Un voluntario sostiene un cartel de "Raíces Venezolanas"
Un voluntario sostiene un cartel de "Raíces Venezolanas" en el punto de entrega de comida para los más necesitados de Miami.

El alto comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, dio a conocer en su último informe que más de 5 millones de venezolanos han abandonado su país debido a la grave situación económica, política y humanitaria.

La situación podría haber empeorado aún más con la irrupción de la pandemia del coronavirus en Venezuela, aunque aún no hay datos estadísticos oficiales que reflejen esa situación. Sin embargo, los venezolanos en busca de asilo político no han disminuido en Estados Unidos.

“Muchos seguían llegando al país norteamericano en busca de una vida mejor para ellos y sus familias”, explicó a la Voz de América Patricia Andrade, presidenta de la Fundación Venezuela Awareness, con sede en Miami (Florida).

Estos migrantes, explica, no contaban con un inesperado invitado: el brote del coronavirus.

“En las últimas semanas, a pesar del cierre de fronteras, han seguido llegando cientos de migrantes en busca de asilo en Estados Unidos y están en situación de precariedad”, manifestó la activista venezolana.

Patricia Andrade, es presidenta de la Fundación Venezuela Awareness, con sede en Miami (Florida).

Dice que son los “grandes olvidados” de esta pandemia porque son personas que no pueden trabajar legalmente, no tienen un seguro social y tampoco son elegibles para optar a los beneficios del gobierno.

Es por esa razón que Andrade decidió impulsar el programa “Raíces Venezolanas”, con el que pretende ayudar a sus compatriotas “que no tienen dinero para adquirir cosas básicas”.

Ahora está organizando varias entregas de comida en Miami con el objetivo de “aliviar” la situación que viven en Estados Unidos.

“Estas familias venezolanas se encuentran en un estado de vulnerabilidad producto de la pandemia: son familias que emigraron recientemente y no les ha dado tiempo de que les llegue su permiso de trabajo”, dijo Andrade.

“Este grupo vulnerable fue el primero en ser despedido de sus trabajos, y se encuentran en un estado muy preocupante”, agregó.

José es un caraqueño que lleva poco más de cuatro meses en la Florida. Trabajaba en un camión y ha perdido su trabajo. Dice estar “agradecido” con estos grupos de ayuda porque “resuelve mucho” su situación en el país que lo ha acogido, aunque confía que “todo va a salir bien” en un futuro cercano.

Es la misma situación que vive Iván Sanz, que lleva casi un año en esta región estadounidense.

Confiesa que está viviendo “momentos complicados” junto a su esposa y sus dos hijas. “No me puedo quejar: de tres trabajos, me quedé solo con uno y es el que medio me ayuda a subsistir”, explica.

“Tenemos muchos casos de familias que no pueden pagar el alquiler, no pueden comer porque no están produciendo dinero”, dijo Andrade.

“Hay que guiarlos para decirles cómo pueden hacer frente al pago de la renta, algunos fueron contagiados por el coronavirus y no saben cómo pagar la cuenta del hospital cuando ingresan”, añadió, advirtiendo que esta situación de “vulnerabilidad” de la comunidad venezolana se puede agravar cuando pase la crisis y se abran de nuevo las fronteras.

Rafael Colina, que lleva poco más de un año en el sur de la Florida y que se ha quedado sin trabajo, espera en la cola para que le entreguen comida.

Rafael Colina, otro inmigrante venezolano que hacía cola para recoger su cesta, pedía a las autoridades “que no se olviden” de esta comunidad. “Nosotros venimos aquí porque en nuestro país no se puede vivir, les pido que se haga lo que se pueda y que nos ayudemos entre todos”, reclama el joven.

Helena Poleo, una venezolana que lleva más de 20 años en Estados Unidos apoyando a los inmigrantes recién llegados y que también ha colaborado con el proyecto “Raíces Venezolanas”, sostiene que la situación puede empeorar en los próximos meses en Venezuela.

“Es una situación muy difícil que el coronavirus va a empeorar muchísimo más” porque, dice, en el país, “los hospitales no tienen insumos, no hay alcohol, no hay agua, no hay electricidad”.

“Luego de que se vuelvan a abrir las fronteras y que empiece otra vez la inmigración, podemos esperar otra ola de inmigrantes no solamente de Venezuela, sino de otros países afectados de Sudamérica”, subrayó.

Mientras tanto, los centros de entrega de comida seguirán abasteciendo a la población más necesitada. Algunos dicen que es “un milagro”, otros “solidaridad que nace del corazón”.

Sin embargo, todos coinciden al afirmar que, gracias a estas iniciativas, la “necesidad” se hace más llevadera en un país, para muchos, desconocido.