Gabriela Febres y Ali Arellano, tienen un restaurante en Washington con comida tradicional de Venezuela. Para seguir operando durante la pandemia decidieron vender comida precocida, algo que no habían hecho hasta entonces: “No teníamos esta parte que vendíamos la carne lista o el pollo listo. Los clientes nos empezaron a llamar y a decir “mira, ¿Nos puedes vender una libra de carne para hacerlo en casa?” Fue cuando decidimos reinventarnos poniéndolo en un empaque bien bonito y llevándolo directo al cliente ”. Además de extremar las medidas de higiene, tuvieron que adaptar el local a la normativa impuesta por la ciudad estadounidense: “Hay que marcar en el piso, nosotros lo hicimos con cinta azul, 6 pies de distancia para que los clients sepan dónde se pueden parar si van a entrar al local” explica Gabriela.

David Díaz, director de Gabinete de la Cámara de Comercio Hispana de Washington, explicó a la VOA que los negocios de la ciudad han visto caer sus ventas entre el 75% y el 80% desde el inicio de la pandemia. Como consecuencia, muchos negocios han tenido que reducir la plantilla de trabajadores. “Creo que es algo bastante fuerte en una temporada en la que nadie está generando ingresos, lamentablemente. Sabemos que muchas de estas personas son latinas y eran las únicas que mantenían su hogar” comenta Díaz.

Las expectativas de reactivación de la economía del Fondo Monetario Internacional son bastante pesimistas, sobre todo para negocios como los restaurantes, ya que medidas de distanciamiento social les afectan directamente. Para amortiguar el efecto de la crisis económica producida por la pandemia, Díaz recomienda apoyar a los pequeños negocios.

A pesar de las dificultades que están atravesando, tanto Gabriela como Ali se muestran agradecidos por su fiel clientela. Además, destacan el vínculo que la crisis ha creado entre los comerciantes: “Antes quizás uno veía al de al lado como “Ay, es mi competencia..” Ahora hay más sentido de hermandad” explica la venezolana.

Aún no se sabe con certeza cuando se llevará a cabo la transición a una nueva normalidad en la capital estadounidense. Los expertos estiman que podría suceder en agosto, pero con severas restricciones para contener nuevos contagios.