El presidente Donald Trump sostiene un dispositivo para realizar la prueba del nuevo coronavirus en 5 minutos de Abbott Laboratories durante su conferencia de prensa diaria en la Casa Blanca sobre COVID-19 el 30 de marzo de 2020.
El presidente Donald Trump sostiene un dispositivo para realizar la prueba del nuevo coronavirus en 5 minutos de Abbott Laboratories durante su conferencia de prensa diaria en la Casa Blanca sobre COVID-19 el 30 de marzo de 2020.

Muchos presidentes han afrontado pandemia desde la gripe porcina hasta el SIDA. Algunos han sobre reaccionado. Otros han intentado minimizar los riesgos.

Casi todos los presidentes estadounidenses han afrontado crisis durante su período, haya sido un escándalo político, un desastre natural, un acto terrorismo o una calamidad financiera. Pero no todos han tenido la desgracia de tener que lidiar con epidemias y pandemias. Aquí vemos a algunos de ellos y cómo los historiadores evaluaron su rendimiento.

Woodrow Wilson – La gripe española

El presidente Woodrow Wilson se enfrentó a la pandemia de Influenza de 1918-1919 que mató entre 20 y 50 millones de personas alrededor del mundo, mientras Estados Unidos luchaba en la I Guerra Mundial.

“Aunque el presidente Trump ha hablado de estar en una guerra contra esta pandemia, en el caso de Wilson y la gripe española, Estados Unidos realmente estaba en guerra”, dijo Thomas Schwartz, profesor de Historia de la Universidad de Vanterbilt.

Woodrow Wilson fue presidente de EE.UU. durante la pandemia de gripe española.

La guerra fue la razón por la caul Wilson minimizó la importancia de la crisis, desde el momento en que se desató el brote hasta que eventualmente mató a 675.000 estadounidenses.

“Woodrow Wilson nunca hizo una declaración pública de ningún tipo sobre la pandemia”, explicó John Barry, profesor en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Tulane y autor de “La Gran Influenza: La historia de la peor Pandemia de la Historia”.

“Fue una señal de la intensa atención de Wilson en la guerra, solo eso le importaba”, dijo Barry.

Al igual que Inglaterra, Francia y Alemania, Estados Unidos mantuvo en secreto el brote porque no deseaba mostrar debilidad ante el enemigo. En el pico del brote, Wilson envió soldados hacinados en buques que eran “calderos de virus”, dijo Max Skidmore, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Missouri-Kansas City.

Eventualmente, una cuarta parte de todos los estadounidenses se infectaron, incluyendo a varios que laboraban en la Casa Blanca. Muchos historiadores sospechan que el mismo Wilson cayó enfermo. Barry dice que durante las negociaciones previas del Tratado de Versailles, en 1919, Wilson tenia “Fiebre de 103, 104 grados, tos violenta y otros síntomas que eran únicos del virus de 1918”.

Al ordenar los estados y ciudades lo que hoy conocemos como “distanciamiento social”, cierre de negocios, escuelas y prohibición de actos masivo, la administración Wilson siguió minimizando la pandemia. España, un país neutral en la guerra, fue el único país que reportó objetivamente el saldo de víctimas fatales, y por eso el nombre de “La gripe española”, aunque la pandemia no se originó en ese país.

Dwight Eisenhower – La gripe asiática      
 
El virus H2N2 se reportó originalmente en Singapur en febrero de 1957 y llegó a Estados Unidos en el verano de ese mismo año.

El presidente Dwight D. Eisenhower era consciente de la amenazante pandemia, dijo Skidmore, pero inicialmente se rehusó a lanzar una campaña gubernamental de vacunación. “El tenía fe en que el libre mercado de vacunas se encargaría de la crisis”, dijo Skidmore. “Y como resultado, la tasa de mortalidad posiblemente resultó ser el doble de lo que habría sido”.

El presidente de EE.UU., Dwight D. Eisenhower, durante su discurso de despedida a la nación tres días antes de finalizar su periodo en Washington, el 17 de enero de 1961.

En agosto de 1957, Eisenhower pidió al Congreso financiamiento por 500.000 dólares y autorización para desviar otros dos millones, de ser necesario, para combatir la pandemia. Estableció una meta de 60 millones de dosis de vacunas, suficiente para vacunar a una tercera parte de la población que en esos momentos era de 171 millones de habitantes. A inicios de noviembre se habían administrado 40 millones de dosis, y la pandemia empezó a perder velocidad.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedes (CDC) estimaron que el H2N2 dejó un saldo global de 1,1 millones de muertos alrededor del mundo y de 116.000 en Estados Unidos.

Gerald Ford – La gripe porcina
 
Los líderes son frecuentemente acusados de minimizer las crisis, pero Gerald Ford fue acusado de reaccionar más allá de lo necesrio.

Poco después que un soldado estadounidense muriera de una nueva variedad de gripe en febrero de 1976, el secretario de Educación, Salud y Bienestar de Estados Unidos anunció que el virus se podía convertir en una pandemia en el otoño de ese año.

Científicos en los CDC pensaron que podría ser más mortal que la fiebre del 1918. Para evitar una pandemia, los CDC dijeron que el 80 por ciento de la población estadounidense necesitaría ser vacunada, llevando a Ford a firmar legislación de emergencia para aprobar el Programa de Vacunación contra la Gripe Porcina a mediados de abril. En unos pocos meses, cerca de 50 millones de estadounidenses habían sido vacunados.

El presidente Gerald Ford recibe la vacuna contra la gripe porcina en la Casa Blanca.

Ford reaccionó rápidamente, pero complicaciones con la vacuna terminaron al final ocasionando más problemas, dijo Schwartz, de la Universidad de Vanderbilt. Cientos de personas contrajeron el Síndrome de Guillian-Barre, un raro desorden neurológico, después de recibir la vacuna.

“Irónicamente”, dijo Skidmore, “fue la sofisticación de los sistemas de monitoreo del gobierno la que detectó esos casos y los vinculó a la vacuna”.

Mientra Ford demostró la eficiencia gubernamental en la obtención de recursos, su masiva campana de vacunación, encima de otros errores políticos, contribuyeron al esfuerzo de Ronald Reagan por arrebatarle la nominación en 1976. Ford perdió ante el demócrata Jimmy Carter a finales de ese año.

“El consenso general es que estaba reaccionando más allá de lo necesario”, dijo Skidmore, quien elogió la actitud de “major prevenir que lamenter” del president Ford. “Parecía estar convencido, y creo correctamente en retrospectiva, que era major tener una vacuna y no pandemia, que una pandemia sin vacunas”

Cuando empezaron las vacunas en octubre, no se había registrado un brote masivo, y la Gripe Porcina se convirtió en la pandemia “que nunca fue”. La experiencia cotribuyó a la renuencia de algunos estadounidenses en contra de las vacunas, incluso hasta el día de hoy.

Ronald Reagan – La crisis del SIDA

La administración Reagan ha sido criticada por no tomar en serio el SIDA y por permitir la estigmatización de los hombres homosexuales en Estados Unidos. Grabaciones de conferencias de prensa a inicios de los 1980, revelan al secretario de Prensa de Reagan bromeando con los periodistas sobre la epidemia y usando la expresión “la plaga gay”.

En el 24 de mayo de 1985 el presidente Ronald Reagan trabajando en su escritorio en la Casa Blanca.

El estilo de Reagan ciertamente no fue considerado “un modelo para futuros presidentes”, dijo Schwartz. En parte porque al inicio de la pandemia, la mayoría de las víctimas eran homosexuales o adictos a las drogas, grupos que no eran parte de la coalición política de Reagan.

A pesar de que hombres homosexuals estadounidenses mostraban síntomas de lo que se conocería como SIDA en 1978, Reagan no usó públicamente la palabra SIDA sino hasta el 17 de septiembre de 1985, cuando ya estaba en su segundo período de gobierno. “Reagan simplemente falló en reconocer la severidad de la epidemia del SIDA”, dio Skidmore.

Reagan tambien creía que el gobierno era el problema, y no la solución. Su tendencia era entonces a limitar su involucramiento, incluso en momentos de crisis, explicó Skidmore.

En abril de 1987, Reagan declare el SIDA “ENEMIGO PÚBLIOC Número Uno”. Destinó 766 milones para investigación y educación, aumento eso a 1.000 millones en el año fiscal 1988. Pero recomendaba abstinencia en lugar de métodos de protección.

“Seamos honestos con nosotros mismos”, dijo Reagan, “la información sobre el SIDA no puede ser lo que algunos llaman “neutral en valores”. Después de todo, cuando se trata de prevenir el SIDA, ¿no enseñan la misma lección la moralidad y la medicina?”.

Al final de la presidencia de Reagan, 89.343 persoans habían muerto por causas relacionadas al SIDA.

 George W. Bush – SIDA Y SARS
 
El president Geroge W. Bush ha recibido aplausos de republicanos y demócratas por el compromiso que asumió para combatir el SIDA mundialmente, pero particularmente en África.

Su éxito contrast con el legado mixto de su padre, George H.W. Bush. Durante su período presidencial, el veteran Bush firmó dos importantes leyes, la Ley para Personas con Discapacidades, que protegía a los enfermos deSIDA de la discriminación,y la Ley Integral de Emergencia Ryan White, que ofrecía tratamiento para el SIDA. Pero algunos ven una falta de urgencia por parte de la administración y crtican a Bush por negarse a cambiar una política que le negaba la entrada a Estados Unidos a las personas con SIDA.

El presidente George W. Bush habla en una conferencia de prensa junto al presidente de Tanzania Jakaya Mrisho Kikwete en Dar es Salaam, durante una visita a África el 17 de febrero de 2008.

En el 2003, la administración del presidente George W. Bush creó el Plan de Emergencia para el Alivio del SIDA, una iniciativa para atender la epidemia mundial.

“Esa iniciativa fue posiblemente una de las mejores políticas de su presidencia”, dio Barry. “Básicamente recibió un aplauso universal”.

Desde su inicio, el plan de Bush proporcionó 80.000 millones de dólares para tratamiento el SIDA, prevención e investigación, convirtiéndolo en el más grande programa global de salud enfocado en una enfermedad. Se le da crédito con haber salvado a millones de personas, especialmente en el África sub-sahariana.

En abril del 2003, luego de un brote en Asia, Bush firmó una orden ejecutiva agregando el Síndrome Severo Agudo Respiratorio (SARS, por sus siglas en inglés) a una lista de enfermedades contagiosas que podrían resultar en el aislamiento forzado de personas. Eventualmente, unas 8.000 persona contrajeron el virus a nivel mundial, y unas 774 murieron durante el brote del 2003. En Estados Unidos, solo ocho casos de SARS fueron documentados con resultados clínicos.

En el 2005, la administración Bush crearon la Estrategia Nacional para la Pandemia de Influenza, que obliga al gobierno a mantener y distribuir un inventario de suministros médicos en el evento de un brote, y una infraestructura para que futuros presidentes puedan aprender y apoyarse al lidiar con sus propias pandemias.

 Barack Obama – H1N1, Zika y Ebola
 
A inicios de la presidencia de Barack Obama, surgieron reportes sobre el H1N1, o gripe porcina, la cual fue inicialmente detectada en Estados Unidos y luego se extendió por el mundo.

Según los CDC, el primer caso se reportó el 15 de abril del 2009. La administración Obama reunió un equipo y declaró el H1B1 como una emergencia sanitaria el 26 de abril, seis semanas antes que se declarara una pandemia y se reportara ninguna muerte.

La administración Obama “se preparó tan pronto surgió el virus”, dijo Barry. “Estaban 100 porciento involucrados, tanto en términos de investigación científica y en tratar de generar vacunas y otras medidas sanitarias”.

Seis meses después de la declaratoria inicial, con más de mil vidas estadounidenses perdidas, Obama declaró la gripe porcina una “emergencia nacional”.

Los CDC estimaron que e abril del 2009 a abril del 2010, hubo unos 60,8 millones de casos de gripe porcina y 12.469 muertes en Estados Unidos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el fin de la pandemia el 10 de agosto del 2010.

El presidente Barack Obama habla por teléfono sobre el Ebola el 8 de octubre de 2014, en la Oficina Oval de la Casa Blanca en Washington.

Cuatro años más tarde, Obama enfrentó otra crisis, el brote e Ebola en 2014-2016 mató más de 11.000 personas en África occidental.

Obama activó el Centro de Operciones de Emergencia de los CDC en julio del 2014 para ayudar a coordinar asistencia técnica, incluyendo enviar personal estadounidense a los esfuerzos de contención sanitaria en África Occidental. Los CDC entrenaron a casi 25.000 trabajadores de la salud en África Occidental en temas como prevención de infecciones y medidas de control.

Sólo 11 personas fueron tratadas en Estados Unidos por el virus. Aún así, algunos republicanos criticron a Obama por no ordenar la prohibición de viajes a países donde el brote de Ebola era considerable.

Obama combatió varios virus en el frente doméstico. El brote de Zica, en el 2015, fue originalmente reportado en Brasil y en el 2016, unos 40.000 casos fueron reportados en Estados Unidos. La administración Obama solicitó 1.900 millones de dólares para combatir el virus, de los cuales el Congreso, aprobó 1.100 millones de dólares.

En el 2015, el asesor de Seguridad Nacional, Susan Rice, creó la Unidad Global de Seguridad Sanitaria y Biodefensa, un equipo responsible de estar alerta ante pandemias, bajo la responsabilidad del Consejo de Seguridad Nacional, un foro que asesora al presidente en asuntos de seguridad nacional y política exterior.

En mayo del 2018, durante la presidencia de Donald Trump, la Unidad Global de Seguridad Sanitaria y Biodefensa fue disuelta. Su líder renunció a la administración Trump, y algunos de sus miembros fueron reubiados dentro del Consejo de Seguridad Nacional.

Lecciones aprendidas

Los historiadores dicen que ante crisis de salud pública, los presidentes que están bien informados, enfocados y organizados y son transaprentes, tienen más posibilidades de tener éxito.

Skidmore, de la Universidad de Missouri-Kansas City, dijo que los presidentes estadounidenses pueden aprender de sus antecesores, particularmente en establecer fuertes coordinaciones entre el gobierno federal y las administraciones estatales, y en asegurar el compromise del sector privado. Skidmore dice que la administración Obama fue influenciada fuertemente por laEstrategia Nacional para Pandemias de Influenza, creada por George W. Bush. Ese era un plan que incluía distintos sectores del gobierno federal, gobiernos estatales y el sector privado para almacenar medicamentos antivirals y para proveer a los científicos reursos para el desarrollo de vacunas.

Schwartz, de Vanderbilt, y Barry, de Tulane, dicen que los líderes deben ser optimistas y ofrecer esperanzas. Pero más importante, deben ser transparentes, tanto para prevenir información sin fundamento y para crear credibilidad que motive a la ciudadanía a seguir normativas, en lugar de sentirse desconfiada de su gobierno.