Familiares lloran desconsolados luego que un militante del grupo terrorista Estado Islámico irrumpiera armado con un fusil y granadas de mano y diera muerte a 25 personas en un templo sij en Kabul.
Familiares lloran desconsolados luego que un militante del grupo terrorista Estado Islámico irrumpiera armado con un fusil y granadas de mano y diera muerte a 25 personas en un templo sij en Kabul.

KABUL - Ya se ha firmado un acuerdo de paz con los talibán. Pero los reductos de lo que fue el EI aún pueden derramar sangre y generar más luto en Afganistán. La intervención de tropas especiales afganas no logró evitar la muerte de 25 personas en Kabul.

Un miliciano del grupo extremista Estado Islámico mató el miércoles a 25 personas e hirió a ocho en un templo sij en Kabul, según el ministerio del Interior de Afganistán.

El agresor retuvo a muchos de los fieles sij durante varias horas mientras las fuerzas especiales afganas, asistidas por tropas internacionales, intentaban despejar el edificio. Al menos uno de los muertos era un niño.

El grupo terrorista Estado Islámico se atribuyó el ataque unas horas después de que comenzara.

Al terminar el asedio, las fuerzas especiales afganas rescataron al menos a 80 fieles que habían quedado atrapados en el templo, mientras el agresor lanzaba granadas y disparaba un rifle automático contra la multitud, indicó el ministerio.

El parlamentario afgano Narindra Singh Khalsa había dicho antes que había acudido al lugar para ayudar tras recibir una llamada de una persona que estaba en el lugar. En el momento del ataque había unas 150 personas en el templo, señaló.

El SITE Intelligence Group, que monitorea grupos e interacciones de milicianos, dijo que el Estado Islámico se atribuyó el ataque a través de su filial de prensa, Aamaq.

Desde su cama en un hospital de Kabul, el testigo Mohan Singh relató que se refugió bajo una mesa al escuchar disparos. Después oyó explosiones, que creía eran granadas de mano. El hombre resultó herido cuando parte del techo cayó sobre él.

El Ministerio del Interior difundió imágenes en las que se veía a fuerzas especiales afganas sacando del lugar a una docena de niños, muchos descalzos y llorando.

El portavoz talibán Zabihullah Mujahed tuiteó el miércoles que los talibán no estaban implicados en el suceso.

A principios de mes, una filial del Estado Islámico atentó contra una reunión de musulmanes chiítas, que también son minoría en el país, en Kabul y mató a 32 personas.

Los sij sufren una discriminación generalizada en el conservador país musulmán y también han sido el blanco de extremistas islámicos. Durante el gobierno talibán, a finales de la década de 1990, se les pidió que se identificasen vistiendo brazaletes amarillos, aunque la regla no se aplicó. En los últimos años, una gran cantidad de sij e hindúes han pedido asilo en India, que tiene una mayoría hindú y una gran población sij.

Washington firmó un acuerdo con el Talibán el 29 de febrero y comenzó a retirar sus tropas para apegarse al pacto, pero se ha enfrentado a problemas debido que el liderazgo político de Afganistán lucha por el poder.

La Misión de Asistencia en Afganistán de Naciones Unidas (UNAMA) pidió el miércoles una “reducción de violencia que lleve a un cese al fuego” por todos los combatientes en Afganistán para preparar mejor la inminente crisis de salud que representa el COVID-19”.