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Cómo una pandemia le dio voz a unas niñas


Muchos padres no convivían más de unas cuantas horas con los niños antes de la pandemia. [Foto: cortesía Natalia Cordero]
Muchos padres no convivían más de unas cuantas horas con los niños antes de la pandemia. [Foto: cortesía Natalia Cordero]

Mariana tiene 11 años y ha cambiado su rutina de ir a la escuela cada día por las clases en línea y un tiempo de 7/24 al lado de mamá. Mariana tiene 6 semanas de recibir - hasta sus clases de flauta - a través de un dispositivo electrónico y su mamá tiene que estar monitoreando constantemente el contenido que sus maestros le envían por medio de una plataforma digital. Todas las interacciones de la niña cambiaron y el estrés de su madre aumentó.

Mariana recibe sus clases de música en línea y eso es parte de su nueva rutina.
Mariana recibe sus clases de música en línea y eso es parte de su nueva rutina.

Esta situación en San Francisco, California continuará por unas semanas más, ya que según el distrito escolar las clases presenciales no volverán a reanudarse hasta después del receso de verano.

Antes de la llegada del COVID-19, la niña tenía un vida “normal”: se levantaba a las 7:00 de la mañana, tenía justo entre 10 y 15 minutos para tomar un baño, unos 10 para arreglarse y otros 10 para medio tomar el desayuno antes de salir rumbo a la escuela, el tiempo que ella gastaba con uno de sus padres era el que duraba su trayecto de su casa a la escuela o viceversa – unos 15 a 20 minutos – dependía del tráfico.

A cualquiera que se sienta identificado con esta historia, lo invito a seguir leyendo.

Mi nombre es Lenny Castro, escribo este artículo para la Voz de América, como madre de Mariana y de una adolescente -Alicia- que está por terminar la escuela media, por las múltiples inquietudes que como padres hemos tenido y sobre todo para empoderar a mis hijas y darles una voz, así como a otros niños y niñas que al igual que ellas no han sido consultadas sobre lo que piensan y sienten de estar educándose en casa.

Cuando todos nos fuimos a la cuarentena, la primera preocupación de muchos padres fue que nuestros hijos no iban a obtener los conocimientos necesarios trabajando en línea, todo el tiempo libre que tendrían y me avergüenza decirlo, pero una de mis prioridades era saber ¿cómo iba a trabajar desde casa con ellas allí? Y es que yo hago “home office” desde antes que todo esto comenzara.

Mucho se ha consultado y planteado al respecto desde el punto de vista profesional, que hay más trabajo para los padres, los pro y contras a nivel psicológico y a nivel social, ansiedad, etc. Y de lo que puede suceder cuando empiecen a regresar gradualmente.

Pero en mi caso personal y por lo que he podido leer, oír e investigar nadie se preocupó por preguntarles a los niños – a los estudiantes - ¿qué pensaban de su situación? y ¿Qué propuestas tenían con relación a su horario escolar, al tiempo que necesitaban con papá y mamá? ¿Realmente irse a casa era tan malo? ¿Qué planes tienen ahora que regresen?

¿Qué dice Mariana?

De cómo una pandemia les dio voz a los niños
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Para ella este es un tiempo más bueno que malo, ella entiende por qué está en casa y que pasó por un periodo de ansiedad pensando que sus padres o ella se pudieran enfermar y que luego ella pudiera enfermar a otro. Pero después de que entendió que hay gente trabajando para encontrar una cura, dice que ha sido una de las mejores temporadas de su vida, claro que hay quejas: “uno a veces necesita su privacidad”, expresa.

Mientras que del distrito escolar me saturaron de llamadas, mensajes de texto, cursos en línea y correos para orientarme en cómo ayudar a mis hijas a sobrellevar el encierro, los estresados éramos los padres tratando de sobrellevar una situación que previamente estaba controlada, sé que eso no es en todos los casos, pero ellas se adaptaron a cada cambio. Los padres, en cambio, nos resistíamos a ellos.

De varios niños entrevistados la mayoría coincide en que lo único que resultaba agotador eran las tareas en línea y lo que más extrañan es la interacción con sus amigos; pero eso se compensa con la presencia de la familia, en muchos casos, aunque la familia también esté trabajando desde casa. Tal como dijo Mariana en un momento determinado todos necesitan privacidad y su espacio.

A Paola le toma buena parte del día realizar sus tareas, su abuela es la encargada de supervisarla. [Foto: Lenny Castro, VOA]
A Paola le toma buena parte del día realizar sus tareas, su abuela es la encargada de supervisarla. [Foto: Lenny Castro, VOA]

De acuerdo con Itsmenia Flores, psicóloga infantil, “la educación debe cambiar después de la cuarentena”.

Las diferentes autoridades educativas y padres ahora se han dado cuenta de varias cosas, quizá las más relevantes son: los niños pasan tanto tiempo en la escuela que ésta a veces se vuelve el único lugar donde interactúan con otros niños. De ahí que muchos dicen “extraño jugar o extraño a mis amigos”.

Otro punto que de nuevo se ha puesto de manifiesto y que el coronavirus expuso aún más es como las brechas socioeconómicas también impiden el acceso a una educación de calidad.

Mientras que para otros era fácil por contar con acceso a la tecnología – ya sea porque tenían su equipo en casa y los padres poseían internet- la gran mayoría aún están incomunicados y poder desarrollar un contenido en línea era un calvario.

Calidad y cantidad tienen que ir de la mano

En las entrevistas a otras niñas, de diferentes edades, también expresaron que este tiempo ha sido bueno para ellas porque su familia está ahí y no vive una vida agitada donde todo pasa muy rápido, por ejemplo, Alicia Sofía de 15 años explica “me gusta que siempre que me despierto no estoy como loca. No tengo que estar apurada. Puedo saludar a mis padres, a mi hermana. A todos los que quiero”.

Qué quieren los niños
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Después de oír esas afirmaciones surge la interrogante ¿Es tan malo que se sacrifique el tiempo presencial en clase?

Según Flores, no todo es como pensamos y aunque hayamos hecho nuestra aquella afirmación, que es mejor la calidad de tiempo que la cantidad de tiempo, siempre hay más versiones de cada opinión “este tiempo de cuarentena ha dado la oportunidad de combinar estas afirmaciones y comprobar que el tiempo al lado de los hijos e hijas es valioso y es eso lo que ellos perciben”.

La profesional considera que, respecto a lo anterior, “no es tan malo sacrificar el tiempo presencial en clase para poder estar más tiempo en familia”.

El aporte emocional de la presencia de papá, mamá o una persona importante en la vida del niño, contribuye a su crecimiento como persona y a su madurez emocional.

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Paola Elisa Cordero, de 10 años explica que entre las cosas que conforman su lista de mejores cosas, en la cima está la convivencia y poder ser niña “me gusta mucho que he cocinado, también que he jugado mucho y que he compartido momentos con mi familia. Antes de la cuarentena extrañaba a mi familia.”

Entonces a nivel emocional ¿Qué ganan estando en casa con sus padres?

“Hay una ganancia extremadamente valiosa: el tiempo en familia”, explica Flores.

Estas hermanas se divierten en cualquier espacio y disfrutan de estar juntas. [Foto: Lenny Castro, VOA]
Estas hermanas se divierten en cualquier espacio y disfrutan de estar juntas. [Foto: Lenny Castro, VOA]

“Hay hogares donde los niños y niñas veían a sus padres solo en el trayecto de su casa a la escuela, ya que el resto del día se pasaba en clases, actividades extracurriculares, y los padres regresaban a casa cuando los niños y niñas ya dormían”, cita la psicóloga.

“Ahora pueden compartir tiempo y sentir la presencia de sus padres a largo del día, la ganancia son esos momentos de juegos, de cuentos, de películas, de cocinar juntos; esas experiencias que permiten conocerse más, todo esto genera más confianza, más sentido de pertenencia a una familia y fortalecimiento de la identidad personal, sin olvidar la creación de recuerdos que quedaran marcados en la historia de cada uno de los niños y niñas”, puntualiza.

El lado oscuro

El estar en casa con sus padres, como ya se mencionó es una valiosa oportunidad para enriquecer la historia personal de cada niño y niña.

Sin embargo, Flores afirma que no se debe ignorar que también este tiempo puede afectar enormemente si el ambiente dentro de casa es inhóspito. Hay padres que debido a las condiciones de confinamiento se vuelven impacientes, intolerantes, y preocupantemente agresivos verbal y físicamente. A tal punto que los niños y niñas desean estar en su escuela o cualquier otro lugar que los mantenga lejos de casa, debido al temor, la desconfianza, y el sufrimiento generado por las experiencias negativas experimentadas en su mismo hogar.

Otro aspecto que puede verse afectado ante esto es la habilidad social, ya que muchos niños y niñas se están adaptando al hecho de no ver ni convivir con sus pares, es decir con otras personas de su misma edad, y esto puede hacer que la habilidad ya ganada de relacionarse adecuadamente con otros se convierta en una dificultad más adelante.

Y por último puede mencionarse la afectación particular a niños y niñas con necesidades educativas especiales, con dificultades de aprendizaje, o alguna alteración neuropsicológica.

Es por todo lo anterior que la doctora recomienda la necesidad de informarse y asesorarse. “Cuando se tienen dudas puntuales, o situaciones particulares es aconsejable consultar con profesionales sobre como sobrellevar esta situación”.

A esto podemos sumar, que se aconseja organizar el tiempo, establecer rutinas sin duda garantiza la optimización de éste.

El COVID-19: una oportunidad

Los niños y niñas extrañan a sus padres y a sus amigos, en su mundo ideal ambos convergen. “Los extraño (a sus amigos) porque son otras personas con las cuales me río” afirma Paola, mientras que Mariana y Sofía, “los extrañarán porque después ya nos los verán” porque entran a otra etapa escolar.

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Ellas quisieran una forma de mantener esos lazos más allá de la escuela y convivir más en casa con su familia.

“Definitivamente la cuarentena nos invita a detenerse y evaluar el estilo de vida que se llevaba […] ¿Hay algo que cambiar?, la respuesta deberá ser en primer lugar a nivel personal, qué actitudes como persona debo mejorar, qué tradiciones y actividades familiares debo fortalecer, qué aspectos de la vida debo valorar más”, explica Itsmenia Flores.

Para ella es a partir de esas respuestas que surgirán los aportes sociales que como personas podemos hacer, “qué cambios de actitud debo hacer frente al trabajo, al reconocimiento de la labor de profesionales y personas que ponen sus conocimientos y habilidades al servicio de los demás. Sin olvidar los cambios que se deben hacer en la vida de los niños y niñas, quienes han demostrado que lo valioso es la vida, la familia, la salud y el amor”, puntualiza.

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