CARACAS - Tras una hilera de cilindros acomodados uno tras otro, decenas de venezolanos esperan ansiosos la llegada del camión que traerá el gas para poder cocinar. No importa si se trata de una zona pobre, rica o de clase media. En todo el país el servicio falla, y en casa de Yelitza Guerra, maestra de una comunidad rural de Caracas, ya se han habituado.

"Tenemos un año cortando palos para hacer la comida. Estamos volviendo a los tiempos de los abuelitos", cuenta Guerra a la Voz de América, mientras su esposo enciende el fogón donde prepararán los granos para el almuerzo del día siguiente.

Un humo negro va invadiendo poco a poco la casa donde también viven sus hijos y sus nietos. Para ellos y sus vecinos, es común cortar troncos y traer su propia leña. La cocina ya casi no se usa, porque el gas que suministra el Estado, llega una vez por mes a esa zona de la capital venezolana, cuando años atrás, acostumbraban a enviarlo semanalmente.

“Lo que emana la candela nos hace daño. A veces tenemos tos. Nunca habíamos cocinado con esto", explica.

Esta improvisada técnica se ha vuelto común en la Venezuela de hoy por la escasez de gas propano, en un país que, paradójicamente, se sitúa entre los 10 con mayores reservas de gas del mundo, según datos de la Opep y Bristish Petroleum. Un 89 % de la población venezolana, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, utiliza el propano como combustible para prender la estufa.

El exceso de humo en los hogares ya está generando consecuencias en la salud de los venezolanos, en opinión del neumólogo Andrés Orsoni, quien ha atendido a pacientes con problemas respiratorios por esta práctica. "Es el mismo efecto que produce el fumar cigarrillo: una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que a la larga se convierte en enfisema pulmonar o bronquitis crónica. Si tienes antecedentes asmáticos, el humo de la leña te exacerba estas enfermedades respiratorias", detalla Orsoni.

El presidente en disputa, Nicolás Maduro afirma que las fallas en la distribución del gas son producto de sabotaje, pero la maniobra para paliar la escasez de gas ha provocado una tala indiscriminada de árboles que amenaza, al menos, siete parques nacionales de Venezuela, de acuerdo con el ecologista y fundador de la ONG Tierra Viva, Alejandro Luy.

“Se están perdiendo zonas urbanizadas, la gente está deforestando en sus urbanizaciones, tumbando o envenenando árboles para que se caigan para tener leña", dijo Luy a la Voz de América, quien alerta el riesgo que esto representa.

"Si quitas árboles, estás desnudando el suelo y lo haces más propenso a que, en momentos de lluvia, estas lluvias sean más torrenciales y ocurran desplazamientos, porque el suelo está desnudo", expresó.

La escasez de gas doméstico fue el principal motivo de protestas en Venezuela durante octubre, según el Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos, que contabilizó 14 manifestaciones diarias exigiendo este servicio. Un problema que, de acuerdo con trabajadores de la industria en Venezuela, continuará, pues señalan que el país tiene un consumo diario de 52.000 barriles de gas y sólo se están produciendo 8.000 barriles.