Michell
‘Michell’ comenzó a los 17 años una transición que la llevó al desamparo, la prostitución y la violencia en las calles de su natal Honduras.

HOUSTON, TEXAS - Pide que le llamen ‘Michell’. Su nombre de pila es Merlín, y a los 17 años comenzó una transición que la llevó al desamparo, la prostitución y la violencia en las calles de su natal Choloma, departamento de Cortés, en Honduras. Hace 13 años que decidió buscar refugio en Estados Unidos.

“Yo presencié la muerte de muchas chicas amigas mía. En un año mataron entre 10 y 12 chicas transexuales. Era horrible el miedo que vivíamos en aquellos tiempos. Decíamos entre nosotras mismas, quién va a ser la próxima. Vivíamos con ese miedo, con ese temor de que más chicas (transgénero) fueran asesinadas, por tanta discriminación que existe”.

Según la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA, por sus siglas en inglés), la homosexualidad es un delito en 72 países y en ocho se castiga con pena de muerte, de ahí que un alto número de personas LGBTI se han visto obligadas a huir de sus países a causa de la persecución y la violación de sus derechos humanos.

Oficialmente, Honduras no forma parte de esa lista de países que criminalizan al colectivo LGBTI. En marzo de 2013 se creó el artículo 321 del código penal hondureño, que penaliza la discriminación por orientación sexual. Sin embargo, para muchos, como Michell, el estatuto es letra muerta.

Elia Chino, fundadora de FLAS, una organización en Houston, Texas, que ofrece orientación, asistencia económica, de vivienda y salud, a personas del colectivo LGTBI.

“La discriminación, la homofobia, la transfobia es algo con lo que vivimos diariamente. Yo no veo cambios en cuanto a eso. Pueden cambiar las leyes, pero las mentes de las personas siguen igual”, dice Elia Chino, una mujer transgénero que fundó la organización FLAS en Houston, Texas, para ofrecer orientación, asistencia económica, de vivienda y salud, entre otros, a personas del colectivo LGBTI que tocan a su puerta pidiendo ayuda.

“Estamos huyendo del bullying, estamos huyendo para tener más libertad, estamos huyendo para ser nosotros mismos”, explicó Chino, originaria de México, y que hace 21 años comenzó su transición de hombre a mujer trans.

“En nuestros países, muchas veces, lo que estamos encontrando es la muerte, muchas veces ni siquiera tenemos la oportunidad de lograr el sueño de llegar a un lugar mejor, donde haya oportunidad y respeto”, añadió.

Michell encontró en FLAS el ‘refugio’ que necesitaba cuando llegó a Estados Unidos.

Michell es una de los cientos de personas del colectivo LGBTI, que encontró en FLAS el ‘refugio’ que necesitaba cuando llegó a Estados Unidos.

“Un día estaba sentada en mi apartamento (en Honduras), pensando, y dije ‘basta, ya no puedo seguir en este país, porque si yo sigo en este país voy a ser asesinada. Tengo que irme de este país para poder salvar mi vida y para poder salir adelante”, relató.

“Entonces fue que decidí venir a Estados Unidos, porque Estados Unidos es un país donde hay más respeto. En este país uno se siente más protegido que en nuestros países”, cuenta la mujer, que hoy goza de la aceptación de su familia, que la rechazó cuando comenzó su proceso de transición.

Entre 2009 y el presente, 357 personas LGBTI han sido asesinadas en Honduras, según la organización no gubernamental Cattrachas, que en 2000 comenzó a registrar los crímenes cometidos contra ese colectivo.

“Es en el 2009 donde empieza, con el golpe de estado, un aumento a las violaciones de los derechos humanos a las personas LGBTI y también un aumento en las muertes violentas de las personas LGBTI”, explica Seydi Irías, miembro de Cattrachas.

“En el marco del golpe de estado se observó cómo los militares violentaban mucho los derechos de las personas LGTBI. Pero eso instauró en la ciudadanía, que la personas LGTBI eran desechables, y realmente, ya no eran los militares los únicos agresores, sino que en ese momento se llegó a que cualquier persona podía violentar el cuerpo de una mujer trans o de un gay, por el prejuicio y la discriminación”, añade Irías.

Explicó que “realmente lo que vemos es que las personas LGTBI en el país no solamente sufren la violencia letal, sino que, también, el olvido social, la invalidación de sus derechos, la imposibilidad de crecer en un entorno sano para poder desarrollarse como ciudadanos.”

“El prejuicio instaurado por el fundamentalismo religioso en forma fatal ha creado esta generación de odio, este clima basado en el prejuicio basado en la discriminación, a tal punto, que realmente no les dan oportunidades a las personas LGTBI de poder sobrevivir socialmente, lo que lleva a las trans a migrar”, puntualizó.

Por definición legal, el gobierno de Estados Unidos no confiere estatus de refugiados a los miembros del colectivo LGBTI. En cambio, las lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales, forman parte de lo que los abogados de inmigración llaman “grupos protegidos”, aquellas personas cobijadas por las protecciones que prohíben la discriminación por su raza, religión, opinión política u orientación sexual, entre otros.

“Estas personas tienen que probar que fueron maltratados, amenazados o torturados en sus países de origen, para solicitar asilo en los Estados Unidos. Yo tengo muchos clientes de la comunidad LGBTI que han ganado casos de asilo por esa vía”, explica la abogada de inmigración Naimeh Salem.