Jesús Contreras vive en Houston (Texas) desde 1999, cuando cruzó a Estados Unidos desde México junto a su madre en busca de una vida mejor.
Jesús Contreras vive en Houston (Texas) desde 1999, cuando cruzó a Estados Unidos desde México junto a su madre en busca de una vida mejor.

Se estima que unos 30,000 profesionales del sector sanitario son indocumentados. Sus labores son indispensables para hacer frente a la grave crisis del coronavirus. El mexicano Jesús Contreras es uno de ellos.

Jesús Contreras llegó a Estados Unidos cuando tenía 6 años. Corría el año 1999, cuando emigró junto a su madre desde Nuevo Laredo (Tamaulipas, México) a Houston (Texas).

Ahora es uno de los héroes anónimos que están copando los centros hospitalarios para ayudar contra el brote del coronavirus en Estados Unidos.

“Mi trabajo es estar en la primera línea, en la ambulancia, combatiendo el virus, transportando a los enfermos a los hospitales y dando tratamiento a los pacientes en su casa”, dijo Contreras, de 27 años, en entrevista con la Voz de América.

De su historia de vida sobresale la forma en que llegó al país de la mano de su madre. La violencia y los deseos de dar al pequeño una vida mejor fueron los móviles para salir de México: “Desde entonces, hemos estado en este país, disfrutando la vida aquí y tratando de ser una mejor persona”, asegura. 

Contreras es beneficiario de DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), un programa especial impulsado por el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, para que aquellos que llegaron a Estados Unidos a una edad muy temprana y sin papeles pudieran trabajar. Fue eliminado en 2017 por orden del actual presidente, Donald Trump. Sin embargo, se ha mantenido vigente tras la orden de algunos magistrados federales.

El joven, de 27 años, recuerda a la administración estadounidense que "ahora más que nunca" se necesita a personal sanitario para hacer frente a la crisis del coronavirus.

 

"No conozco otro país que no sea Estados Unidos"

Confiesa que su país “es Estados Unidos” porque no conoce otro país, a pesar de que nació en México.

Jesús Contreras es beneficiario de DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) y teme que la Corte Suprema falle a favor del gobierno estadounidense y tenga que enfrentar una deportación.

Él, como todos los sanitarios de este país, se ha convertido en un profesional indispensable en la lucha contra la COVID-19. No se considera un héroe, pero sabe que su trabajo es muy importante en estos momentos en los que la sociedad está tomando todas las precauciones.

En Houston también han extremado todas las medidas porque la cifra de afectados también ha aumentado en esa ciudad. “Estamos viendo que los números están incrementando, como lo han hecho en el mundo entero. Estamos siguiendo esa misma curva que el mundo sigue, estamos viendo que, día tras día, ha habido más pacientes”, dice.

No es la primera vez que este joven se pone al frente de la línea de fuego para ayudar a su comunidad. Ya lo hizo en 2017, cuando el huracán Harvey azotó esa zona provocando fuertes inundaciones: rescató a personas vulnerables de sus casas y ayudó a transportar a personas al hospital.

Una situación que, “lamentablemente”, ha vuelto a vivir. Pero esta vez con una pandemia sin precedentes, aunque se siente orgulloso de poder aportar su granito de arena a esta causa.

“Estamos trabajando muy duro durante esta epidemia de COVID-19, es un orgullo para mí, para mi familia y mis amigos el poder colaborar en esto”, sostiene.

Pero sabe que las cosas se pueden poner peor, especialmente porque las proyecciones no son nada optimistas y varios funcionarios de la Casa Blanca han advertido que podrían registrarse entre 100,000 y 200,000 muertos en este país.

Pese a todo, Contreras sigue dando lo mejor de sí. Aún sabiendo que es un indocumentado en Estados Unidos y que el “sueño americano” se le podría terminar en cualquier momento.

Por eso, aprovecha para enviar un mensaje a la administración estadounidense para que valoren el “duro trabajo” que están haciendo los profesionales de este sector.

"Somos esenciales"

“Trabajadores como nosotros, médicos, paramédicos, gente esencial en este país no podría seguir trabajando”, dice al tiempo que recuerda que “hay unos 30,000 trabajadores indocumentados que están en el sector sanitario”.

Ahora, ante la grave situación que vive Estados Unidos con la pandemia de la COVID-19, una pérdida de tales características, dice resignado, sería algo muy negativo.

“Ahora necesitamos trabajadores médicos, en los hospitales, en las ambulancias, para ayudar a la gente, así que no tiene sentido que la Corte Suprema siguiera con este caso”, indicó al respecto.

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