Por muchos años, Venezuela se ha caracterizado por su gastronomía particular, llena de sabores donde el picante y el dulce se destacan entre una gama de colores y texturas, capaces de conquistar cualquier paladar.

Enrique Limardo sabía desde pequeño que su pasión era la cocina. No sólo porque, como todo niño, le gustaba la comida de su abuela; sino porque, como él mismo cuenta, la ayudaba a cocinar.

“Viví con ella cuando era un niño y ella era la típica cabeza de familia que cocinaba todos los domingos, haciendo las tortas y todo eso, y yo siempre andaba por ahí de pequeñito que si comiéndome las paletas ... yo creo que ese fue mi inicio dentro de la cocina”, relata Enrique.

El tiempo fue pasando y la diversión de pequeño se convirtió en su pasión, su forma de expresarse con el mundo y comunicarle a todos su esencia. Estudió arquitectura y diseño industrial, pero llegó el momento en que las sartenes y cucharones le quitaron espacio a las escuadras y pliegos de papel para bocetos, hasta que decidió irse por el camino de su sueño.

“Empecé, obviamente como pinche de cocina, ayudante de cocina, en algunas cocinas de Caracas, pero llegó el punto en el que la cocina fue tomando más cuerpo”, hasta que lo conquistó por completo y le dio las herramientas para conquistar los paladares de todos los que acuden a su restaurante "Seven Reasons" en la ciudad de Washington DC para deleitarse de los sabores de la cocina venezolana marinados en todo su conocimiento de alta cocina gourmet.

Ahora que su restaurante ha llegado a la cima al ser catalogado como el primero en la lista de los 10 mejores para comer en la capital estadounidense, según el Washington Post, Enrique siente que su compromiso no sólo es con sus comensales, sino con la comunidad venezolana que, como él, sueña en grande.