La Vía Islámica, el nombre simbólico que lleva la calle 4 NE, donde está la mezquita Masjid Mohammed fue el escenario de la manifestación.
La Vía Islámica, el nombre simbólico que lleva la calle 4 NE, donde está la mezquita Masjid Mohammed fue el escenario de la manifestación.

WASHINGTON D.C. - En octubre del año pasado, un grupo de ultra derecha llamado los ‘Oath Keepers’ –protectores del juramento, en español – dijo estar planeando una “protesta armada” frente a la mezquita Masjid Mohammed en Washington D.C.

Preocupados por la situación, varios líderes religiosos contactaron al imán Talib Muttaqee Shareef ofreciéndole salir en defensa de la comunidad musulmana.

“Les dije que estaba muy agradecido, pero que no quería que vinieran”, dijo Muttaqee, “manténganse vigilantes, pero no hagan nada que indique que ese grupo tiene nuestra atención, que nos afectan siquiera”.

El día de la supuesta marcha, el barrio amaneció plagado de carteles en los jardines y las casas: “Rechazamos el odio”. Los vecinos de la mezquita, al enterarse de la amenaza, decidieron reunirse y hacer algo para mostrar su apoyo a la comunidad.

Los vecinos de la ‘Mezquita de la Nación’, en Washington D.C., decidieron salir en apoyo de la comunidad musulmana, declarando el barrio una ‘zona libre de odio’.

​​Los ‘Oath Keepers’ nunca aparecieron. La Vía Islámica, el nombre simbólico que lleva la calle 4 NE, donde está Masjid Mohammed, se mantuvo impasible.

Sin embargo, el 2016 no fue un periodo libre de odio para la capital estadounidense. De acuerdo con datos del Departamento de Policía del Distrito de Columbia se reportaron casi dos veces más crímenes de odio en el área que en 2015.

Un crimen de odio es un acto criminal, como un robo o un ataque físico, cometido contra una persona por un prejuicio hacia una o varios rasgos de su identidad.

De los 107 casos de crímenes de odio que fueron reportados en el Distrito de Columbia en 2016, 59 fueron motivados por la identidad de género o la orientación sexual de la víctima, 26 por la etnia o la raza y 18 por la religión.

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Parece que la tendencia seguirá. Este año, hasta el mes de junio, 69 de estos crímenes han sido reportados al Departamento de Policía, 13 más de los que sucedieron por la misma fecha en 2016.

Entre abril y junio de este año, varias sogas fueron encontradas en la ciudad, una de ellas en el Museo de Historia y Cultura Afroamericana. Las sogas hacen alusión a los linchamientos y ahorcamientos de negros en la época de la ley de Jim Crow.

‘No es solo vivir uno al lado del otro’

​​Los residentes del Distrito de Columbia, sin embargo, no se han quedado quietos.

Symi Rom-Rymer, es la organizadora de comunidades de la Conferencia Interreligiosa de Washington, IFC (por sus siglas en inglés).

En mayo de este año, IFC lanzó una iniciativa que busca luchar contra los crímenes de odio a escala regional.

La sede de la IFC se encuentra en la antigua casa de guardia de un cementerio al noreste de la ciudad. Es una casa de piedra, la única estructura que sobresale en un vasto campo salpicado de lápidas. Las paredes están decoradas con símbolos de distintas tradiciones de fe.

“Creo que no es suficiente vivir uno al lado del otro con personas de otras religiones”, dice Rom-Rymer. “Entre más aprendemos sobre el otro, comprendemos que probablemente no somos tan diferentes y queremos las mismas cosas”, añade.

IFC fue creada en 1978 y reúne a más de 12 congregaciones religiosas en el área de Washington D.C., Virginia y Maryland.

​​La Coalición de Respuesta y Alcance Interreligiosa de Washington, WIROC (por sus siglas en inglés) es el nombre del proyecto con el que IFC busca crear una red de individuos que puedan proveer apoyo y ayuda a quienes han sido víctimas de crímenes.

La respuesta de WIROC puede ser “arreglar algo que ha sido dañado o vandalizado o simplemente demostrar el apoyo a la comunidad”. Rom-Rymer dice que lo que ellos hagan depende de las necesidades de los afectados.

“Nuestra regla es asegurarnos de que las personas que han sido víctimas sientan que siguen siendo parte de una comunidad acogedora” afirma Rom-Rymer.

Entre los miembros de WIROC están lugares de culto, vecinos y campus de universidades. Se les pide a las congregaciones y los ciudadanos que sean públicos con su apoyo a la red, lo que puede ser poner un cartel que diga “acá acogemos a nuestro vecino”.

Las religiones tienen arraigada en su tradición la idea de acoger al prójimo, dice el rabino Gerry Serotta, director de IFC. “Lo que significa ser un refugiado y un extranjero aparece en la biblia hebrea 36 veces”, añade.

Aunque no trabajan directamente con la policía, en WIROC se asegura de que las personas que hagan contacto con ellos sepan que pueden poner una denuncia.

Antes, está el lenguaje

El Departamento de Policía Metropolitana de D.C. acepta dos tipos de reportes relacionados con prejuicios. Un reporte criminal o de ofensa y otro de incidentes, explica el teniente Brett Parson.

Es decir, tanto si una persona ha sido víctima de un crimen o simplemente haya habido un incidente en el que el motivo pueda haber sido un prejuicio, puede reportarlo a las autoridades.

Parson dice que, en el caso de que se arreste a una persona por cometer un crimen relacionado con prejuicios y si ya se tienen reportes anteriores en donde el individuo haya estado involucrado en incidentes relacionados con prejuicios, podría ser evidencia que pruebe que fueron su motivación.

“Lo primero que sucede no es un crimen de odio”, explica la abogada Jeannine Bell, de la Universidad de Indiana.

Antes, está el lenguaje. “Alguien que comete un acto de este tipo antes habrá hablado de manera denigrante sobre un grupo de personas”, dice Bell.

El comandante Parson dice que esta es una de las razones por las que es importante que la policía tenga una relación fuerte con la comunidad. Con la oficina de enlaces especiales, que crea lazos entre el organismo y algunas comunidades como la de latinos o la LGTB, la policía espera construir estos canales de comunicación. De esta manera, cuando suceda un crimen, la policía no esté “en la fase introductoria” con la comunidad, dice Parson.

El departamento de policía cree que estas estrategias de intercambio entre ciudadanos y autoridades, sumadas al hecho de que D.C. es una “ciudad santuario” pueden explicar el aumento en el número de crímenes de odio reportados el año pasado.

No obstante, el aumento de este tipo de actos no es exclusivo de D.C.

Un problema nacional

El año pasado, el número de crímenes de odio en nueve áreas metropolitanas de EE.UU. aumentó en un 20%, de acuerdo con el Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la Universidad Estatal de California.

De acuerdo con el centro, el incremento puede atribuirse tanto a una mayor confianza a la hora de reportar por parte de los ciudadanos como a la narrativa de la campaña presidencial del 2016.

Aunque cree que el Departamento de Policía está haciendo una buena labor con la comunidad, el director de IFC piensa que el número de crímenes de odio en D.C. genuinamente ha aumentado. Serotta dice que el discurso del presidente Donald Trump ha jugado un papel importante.

“Se le ha dado de alguna manera una mayor permisividad a la intolerancia para expresarse” dice el rabino.

Shareef está de acuerdo. “No solo tienen [los grupos de odio] una voz, sino que tienen una voz más potente, porque él [Donald Trump] está en la cima”.

El Imam Shareef asumio el liderazgo de Masjid Muhammad en el 2010.

​​La policía metropolitana de Washington no cree que exista ninguna correlación entre el diálogo nacional y lo que sucede a nivel local. “No lo hemos visto y por lo tanto no es nuestra realidad ahora mismo”, dijo el comandante Parson.

Mónica Palacio, la directora de la Oficina de Derechos Civiles del Distrito de Columbia, opina lo mismo. Aunque cree que el lenguaje del gobierno de Trump sí contribuye a que aumenten los hechos y el lenguaje discriminatorio a nivel nacional, no cree que este sea el caso para Washington.

“Somos una comunidad muy demócrata y tenemos lo que yo llamo un modelo nacional de inclusión” dice Palacio y añade que la ciudad es un oasis para muchos grupos de inmigrantes.

Los papás de Palacio son colombianos; vinieron a EE.UU. cuando ella tenía dos años huyendo de la época de violencia que vivía el país.

Ella cree que el odio de algunos sectores de la sociedad hacia personas como sus padres viene de un sentimiento de exclusión. “Gente que se siente que el movimiento progresista y el desarrollo del país los ha dejado atrás” dice Palacios. Un sentimiento del que, dice ella, se alimentó la campaña presidencial de Trump.

Shareef cree que para contrarrestar estas ideas lo que hace falta es educación. Él dice que la ignorancia también aviva el miedo: “a veces lo que no comprendemos, le tememos.”

Dice que, en el fondo, EE.UU. es una nación de libertad: “es un lugar que acepta a las personas y saca las mejores aspiraciones del ser humano”.