El delegado estadounidense Zalmay Khalilzad y Mulah Abdul Ghani Baradar, líder de la delegación talibana, se estrechan las manos tras firmar un acuerdo en Catar el 20 de febrero.
El delegado estadounidense Zalmay Khalilzad y Mulah Abdul Ghani Baradar, líder de la delegación talibana, se estrechan las manos tras firmar un acuerdo en Catar el 20 de febrero.

ISLAMABAD - El 20 de febrero se firmó la retirada de las tropas estadounidenses. Diez días despues se debían haber liberado centenares de prisioneros. Pero eso no ha ocurrido. Tampoco se han iniciado las pláticas directas. Pero la lucha sigue, mientras la COVID-19 avanza entre la población.

Estados Unidos ha exigido nuevamente a los rivales afganos, la insurgencia Talibán y al gobierno, a poner a un lado sus disputas y cesar la violencia armada para enfocarse en combatir la pandemia del coronavirus.

El enviado estadounidense, Zalmay Khalilzad, hizo el llamado el domingo mediante una serie de tuits para desear a los afganos un feliz mes de ayuno por el Ramadán.

“El bienestar del pueblo afgano y del país depende de que todas las partes dediquen todas sus energías a la lucha contra la pandemia de la COVID-19, el enemigo compartido de todos”, enfatizó Khalilzad. 

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Al menos 50 personas han fallecido, de unas 1.500 que han contraído el virus en Afganistán y el número de infecciones continúa avanzando en un país donde décadas de guerra han dejado en ruinas un sistema de salud pública subdesarrollado.

Khalilzad dijo que Ramadán, que empezó el viernes, le ofreció al presidente afgano, Ashraf Ghani y a su rival político, Abdullah Abdullah “la oportunidad de poner el interés del país por encima del suyo”.

Ambos líderes rivales aseguran haber ganado las elecciones presidenciales del 28 de septiembre y realizaron ceremonias de toma de posesión paralelas el mes pasado. La crisis política paralizó la gobernabilidad, justo cuando una propuesta de paz estadounidense había generado esperanzas de alcanzar una solución negociada a años de hostilidades en Afganistán.

 “Igualmente, Ramadán ofrece una oportunidad para adherirse a un cese al fuego humanitario para reducir la violencia y suspender operaciones militares ofensivas hasta que culmine la crisis sanitaria”, afirmó Khalilzad.

Pero los insurgentes musulmanes rechazaron en un comunicado el domingo los llamados domésticos e internacionales para reducir la violencia y declarar un cese al fuego durante Ramadán.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, recordó en su mensaje del 23 de abril de 2020 que no se debe olvidar que “la amenaza es el virus, no las personas”.
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El portavoz del Talibán, Zabihullah Mujahid, insistió que la implementación del acuerdo de retirada de tropas estadounidenses con Washington del 29 de febrero, es “el camino único” para poner fin a la guerra de 19 años y restablecer la paz en Afganistán.

Mujahid señaló que el acuerdo firmado en febrero requiere que ambos bandos liberaran prisioneros dentro de un plazo de 10 días tras la firma, para establecer las bases para que las facciones en guerra negocien un acuerdo político al conflicto.

“Negociaciones intra-Afganistán habrían establecido las fundaciones para la paz, seguridad y cese de las hostilidades, y quizás habríamos logrado progresos significativos hasta ahora”, dijo Mujahid. El diálogo estaba supuesto a iniciarse el 10 de mayo.

El vocero Talibán, sin embargo, acusó al gobierno, respaldado por Estados Unidos, que no fue parte del acuerdo, de crear obstáculos a la implementación del acuerdo desde el inicio y de usar tácticas dilatorias en el tema de canje de prisioneros.

Luego procedió a acusar a las tropas de Estados Unidos y de la OTAN de violar el acuerdo, diciendo que la alianza continúa suministrando armas y municiones, que alimentan el conflicto, al gobierno afgano.

“Exigir un cese al fuego y una reducción de la violencia al momento en que el bando rival no está realizando sus propias obligaciones, es tanto ilógico como oportunista”, dijo Mujahid.

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Las fuerzas armadas estadounidenses niegan las acusaciones de los insurgentes de violar el acuerdo y mantiene que el acuerdo le obliga a apoyar a las fuerzas militares afganas si éstas son atacadas.

El portavoz militar estadounidense, coronel Sonny Leggett, tuiteó el domingo que está “comprometido con nuestro apoyo a las Fuerzas de Defensa Nacional y continuamos trabajando juntos a pesar del COVID-19”.

El acuerdo entre Estados Unidos y el Talibán establece la liberación de unos 5.000 prisioneros talibanes y unos 1.000 funcionarios de gobierno afganos mantenidos rehenes por los insurgentes para el 10 de marzo pasado, cuando los dos rivales estaban supuestos a iniciar sus pláticas de paz directas.

En su declaración del domingo, Khalilzad también insistió en acelerar la liberación de prisioneros.  “La guerra contra el coronavirus lo vuelve urgente y ayudará también el proceso de paz, incluyendo el inicio de negociaciones intra-Afganistán”, explicó.

 Mientras los talibanes insisten que ellos están cumpliendo su parte del acuerdo, los insurgentes han realizado en los últimos días grandes ataques contra fuerzas de seguridad afganas, matando a más de 100 de ellos durante la última semana.

Funcionarios afganos han también acusado a los talibanes de matar o herir a unos 800 civiles durante este período, acusaciones que los talibanes rechazan.