LOS ANGELES - La supermodelo venezolana Patricia Velásquez ha recorrido las pasarelas más importantes del mundo, ha desfilado para diseñadores como Chanel, Gucci, Chloe, John Galliano y Dolce & Gabbana. Y su rostro ha adornado las portadas de numerosas revistas internacionales, llevándola a explorar la actuación.

A lo largo de su trayectoria artística, ha tenido una diversidad de roles en cine - incluyendo uno de sus papeles más reconocibles en la película La Momia y su secuela - y televisión. Pero para ella, uno de los más significativos no es precisamente en frente de las cámaras, sino la labor humanitaria que realiza mediante su Fundación Wayúu Taya, establecida en 2002.

Hablamos con la actriz sobre su carrera, su herencia indígena y su labor filantrópica.

VV: ¿Qué te motivó a crear la fundación?

Mi mamá viene de una comunidad indígena que se llama Wayúu. Los Wayúu son la comunidad indígena más grande que hay en Sudamérica. Es un matriarcado. Y mi mamá viene de dos hermanos. Entonces, su hermano mayor, que fue quien más o menos la atendió más a ella, antes de fallecer, dijo a mi mamá y a mi prima, no se olviden de los Wayúu. Y en ese momento...nos pusimos a averiguar... y según la Unicef, se estaba muriendo un niño diario en La Guajira por desnutrición. Y yo dije bueno, ¿por qué no comenzamos a hacer algo en honor a mi mamá y en honor a mi tío? Por todo lo que él hizo por ella. Y ahí fue cuando se sembró la semilla de comenzar este trabajo para los pueblos indígenas, de los cuales yo vengo.

VV: ¿Cuáles son algunos de los proyectos que ha hecho tu fundación y cuál es el más significativo para ti?

En este momento, nosotros tenemos programas tecnológicos, programas educativos, programas deportivos, pero si te digo, lo más importante que tiene el trabajo de la fundación es el trabajo de ayuda humanitaria.

Creo que el proyecto de comida es el más importante, no solamente porque estamos proveyendo niños y familias con comida que normalmente no tendrían acceso a la misma, sino también porque estamos evitando la huida más masiva de ciudadanos que están buscando otras oportunidades en otras partes de Sudamérica. Y mientras el resto de el país, excepto Caracas, las escuelas están con muy poca asistencia - hay como un 5 por ciento de asistencia en las escuelas pre COVID - nuestras escuelas están a reventar y todos los días nos llegan más y más niños y eso hace que la diáspora no siga subiendo.

Hoy por hoy tenemos fijos 3.500 niños en diferentes escuelas, pero la fundación atiende más de 29 escuelas, 16 comunidades y ocho instituciones a quienes a través de los programas estamos atendiéndolos con comida y atención médica y muchas otras cosas más".

VV: ¿Cómo han tus orígenes indígenas guiado tu vida y tu manera de pensar?

Yo soy Wayúu 100% porque como es un matriarcado, en la parte indígena se transmite a través de la madre. Y siempre me he sentido muy indígena, no solamente Wayúu, sino indígena en general.

Yo creo que como nosotros viajamos tanto cuando éramos pequeños por mi papá, que estaba en la Unesco, entonces siempre fui lo que llaman un “outsider”.

Cuando vivía en Francia, éramos venezolanos, y yo estaba muy chiquita y aprendi francés. Y cuando nos fuimos a México, entonces yo hablaba francés y aprendiendo el español. Cuando nos fuimos a Venezuela, yo hablaba español con acento mexicano. Entonces siempre éramos “outsiders” y todavía sigo siendo una “outsider”.

Lo que ha sido lindo a través de todos los años es de poder abrazar esa sensación de ser un “outsider”, porque te hace alguien que tiene conocimiento y que está abierto a otras culturas y no está definido por una sola cosa. Eso te da mucha más compasión. También te da una apertura en tu mente de ver las cosas de manera diferente, pero dentro de esas cosas, uno siempre quiere sentirse que perteneces a algún lugar. Y esa sabiduría, conocimiento, amor y calor indígena que me ha transmitido mi mamá, eso es lo que me ha hecho a mí sentir ese lugar, donde yo me siento que pertenezco a algo. Y ese algo es mi herencia indígena.

VV: Háblanos sobre el nuevo programa que iniciaste para ayudar a los Wayuú durante la pandemia.

Hicimos una asociación con una compañía en Los Ángeles que se llama Control Industry y empezamos a producir máscaras. Entonces si tú compras una máscara para tí, tú regalas una al comprarla a un niño indígena.

Ya se han comprado como 600, 700 máscaras que ya se han ido enviando, pero faltan muchas más. Y nosotros estamos alimentando a 12.000 personas. Te puedes imaginar cuántas máscaras nos faltan.

VV: ¿Cuáles son las cosas de las cuales tú estás agradecida?

Estoy agradecida por tener salud. Estoy agradecida porque los que están, quienes están a mi alrededor tienen salud, y también estoy muy agradecida por ustedes, por toda la ayuda que estamos recibiendo para la Fundación, y que espero, eso sí, que podamos llevar muchas más. Porque es increíble... no sabes un dólar la posibilidad que le da a un niño de salvar su vida. Y a veces pensamos ... es que no tengo dinero o está la cosa muy difícil. No hace falta mucho dinero, con muy poquito se puede salvar una vida. Entonces a eso trato de cultivar la gratitud.