Amanda, como muchos otros niños en Venezuela celebran su cumpleaños en cuarentena.
Amanda, como muchos otros niños en Venezuela, celebra su cumpleaños en cuarentena.

CARACAS - Desde el año pasado mi hija Amanda estuvo hablando sobre cómo quería celebrar su cuarto cumpleaños junto a sus amiguitas del colegio, pero el COVID-19 cambió los planes y redujo la celebración a un pastel en casa. 

La verdad es que en cualquier lugar del mundo, incluso para mi, un pastel puede parecer una simplicidad, pero al vivir en Venezuela me doy cuenta de que somos agraciados, porque para miles de personas que viven a kilómetros de mi, se trata de un lujo inalcanzable, que quizás años atrás también consideraron una tontería. 

La mayoría en zonas populares no tiene posibilidad de comprarle a sus hijos ni unas golosinas por su cumpleaños y, lo sé porque me ha tocado colaborar para que puedan tener algo que darles.

Amanda pasó su cumpleaños recibiendo, a través de mi teléfono, notas de voz con felicitaciones de familiares y también de sus amigas del colegio a través del grupo de WhatsApp que conformamos las madres de su clase.

“Cuando se acabe el “colavirus” (porque no lo pronuncia bien), te voy a invitar a jugar a mi casa, a mi fiesta de cumpleaños y vamos a ir al parque, te quiero mucho, besitos” respondió en varias ocasiones a los mensajes.

Mientras tanto, yo la miraba con una mezcla de zozobra, ansiedad e impotencia, al preguntarme si este confinamiento, hasta ahora indefinido, podría impactarla negativamente.

Amanda celebró sus cuatro años sin poder tener a su lado a sus amigos, pero su familia se encargó que no le faltara su pastel.

En Caracas no tenemos ningún familiar, ni uno solo, todos están fuera y eso vuelve las celebraciones aún más complejas. 

A pesar de la coyuntura, busqué alternativas para que su cumpleaños no pasara por debajo de la mesa y el coronavirus no triunfara en esta ocasión, tal y como ya lo ha hecho al trastornar nuestra rutina y volvernos la vida más complicada.

Llenamos la casa de globos, compramos dulces, un pastel y unas pequeñas piñatas rellenas de caramelo hechas por una emprendedora que, como muchos otros, cambió su modelo de negocio y lo adaptó para seguir ofreciendo en redes sociales sus productos en medio de la cuarentena.  

Las piñatas no faltaron en el cumpleaños de Amanda, que pese a la cuarentena celebró su cuarto aniversario.

A pesar de que las reuniones están prohibidas, invitamos a una familia amiga, pues todos hemos cumplido estrictamente con las medidas para prevenir el coronavirus. Sin embargo, el plan cambió porque no tenían suficiente gasolina para movilizarse y prefirieron reservarla “para casos de emergencia”. 

Independientemente de que no estuvieron todos quienes hubiésemos querido, Amanda disfrutó los detalles que organizamos para hacer su día especial. 

Jugó, bailó, abrió el regalo que, habíamos comprado hace tiempo porque en Venezuela siempre hay que tomar previsiones, y aprovechó de comer todos los dulces que normalmente no le permitimos; cumplimos la meta, estaba feliz y eso me recordó cuan nobles son los niños y cuanto tenemos que aprender de ellos.

Seguramente será uno de los cumpleaños que más recordaremos en el futuro; por primera vez en nuestra vida cantamos cumpleaños en medio de una pandemia, una situación que sólo me había planteado en una película.

“Restricciones”

A finales de marzo, 18 personas fueron detenidas por los cuerpos de seguridad del Estado por realizar una fiesta en un apartamento ubicado en una urbanización del este de Caracas. Dos de ellos dieron positivo en las pruebas de COVID-19.

De acuerdo al Ministerio Público, el propietario de la vivienda fue acusado, entre otros cargos, de violar “el decreto presidencial”. 

El Estado de Alarma decretado por el gobierno en disputa el 13 de marzo establece la suspensión de cualquier tipo de evento de “aforo público o que suponga la aglomeración de personas”.

Aunque recientemente el presidente del gobierno en disputa, Nicolás Maduro ordenó “disciplinar la cuarentena”, la necesidad de celebrar ocasiones especiales y la crisis que atraviesa el país, ha llevado a muchos a buscar la manera de entretenerse junto a sus seres queridos,  tratando de ser lo más discretos posible.

“Pizza y familia”

Cristina Suárez también tenía planteado organizar una pequeña fiesta de cumpleaños para su hijo de cinco años, pero como al resto, la coyuntura planteada por la COVID-19 en Venezuela cambió sus planes.

Los venezolanos se las arreglan para celebrar los cumpleaños de sus hijos en medio dd la pandemia y de la crisis que atraviesa el país.

“Está consciente de que es su cumpleaños y pide alguna celebración, así que optamos por reunirnos con la familia, sus abuelos y primos aquí en la casa, nadie ajeno a familia. Todos en la familia hemos cumplido muy bien con la cuarentena” detalla Cristina desde Barquisimeto, a unos 400 kilómetros al oeste de Caracas.

Relata que la reunión se dio entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde porque en esa ciudad, donde además se registran cortes eléctricos diariamente, hay limitaciones para movilizarse después de esa hora. 

“Le hicimos una torta y pizzas porque fue lo que él pidió comer ese día. Decoramos la casa, pusimos globos. Además, aquí en mi ciudad hay personas que están ofreciendo el servicio de alquiler de colchones inflables, lo alquilamos y lo disfrutó mucho” comenta. 

Cristina Suárez en Barquisimeto, a unos 400 kilómetros al oeste de Caracas, celebró los cinco años de su hijo, pese a la cuarentena.

Cristina sostiene que el confinamiento ha sido una situación difícil para sus dos hijos por lo que consideró importante “planificarle un día especial y diferente a pesar de esta situación”. 

“Alcohol, si puedes costearlo”

Marieta ha roto las medidas de cuarentena durante los últimos dos fines de  semana. Es la única de su grupo de amigos cuyo auto aún tiene gasolina, por tanto, puede darse el lujo de recorrer 24 kilómetros, ida y vuelta, desde su residencia hasta el edificio donde se planificó la reunión. 

Son sólo tres personas en el lugar, no para protegerse del contagio de coronavirus, sino por la escasez de agua. En la vivienda de la reunión, no ha habido suministro de agua en 22 días. 

"Mientras menos gente, menos que limpiar y menos agua que gastar", advierte.

A pesar de que la venta de alcohol ha sido restringida durante el confinamiento, por Internet y redes sociales, las licorerías ofrecen libremente su mercancía a la venta en línea con servicio de entrega a domicilio o con la opción de recoger el pedido en un sitio muy cercano al negocio, para evitar sanciones del gobierno, pues el alcohol no está en la lista de sectores “prioritarios”. 

Marieta escoge la segunda alternativa para ahorrarse los 5 dólares que le cobran por delivery. En el punto de entrega otros tres vehículos están estacionados aguardando lo mismo que ella: cajas de vinos, vodka, ron… Lo que se antoje. 

"Si nos van a dejar secuestrados en Venezuela, gastaré mi dinero en diversión y fiesta", dice Marieta, que a diferencia de la gran mayoría de la población está en capacidad de darse ese gusto.

"Yo creo que el gobierno aprovecha la coyuntura para hacer como fue en un tiempo en Cuba. Nadie viaja al exterior a menos que tenga una justificación. Si no puedo salir del país, al menos, tengo para matar el aburrimiento" afirma.