Biblioteca de Atlanta se lanza al rescate de los libros abandonados por la diáspora.

Carlos Carrasquero, un migrante venezolano amante de los libros y la literatura de su país, abrió en Atlanta la primera biblioteca dedicada al rescate de los libros abandonados por la diáspora venezolana.

Bibliocactus ya cuenta con 8.500 títulos y es el lugar en el que los migrantes venezolanos se reencuentran con los autores de su país. Carlos Carrasquero cuenta que, al llegar a Atlanta, tuvo que lidiar con la falta de libros en español de las bibliotecas públicas, lo que se convirtió en un motivo para crear el proyecto Bibliocactus.

Carlos estableció una red de vendedores que le enviaron libros usados a Atlanta desde diversas partes de Venezuela, como Barquisimeto, Caracas, Los Teques o Margarita. “En Venezuela todo el mundo estaba emigrando y una de las cosas que la gente deja son los libros, porque son muy pesados o ya los leyeron”, asegura Carlos a Venezuela 360 de la Voz de América.

Los envíos desde su país natal se demoraron más de lo esperado, pero poco a poco, las estanterías de la biblioteca se fueron llenando. Después de dos años de empezar el proyecto, Carlos logró reunir cerca de 8.500 libros en español importados de Venezuela y que vieron nacer a su sueño de niño: una biblioteca llamada Bibliocactus.

Pero esta no se trata de una biblioteca corriente, pues la palabra “venezolanidad” es usada como género para clasificar algunos de los libros. “Era muy especial para los venezolanos tener acceso directo a los autores de Venezuela”, asegura Carlos.

Entre las estanterías clasificadas a partir de este concepto, los lectores pueden encontrar a autores de otras épocas y a escritores coetáneos, como Angelina Peraza, Alberto Barrera Tyszka, Ibéyise Pacheco. “Estas novelas son muy contemporáneas a la situación que actualmente estamos viviendo en Venezuela, son muy reales para nosotros que estamos fuera,” comenta el barquisimetano.

Más que una biblioteca

Bibliocactus también es un punto de reunión para la comunidad en español, y un lugar de protección y transmisión de la literatura española. “Aquí en Bibliocactus se hacen muchas actividades, especialmente para los niños, para incentivarlos a no perder la lectura, sobre todo en español, porque después de estar aquí hablando inglés pierden un poco la costumbre de leer en español”, explica Genny Ospino, clienta de Bibliocactus.

“Es un excelente sitio de encuentro para los venezolanos, y los que no son venezolanos también. Hay mucha gente que viene acá que les gusta el idioma, el español", añade Rossini Rossillo, otro usuario de la biblioteca.

“Los libros han despertado un sentimiento de nostalgia”, explica Carlos. Ven libros que tenían años y décadas sin ver. Dicen “Eso lo leí en mi colegio cuando estaba en bachillerato, estos cuentos infantiles me los leía mi abuela”. A pesar de la distancia, en Bibliocactus la imaginación vuela al mismo ritmo que los recuerdos.