decidió secarla dentro de la estructura que por ahora le sirve a su familia de hogar.

De acuerdo con Goundinho y con cifras de ACNUR, más de 58,000 venezolanos viven actualmente en Brasil. De ellos, un 80% residen en Boa Vista, una ciudad cuya población, antes del flujo masivo de migración, no llegaba a los trescientos mil habitantes.

Además de por el calor, los habitantes de Rondón 1 también salen de sus casas durante el día con la esperanza de conseguir un trabajo o reunir dinero que la gente les regale en la calle para poder sostener a sus familias.

Debido a la excesiva cantidad de migrantes a Boa Vista, la presión sobre el mercado laboral es alta y a muchos venezolanos les decepciona y desmotiva el hecho de no poder conseguir trabajo.

Una de las razones que Alberto Castillo, de 31 años y también residente de Rondón, atribuye a la falta de oportunidades laborales es la discriminación por parte de los locales hacia los venezolanos, quienes en la ciudad se asocian con el hurto, el atraco y la prostitución.

“Por unos pagamos todos”, dijo Pérez al hablar de la dificultad que su marido se ha encontrado para conseguir un lugar donde trabajar.

A ella personalmente le ha sucedido de ir a pedir trabajo a un establecimiento y que la dejen “parada en la puerta” haciéndole señas para que se vaya.

Pérez vino a Boa Vista con su esposo, su suegra y sus tres hijas, de 17, 11 y 7 años. Antes de mudarse a Rondon, la familia estuvo durmiendo en Jardín Floresta, un barrio de la ciudad.

​​Sus pertenencias, colgadas y amontonadas a lo largo de la casa pequeña, son principalmente ropa, mucha de ella regalada, productos de limpieza y comida que compró con su propio dinero.

ACNUR, junto con los gobiernos locales, trabaja en programas de interiorización, es decir, de trasladar a los venezolanos a otras ciudades del país, debido a la saturación que Boa Vista sufre actualmente. Esta reubicación es voluntaria.

Por ahora, Pérez no quiere mudarse. Dice que tiene miedo de enfrentarse a un ambiente nuevo. “Me asusta lanzarme a lo desconocido”, dijo Pérez.



En el refugio Rondón 1, en #BoaVista, #Brasil, viven 720 venezolanos. La mayoría llegó con su familia y las cosas q… https://t.co/DCxqChkEry

Erminia Pérez vive en un refugio en #Brasil con su esposo, suegra y 3 hijas. La mayoría de la ropa que tiene se la… https://t.co/cEND8dryrs

Este es el refugio Rondón 1, en #BoaVista, #Brasil, donde viven 720 venezolanos. Es el “más moderno” de los que ha… https://t.co/VGZXN02yhz

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[AHORA] En Brasil desde el 2017, 33.866 peticiones de asilo han sido recibidas de las cuales 53% son de venezolanos… https://t.co/mMwxns4r5A

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Ella es María Centeno, madre de siete y con “tantos nietos como arroz”. Hace un mes salió de su hogar en Tucupita,… https://t.co/BdqOa7nn5B

Ayer llegamos a Boa Vista, al noreste de Brasil, cerca a la frontera con Venezuela. Uno de los albergues de la ciud… https://t.co/KRdXZQuWC0

La cabuya es la fibra natural que se saca de las hojas del fique. Es utilizada por pueblos indígenas en Colombia y Venezuela para tejer hamacas, sombreros y platos. Entre las cosas que Baudillo Centeno y su familia trajeron de Tucupita cuando emigraron a Brasil, está un rollo grande de fique.

“Sabía que lo íbamos a necesitar”, dijo María Centeno, su mamá, cuya edad es desconocida incluso para sus hijos.

Desde que llegaron a Boa Vista, una ciudad al noreste del Brasil, los Centeno tienen como fuente de ingreso la venta de artesanías de cabuya, la reventa de cobre y lo que consigan pidiendo dinero en la calle.

Ellos pertenecen al pueblo warao, una comunidad indígena que habita en la zona del Delta del Orinoco y en países limítrofes como Trinidad y Tobago y Guyana.

Junto con ellos, 634 personas, también waraos e indígenas de otros pueblos, viven en el albergue Pintolândia , dado por el gobierno de Brasil y administrado, ente otras, por agencias no gubernamentales como ACNUR o ADRA.

El albergue es en realidad un gran polideportivo adaptado para la situación, donde los indígenas cuelgan las hamacas que las ONGs les han dado para dormir. Fuera de esa estructura, hay varias carpas donde también habitan y descansan los migrantes venezolanos, al igual que un descampado donde, al atardecer, los niños juegan al fútbol.

Dentro de un gran polideportivo, los 643 waraos que viven en el albergue de Pintolândia, en Boa Vista, duermen en hamacas proporcionadas por distintas ONG.

​​Los warao son uno de los pueblos indígenas que se han visto forzados a salir de su territorio debido a la crisis por la que está atravesando Venezuela. De acuerdo con ACNUR, la escasez alimentaria, la inflación desenfrenada y la violencia son algunos de los factores que empujan al segundo grupo de nativos más grande del país a cruzar las fronteras buscando ayuda humanitaria.

Jesús Gutiérrez, cacique de una tribu warao, dice que la situación por la que atraviesa el país afecta de manera particularmente cruda a su pueblo.

“La mayoría de los warao no tenemos sueldo, somos agricultores y artesanos, pero no hay quien compre [nuestros productos] en Venezuela”, dijo el venezolano.

No obstante, se quejan los Centeno mientras hilan cabuya, acá tampoco hay muchas personas que compren sus productos y muchas veces les toca mendigar en las calles de Boa Vista.

​​Mientras estaba pidiendo dinero, a Erica Gutíerrez, nieta de Centeno, le han ofrecido sexo a cambio de dinero.

“Ellos [los hombres] llegan y te muestran los reales”, dijo la joven de 19 años. “Una vez, un tipo me dijo, tú que eres tan bonita, ¿qué haces pidiendo [dinero]?”.

Las tribus waraos están compuestas por varias familias. La de Gutiérrez, en particular, tiene 600 miembros, de los cuales 75 están en Boa Vista. Una de las particularidades de la inmigración de los grupos indígenas, dijo Helena Souders, coordinadora de la ONG ADRA Internacional, es que suelen viajar en unidades familiares.

En Pintolândia y en otros cinco albergues en Boa Vista, ADRA provee a los migrantes con kits de higiene y kits domésticos y de cocina. En este asentamiento en particular, explica Souders, tratan de amoldarse a las necesidades de los indígenas; por ejemplo, les dan hamacas en lugar de colchones o les entregan los alimentos sin cocinar, para que ellos los preparen en fogatas de carbón.

Sin embargo, tanto Gutiérrez como los miembros de la familia Centeno dicen que en Venezuela ellos dormían en colchones.

“Lo de dormir en hamacas se hacía antes…son muy pocos los que todavía lo hacen”, dijo Erica Rodrígez, nieta de Centeno, quien dejó la carrera de ingeniera agroindustrial cuando emigró hacia Brasil.

Aunque agradecido por la ayuda que está recibiendo, Baudillo Centeno, hijo de María, dice que en el albergue se siente encerrado.

Tiene un bebé de un mes, que nació en Boa Vista, y siente que el pequeño “no vive libre”. En Venezuela, dice Centeno, “vivíamos más abiertos y cerca del río; escuchábamos los animales, cómo cantaban, acá solo se escucha la bulla de nuestros bebés".

Gutiérrez concuerda en lo mismo, el cacique dice que a veces surgen problemas en la convivencia, “no estamos acostumbrados a dormir así, todos juntos”. Agrega que lo que más le molesta es tener que estar pendiente de sus utensilios, como cucharas y platos, para que no se los roben y de que los demás limpien alrededor de donde él y su familia duermen.

Sin embargo, afirma, en cierta medida está mejor acá que en Venezuela, donde luchaba por conseguir cómo darle de comer a su familia.

Centeno dice que él reza por los demás venezolanos que, como él, quieran venir a Boa Vista: “Aquí ya no hay espacio para más personas”.



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El venezolano Ángel Moreno tiene 37 años; hace 4 meses está en la frontera y ahora vive en Boa Vista, con su espo… https://t.co/O0vnRySKI2

En el lado ecuatoriano del puente internacional Rumichaca, en la frontera con Colombia, la Cruz Roja les da a los migrantes dos cosas: agua potable y comunicación.

Ansiosos por hacer saber a sus familias que llegaron bien o simplemente por escuchar una voz amiga después de días de viaje, los migrantes venezolanos se agrupan bajo la carpa del organismo internacional.

Su símbolo, asociado con salud y primeros auxilios, representa en Rumichaca un enlace con las personas que se dejaron atrás, en un país que se hunde cada vez más en la crisis económica y política y que expulsa a sus ciudadanos a un ritmo vertiginoso.

Varias extensiones de electricidad dond los migrantes pueden cargar sus celulares en el puesto de la Cruz Roja en Rumichaca

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Varios enchufes de electricidad, acceso a una red wi-fi y llamadas internacionales son las herramientas que la Cruz Roja pone en servicio de los migrantes.

Luis Oviedo no había hablado con su novia desde que salió del estado de San Felipe de Yaracuy para hacer su viaje a pie hacia Perú.

Junto con varios amigos, el joven de 23 años recorrió los más de 2000 kilómetros que separan su ciudad, al noreste de Venezuela, con Rumichaca. Se subió a camiones, atravesó trochas, durmió en parques sin saber nada de su pareja, con la que tiene un hijo, ni que ellos supieran nada de él.

“Escuché su voz y me dio mucha más fuerza de seguir adelante”, dijo Oviedo, quien llamó a su novia con uno de los celulares de la Cruz Roja el viernes. Sin embargo, con la voz quebrada y la mirada gacha, el joven migrante dijo que prefiere “no pensar mucho” en que ella y su hijo están lejos.

Una de las labores que hace Henry Cadena, voluntario de la Cruz Roja en el lado ecuatoriano de la frontera, es atender a los venezolanos después de que hayan hablado con sus seres queridos. Él estudió psicología y dijo que su objetivo es “que entiendan que es natural llorar y es necesario poder expresar sus emociones.”

Para Cadena, lo que hace de verdad enriquecedor su trabajo es provocar una sonrisa, que le den un abrazo o escuchar un “coño, gracias”, cuando un migrante cuelga después de hablar con su familia.

Para Nazareth Márquez, de 22 años, lo más importante era que su novio supiera que ella estaba bien. Aunque admite que, al pasar la frontera con Colombia, se puso a llorar porque le embargó una sensación de soledad, dice que no quería que Nelson, quien está esperándola en Lima, la escuchara llorar.

“Sería una preocupación más para él”, dijo la caraqueña, quien ha viajado sola por más de un mes.

Sin embargo, al igual que Oviedo, Márquez dice que fue una alegría poder conversar con su novio “a pesar de estar lejos”.

Tanto ella como Oviedo y al menos otros veinte migrantes más, se encuentran ahora en un limbo debido a la manera en la que el gobierno de Ecuador acató un fallo judicial que buscaba eliminar el requisito de pasaporte.

De ahora en adelante, aunque no será obligatorio enseñar el documento para poder cruzar la frontera ecuatoriana, se podrá hacerlo con cédula siempre y cuando se tenga un documento apostillado que certifique la validez de la cédula.

Ni Oviedo ni Márquez tienen pasaporte o un documento apostillado, viajan solo con la cédula. Este es el caso para la mayoría de los migrantes que sólo tienen este documento.

Andrea Obando, secretaria ejecutiva del Consejo de Protección de Derechos Humanos de Tulcán, dijo que obtener una apostilla en Venezuela era “casi más difícil que conseguir un pasaporte”.



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Una jueza admitió la medida cautelar solicitada por la Defensoría del Pueblo de Ecuador para evitar que se aplique la exigencia del pasaporte a población venezolana que busca entrar al país vecino.

La Defensora del Pueblo ecuatoriano basó su petición alegando que era inconstitucional solicitar el pasaporte a los venezolanos pues su Constitución establece la “ciudadanía universal”.

Con esta medida, los venezolanos podrán ingresar a esa nación con cédula de identidad.

Explican que exigir el pasaporte para el ingreso al territorio ecuatoriano, agravaría la situación de niños, niñas y adolescentes venezolanos quienes ya enfrentaban problemas debido a las dificultades para acceder a su documentación.

Después de conocerse la decisión de la jueza Judith Naranjo, la Secretaria Nacional ecuatoriana emitió un comunicado en el que afirma que acata la sentencia, pero se solicitará un certificado de validez de la cédula de identidad emitido por alguna organización internacional, regional o venezolana autorizada y reconocida por Ecuador.

En el texto igualmente señalan su preocupación "por la falta de voluntad política del gobierno de Venezuela para buscar soluciones democráticas al problema generado por una administración irresponsable e inhumana".

La solicitud de portar el pasaporte entró en vigencia el pasado 18 de agosto, después que el ministro del Interior ecuatoriano, Mauro Toscanini, al salir de una reunión con el presidente Lenín Moreno, anunciara las nuevas medidas migratorias para el ingreso al país andino.

La decisión llega un día después de que Ecuador abriera un canal humanitario para los venezolanos desde el Puente Internacional de Rumichaca, en la provincia de Tulcán, hasta su frontera con Perú para que pudieran llegar a su país de destino.



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Del lado colombiano del Puente Internacional de Rumichaca, la policía local estaría esperando autorización para la… https://t.co/WS7EKYmgPN

Del lado colombiano del Puente Internacional de Rumichaca, venezolanos esperan en fila de Migración Colombia ante l… https://t.co/3RqdheKIBY

La policía colombiana ha dicho que hoy no se está expidiendo la tarjeta de migración andina, el documento que les p… https://t.co/PKJZblP4lP

Otro día de espera para los migrantes venezolanos en la frontera entre Ecuador y Colombia. Los militares han vuelto… https://t.co/eUDPpG7G6R

Ecuador abre canal humanitario para venezolanos que van a otros destinos

 

El gobierno de Ecuador decidió este jueves emitir la Tarjeta de Migración de la Comunidad Andina a los venezolanos con cédula o pasaporte para que puedan continuar su paso por el país andino.

La policía de migración en la frontera con Colombia confirmó a la Voz de América que emitieron el documento a los venezolanos con identificación de 7:00 p.m a 8:00 p.m, hora local.

Esto ocasionó que los venezolanos, al enterarse de la decisión, corrieran por el Puente Internacional de Rumichaca para regresar a Ecuador y así obtener la Tarjeta.

Esta decisión formaría parte del esfuerzo para crear un corredor humanitario entre el Puente Internacional de Rumichaca, en la provincia de Tulcán, en la frontera con Colombia, hacia Huaquillas, en la frontera con Perú, para trasladar en autobuses a partir de esta medianoche a los emigrantes venezolanos con destino a Perú o Chile, según informó el Ministerio de Interior ecuatoriano.

La decisión tomada este jueves por el gobierno ecuatoriano busca ayudar a estos migrantes a llegar a Perú antes del sábado 25 de agosto, cuando comenzará a entrar en vigencia la nueva regulación peruana que exige pasaporte a los venezolanos para cruzar su territorio.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) es parte de esta iniciativa. 



Las autoridades migratorias colombianas no estaban emitiendo la carta andina hoy a lo largo del día. Sin embargo, c… https://t.co/NLIf1k5uoa

El 25 a la media noche comenzará a ejercerse en #Perú el requisito de pasaporte para la entrada a los venezolanos. #VenezuelaTrasLaFrontera

El gobierno, en conjunto con organizaciones no gubernamentales, proveerá buses que llevarán a los migrantes desde R… https://t.co/kgRXcPncy1

Autoridades del gobierno ecuatoriano y de la ONU afirmaron que va a abrirse un corredor humanitario, que permitiría… https://t.co/uR2NXiXbsX

A primeras horas de la tarde, los militares se retiraron del puente internacional #Rumichaca, permitiendo la entrad… https://t.co/S6DL6RpPzK

En la frontera ecuatoriana el venezolano Humberto Urdaneta, cuyo pasaporte vence antes de 6 meses, nos muestra con… https://t.co/Xv79ktWyaf

FOTOS #Ecuador agrega centros de control migratorio en 3 puntos fronterizos para procesar día y noche a inmigrantes… https://t.co/JN8kn0nAit

Crisis tras militarización de frontera en #Ecuador deja a cientos de venezolanos en el limbo en el cruce fronterizo… https://t.co/rIA05JlDet

Desde el puente internacional de Rumichaca, en la frontera entre #Ecuador y #Colombia, donde policías ecuatorianos… https://t.co/HZ1TxPN97A

[En Vivo] Ing. Javier Lucero Jefe político de #Tulcán #Ecuador habla con @VOANoticias acerca de la emergencia de mo… https://t.co/KNv7LjY9iI

Como consecuencia, el lado colombiano de la frontera está abarrotado. Los migrantes que no cumplen con los requisit… https://t.co/ueelPRp2RG

Ellos están revisando los documentos de los venezolanos que quieren cruzar desde Colombia hacia Ecuador. Según hemo… https://t.co/g4tlT8nJmD

En cada uno de los tres pasos peatonales que tiene el puente internacional #Rumichaca hay dos policías ecuatorianos… https://t.co/ZRlMWY5m98

[EN VIVO] desde la frontera Colombia-Ecuador seguimos los pasos de los venezolanos que intentan cruzar la frontera.… https://t.co/LflqBOUQgr

Después de probar suerte en Perú, venezolanos regresan a su país. #VenezuelaTrasLaFrontera. https://t.co/lLGQcO5IK8 https://t.co/J2Cq9ZC19L

#VenezuelaTrasLaFrontera. Humberto Urdaneta va de regreso a #Colombia porque en #Ecuador le niegan el paso en su vi… https://t.co/i7cT0UdjTA