Un funcionario de la ONU dijo a la AP que el hackeo, detectado inicialmente a mediados del año pasado, parecía “complejo”.
Un funcionario de la ONU dijo a la AP que el hackeo, detectado inicialmente a mediados del año pasado, parecía “complejo”.

Hackers sofisticados se infiltraron en oficinas de la ONU en Ginebra y Viena el año pasado al parecer en una operación de espionaje y hasta el momento se desconoce qué tantos datos lograron extraer, de acuerdo con un informe confidencial filtrado a The New Humanitarian y al que tuvo acceso The Associated Press.

El informe dice que decenas de servidores se vieron comprometidos, incluyendo uno de la oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, frecuente receptora de críticas de gobiernos autócratas por denunciar sus abusos.

Un funcionario de la ONU dijo a la AP que el hackeo, detectado inicialmente a mediados del año pasado, parecía “complejo” y la magnitud de los daños estaba poco clara, sobre todo en cuanto a la información personal, secreta o comprometedora que pudiera haber sido robada. El funcionario, que habló sobre el episodio bajo la condición de anonimato, dijo que desde entonces se han reforzado los sistemas.

Era tal el nivel de habilidad que el autor podría estar respaldado por algún Estado, dijo el funcionario.

En cuanto a la gravedad de la incursión, existen versiones contrastantes.

“Nos hackearon”, dijo el vocero de la oficina de derechos humanos, Rupert Colville. “Diariamente tratan de penetrar en nuestros sistemas informáticos. Esta vez lo lograron, pero no llegaron demasiado lejos. No consiguieron material confidencial”.

La penetración en la oficina de derechos humanos aparentemente quedó limitada al llamado directorio activo _listas de personal con direcciones de correo electrónico_, pero sin acceso a contraseñas.

El vocero de la ONU Stephane Dujarric dijo en un correo que el ataque “comprometió a componentes medulares de la infraestructura” de las oficinas en Ginebra y Viena y se “determinó que era grave”.

Escribió que los servidores atacados en Ginebra eran parte de un “ambiente en desarrollo y contenían datos no confidenciales de dos servidores utilizados para el desarrollo de aplicaciones en la red”.