El ex presidente de Perú, Alberto Fujimori, dijo el jueves que no es un asesino y que la presión en la ONU para lograr su extradición desde Japón por violación de los derechos humanos denota la desesperación del mandatario Alejandro Toledo y de su gobierno ante la falta de pruebas.

En un discurso en las Naciones Unidas, Toledo apeló el miércoles a Japón para que extradite a Fujimori, algo que Perú le solicitó en julio de 2003 para que responda por su presunta responsabilidad en la muerte de 25 personas durante su gobierno.

El llamado de Toledo "muestra claramente su desesperación, el gobierno peruano sabe que el tiempo pasa, sus argumentos son cada vez más débiles," dijo Fujimori en un mensaje grabado y transmitido por algunos medios de comunicación.