Unos cinco militantes suicidas, fuertemente armados, atacaron un complejo del ejército iraquí en Bagdad, matando a 12 personas e hiriendo a otras 36.

La policía iraquí dijo que los atacantes manejaron un minibús lleno de explosivos hasta la puerta trasera de la sede del comando militar Rustafa.

Dos de los hombres salieron del vehículo y arrojaron granadas mientras soldados iraquíes les disparaban, lo que hizo detonar sus chalecos suicidas.

Otros dos huyeron hacia un edificio adyacente e intercambiaron disparos con fuerzas de seguridad hasta que fueron dados de baja.

Los chalecos de los atacantes suicidas fueron desactivados posteriormente.

Un equipo estadounidense, experto en explosivos, ayudó a desactivar las bombas a pedido del ejército iraquí. Los militares estadounidenses dijeron que sus tropas también proveyeron cobertura aérea y terrestre para las fuerzas iraquíes durante la batalla. Cinco soldados iraquíes fueron muertos en el ataque.