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La cooperación de EE.UU. oxigenó a México y al Triángulo Norte frente a la pandemia


Estados Unidos ayudó a México a adquirir 1.000 respiradores que ningún fabricante aceptaba destinar a ese país.
Estados Unidos ayudó a México a adquirir 1.000 respiradores que ningún fabricante aceptaba destinar a ese país.

México necesitaba respiradores. Washington le ha ayudado a comprar 211, por el momento. El Salvador no tenía ni 50. EE.UU. le donó 250. México, Guatemala, El Salvador y Honduras, han logrado hacerle frente a la pandemia en mejores condiciones gracias a la cooperación estadounidense.

En México y el norte de Centroamérica, zonas del continente cuyos sistemas públicos de salud eran ya de por sí "muy débiles", la llegada del coronavirus amenazaba con situaciones catastróficas. Los hospitales podían colapsar. No se tenían suficientes respiradores. No había suficientes suministros médicos. Se temía que en cualquier comento, como en Ecuador, la gente pudiera empezar a caer muerta en las calles.

Pero la ayuda llegó de donde frecuentemente ha llegado durante décadas: desde Estados Unidos.

México tenía el mismo problema que muchos otros países. No encontraba quién le vendiera 1.000 ventiladores artificiales. Las fábricas estaban saturadas de pedidos y no le prestaban atención al requerimiento mexicano. El presidente mexicano, Manuel López Obrador pidió ayuda a su homólogo, Donald Trump. El 17 de abril recibió respuesta.

"Me garantizó que a finales de este mes tendremos mil y podremos adquirir otros más porque nuestro país no tiene restricciones para las compras de equipo de Estados Unidos", escribió López Obrador en su cuenta de Twitter.

En los primeros días de mayo aterrizaba en Ciudad de México el primer avión con 211 ventiladores, marca Hamilton Medical, la primera entrega de los 1.000 ventiladores que tanto necesitaban los hospitales mexicanos.

La intercesión de Trump para suplir los ventiladores artificiales a México permitió a ese país aumentar la capacidad hospitalaria para atender a los pacientes con cuadros médicos más complicados.

Más al sur, en El Salvador, un país cuyo presidente, Nayib Bukele, decidió imponer un toque de queda férreo, no tenían ni 50 ventiladores en todo el país. Estados Unidos aportó 250 adicionales.

Federico Hernández, director ejecutivo de la Camara de Comercio e Industria de El Salvador, dijo a la Voz de América que “Estados Unidos siempre ha sido el país que más rápido ha salido en ayuda de El Salvador y con la mayor cantidad de recursos”.

Los fondos de asistencia estadounidense a El Salvador, específicamente para la pandemia ha sido casi 6,6 millones de dólares, incluyendo 2 millones en asistencia humanitaria de una cuenta de ayuda ante desastres internacionales “para comunicación de riesgos, agua, saneamiento e higiene”, según un informe del Departamento de Estado. También se han entregado 2,6 millones en asistencia sanitaria para hacer frente a la pandemia.

La cooperación ha incluido otros dos millones de dólares adicionales para abordar las consecuencias económicas de la pandemia. Esos fondos servirán para la creación de empleos y una ampliación del acceso al crédito, “dos factores que inciden radicalmente en la inmigración ilegal hacia Estados Unidos”, agrega el informe.

También se han adaptado programas de asistencia ya existentes. Fondos de la Agencia Interamericana para el Desarrollo (USAID) fueron redireccionados para “apoyar a los centros de cuarentena destinados a personas con coronavirus y para facilitar la reintegración de personas deportadas en sus comunidades”.

La ayuda ha incluido asimismo kits de alimentación y materiales de higiene para ser distribuidos en los albergues de cuarentena detinados a ciudadanos salvadoreños deportados y otros migrantes.

Estados Unidos ha destinado a México, Guatemala, Honduras y El Salvador, unos 22 millones de dólares en cooperación para combatir la pandemia. La ayuda ha sido en dinero en efectivo, equipos médicos, suministros para hospitales y fondos para programas de higiene y seguridad alimentaria. Los centroamericanos no dudan en agradecerle a Estados Unidos la ayuda. Y es que a lo largo de los últimos 20 años, Estados Unidos ha aportado unos 4.800 millones de dólares a México, 2.600 millones de dólares a El Salvador, 1.900 millones a Honduras y 564 millones a Guatemala.

El dilema de las deportaciones

Pero al mismo tiempo que agradecen, los centroamericanos del norte del istmo lamentan que, mientras se ha restringido severamente el cruce de su frontera hacia el norte, hacia el sur salgan aviones cargados de centroamericanos y mexicanos que son deportados y entre los cuales, frecuentemente, hay personas contagiados con el coronavirus.

“Este no es momento para estar enviando deportados a ningún país del mundo”, dijo a la VOA, Federico Hernández, director ejecutivo de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador.

El Salvador ya recibió desde el inicio de la administración Trump cientos de millones de dólares para una alianza para el progreso del llamado Triángulo del Norte formado por El Salvador, Honduras y Guatemala. Luego Estados Unidos anunció otro programa de asistencia para el desarrollo llamado América Crece.

Lo único que, según Hernández, le ha faltado a Estados Unidos es menos aplausos y más críticas “a las derivas autoritarias" del presidente, en alusión a los conflictos que Bukele ha tenido con la Asamblea Nacional y la Corte Constitucional por su manejo con “mano de hierro” del confinamiento por la pandemia. La Corte Constitucional falló que el ejecutivo no tiene autoridad para restringir los derechos civiles de la población. Eso, señalaron los magistrados, sólo puede hacerlo la Asamblea Nacional.

“Pero ya vimos un poco de cambio en la embajada estadounidense cuando habló de la importancia de la reapertura, pues teníamos una de las cuarentenas más estrictas, más largas y restrictivas”, explicó Hernández, el líder empresarial.

Pero en medio de la generosidad estadounidense, las deportaciones igual han sido objeto de tensiones entre la región y Estados Unidos. El gobierno de Guatemala llegó al extremo de negar a los vuelos con deportados la autorización para aterrizar.

El 13 de mayo, el presidente Alejandro Giammattei suspendió la llegada de vuelos luego que en un avión con deportados, según el ministerio de Salud, había 65 contagiados con el virus, según reportó entonces la agencia alemana Deutsche Welle.

El gobierno guatemalteco ha recibido unos 8,4 millones de dólares estadounidenses, específicamente para combatir la pandemia. Esos fondos incluyen 6 millones de dólares en ayuda adicional para atender necesidades de agua, saneamiento e higiene. Estados Unidos también ha apoyado a pequeñas empresas afectadas para ayudarles a conservar los puestos de trabajo, tal como ha hecho con las empresa sen Estados Unidos.Se han redireccionado programas de la USAID, para enfocarlos en las necesidades creadas por la Pandemia.

Y conscientes que debido a la pandemia las clases han sido suspendidas, Estados Unidos ha financiado un programa de comidas escolares “para llevar”.

“USDA ha transformado un programa de donación de alimentos que se implementaba en las escuelas guatemaltecas. Ahora, se brindan “raciones para llevar” y esto permite a los guatemaltecos recibir este importante aporte nutricional mientras permanecen en casa”, agrega el informe del departamento de Estado.

Pero según algunos analistas en Washington, esa cooperación ha estado condicionada a que ese país acepte los vuelos de deportados.

Maureen Meyer, directora de la sección México de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés), aseguró a la VOA que la ayuda estadounidense a México, Guatemala, Honduras y El Salvador ha sido condicionada a que apoyen sus políticas inmigratorias.

“Ya de por sí tienen sistemas de salud muy débiles”, dijo Meyer, en entrevista telefónica. “Están exportando un problema a la región y creando una crisis de salud pública”.

Meyer se refirió además al acuerdo logrado con México para que este país detenga y devuelva a todo centroamericano que intente cruzar territorio mexicano para llegar hasta la frontera sur de Estados Unidos para cruzar ilegalmente o pedir asilo político.

Nuevo política de asilo

Y es que ahora, según una nueva política estadounidense, los migrantes ya no pueden pedir asilo político en la frontera sur.

“Ahora cualquier persona es detenida, procesada y devuelta a México en menos de dos horas, sin asegurar que esté bien de salud”, dijo Meyer. “Es una práctica que preocupa mucho, porque los devuelven a ciudades en la frontera mexicana que no son seguras y ponen a personas en situaciones de precariedad en un país que no es suyo en donde no saben qué hacer ni cómo regresar”.

Un diputado mexicano del conservador Partido de Acción Nacional lamenta que el presidente Andrés Manuel López Obrador esté haciendo el trabajo duro de la administración Trump, persiguiendo a los centroamericanos y venezolanos que buscan llegar a la frontera sur de Estados Unidos.

“Es que Trump no construyó el muro con cemento, piedra y varillas”, observó a la VOA el legislador Carlos Valenzuela, secretario de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Congreso Mexicano. “Trump construyó el muro con la Marina de Guerra mexicana, el ejército mexicano y la Policía Federal mexicana, a los que el presidente López Obrador convirtió en una guardia nacional que en lugar de combatir delincuentes está persiguiendo a nuestros hermanos centroamericanos”.

Valenzuela ha presentado en el Congreso mexicano un proyecto de Ley que cambia el concepto legal usado para aprehender a los inmigrantes ilegales. Actualmente los centroamericanos son “aislados”. De esa forma, no gozan de la misma protección que un “detenido”, el cual tiene 48 horas para que las autoridades demuestran su culpabilidad o lo pongan en libertad. Un “aislado” en tanto, puede pasar meses bajo custodia mexicana.

Pero aunque Valenzuela es crítico de la política migratoria de su país y de Estados Unidos, elogia de igual manera la cooperación estadounidense durante la pandemia y el impulso que la administración Trump le dio a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), ahora llamado Tratado de México, Estados Unidos y Canadá (TMEC).

Valenzuela agradece específicamente la ayuda para la compra de los mil respiradores artificiales y otros recursos que han llegado a ampliar la capacidad de los hospitales mexicanos para hacerle frente a la pandemia.

“Hay que recordar que este virus es un virus que no llegó de Estados Unidos, sino de China, que debería asumir más responsabilidad”, dijo Valenzuela. “Si bien México ha tenido apoyo del gigante de Oriente, es necesario un mayor impulso porque el país que más ha apoyado a México es Estados Unidos sin ser el país que dio origen a este virus”.

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