Desde el mes de marzo, el tema de la pandemia de COVID-19 ha acaparado la atención en todos los países del mundo, y no sólo en la búsqueda de información sobre su avance, sino sobre qué hacer para protegernos, cómo sobrellevar el confinamiento y, en muchas ocasiones, cómo podemos evitar cuadros de ansiedad o estrés a causa de las informaciones recibidas.

En la Voz de América, consultamos dos expertos sobre cómo lidiar con este tema en el día a día y cómo ha afectado la salud mental de las poblaciones del mundo. En opinión del doctor Enrique Bohórquez Giraldo, presidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina, hay tres frentes donde puede verse de manera clara el impacto de la pandemia: la población en general, el personal médico que atiende a los pacientes con COVID-19 y debe enfrentar, día a día, la situación del sistema hospitalario y un tercer grupo conformado por la población vulnerable, entre los que se encuentran los que ya tenían algún tipo de patología mental preexistente. “Pero en líneas generales – señala el doctor Bohórquez – puede verse un temor real en la colectividad, ansiedad por las situaciones de confinamiento y reducción de las interacciones sociales. Sin embargo, estas manifestaciones también pueden ser diferentes de acuerdo a las condiciones de vida de cada persona”.

Pero, aunque la población mundial pudiera evaluarse de forma general, el doctor Claudio Toppelberg, profesor de psiquiatría de la Universidad de Harvard señala que el impacto de la pandemia, la ansiedad que produce, el estrés y las consecuencias del mismo, puede verse de manera diferente según la naturaleza racial, social y cultural de los diversos grupos. “Puede verse que la pandemia, en términos de la enfermedad directamente, está atacando en forma muy diferencial a los grupos minoritarios, los hispanos entre ellos (…) y eso tiene que ver con la forma de vida, la dificultad de mantener distanciamiento físico y los trabajos que tienen, como los que laboran en supermercados, en las cadenas de abastecimiento; por lo que no han tenido posibilidad de mantener el distanciamiento, aparte de que no tienen acceso a la misma información”.

Restricciones sociales y población juvenil

Los jóvenes y adultos jóvenes conforman un área interesante de estudio, debido a que son los que parecen verse más afectados con las prohibiciones de salida y reuniones sociales, impuestas por las autoridades sanitarias. De acuerdo al doctor Toppelberg, al inicio de la pandemia se pensaba que estas limitaciones iban a ser imposibles de tolerar por estos individuos, sobre todo aquellos con patologías mentales anteriores como trastornos del desarrollo, autismo o discapacidad intelectual y “podríamos haber pensado que iban a estar renuentes a usar la máscara, por ejemplo; pero para mi sorpresa la mayoría toleró muy bien esto. En parte porque la patología que tienen les hace adaptarse rápido a una rutina estricta; pero en términos generales, han tolerado muy bien todas las consecuencias de la pandemia”.

Uno de los aspectos que más pesa a la hora de evaluar la salud mental de los ciudadanos, es cómo reaccionan al distanciamiento físico obligatorio y si debemos prepararnos a vivir de esa forma en el futuro. “Yo creo que estas medidas tomadas por la pandemia es un proyecto a largo plazo – señala el doctor Claudio Toppelberg – No digo que sea algo que debamos obedecer eternamente, pero tomará más de un año o quizás dos. Mientras esto sucede, los tapabocas o barbijos van a evolucionar y, sobre todo, el entendimiento que tengamos de su uso, lo que nos ayudará a sobrellevar el día a día”.

Para el doctor Enrique Bohórquez Giraldo, algo que puede ayudar es entender que “distanciamiento físico no quiere decir distanciamiento emocional. Hay diversas maneras en las que podemos seguir interactuando, expresando nuestros afectos porque seguimos siendo seres humanos. No confundamos distancia física con social, más aún en este momento creo que es muy importante fomentar la cercanía emocional.

Ambos expertos no dudaron en señalar que, como parte de una campaña de información, la comunidad médica debe establecer estrategias viables para que la población pueda conservar la distancia física adecuada y evitar el contagio en medio de la pandemia, sin sacrificar las relaciones humanas saludables que nos mantengan con ánimo y ganas de seguir con nuestras rutinas.

Sobrevivientes de la COVID-19 y fobias futuras

Una de las áreas de interés de nuestra audiencia de la Voz de América, es saber si las personas que han sobrevivido a la enfermedad, sobre todo si tuvieron que ser hospitalizadas y pasaron días realmente difíciles, pueden desarrollar ansiedad o esquemas de estrés ante la posibilidad de contagiarse de nuevo; lo que afectaría su salud mental y física si se niegan, por ejemplo, a salir de casa.

“Aquí las reacciones también son diferenciadas – señala el doctor Bohórquez – Hay personas que por características de su personalidad o de los soportes sociales que tienen, pueden llevar muy bien este problema y otras que pueden tener dificultades; más aún, si tomamos en cuenta lo que algunos expertos señalan que se puede presentar ‘la cuarta ola’ que no es más que la consecuencia de la post-pandemia en la salud mental de la población”.

Acota el galeno que las cuatro patologías que, se espera, incrementarían son la ansiedad en sus diversas formas, depresión, los trastornos por estrés postraumático y trastornos por uso de sustancias.

Mascotas y mitigación del estrés

Estadísticas recientes apuntan a un aumento de la adopción de mascotas, sobre todo en personas que viven solas. ¿Pueden los animalitos ayudar a sobrellevar los efectos de la pandemia?.

La respuesta es sí.

“Sobre todo en familias con niños y adolescentes el tema de las mascotas es muy importante por lo que refiere a la compañía incondicional, particularmente con los gatos y los perros que se vinculan tanto al ser humano”, señala el doctor Claudio Toppelberg.

Según los expertos consultados, otra de las áreas en las que pueden ayudar las mascotas es en la atención y cuidado de otro ser vivo, lo que hace que la preocupación o la ansiedad que pueda sentir el ser humano, se disipen para dar paso a un sentimiento de amor y dadivosidad. También pueden disminuir los efectos de la frustración por no poder llevar el día a día con la “normalidad” a la que estábamos acostumbrados.