El lavado de dinero está perjudicando las economías de América Latina y el Caribe de diversas maneras, entre ellas, la pérdida de ingresos fiscales, el debilitamiento de los mercados financieros y el buen nombre de los países, sin mencionar la “distorsión” resultante en las economías de la región.

Éstos son los efectos negativos señalados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un estudio que será publicado en el curso de este año y cuyos resultados más relevantes se están anunciando parcialmente.

Las transacciones originadas por el lavado de dinero en la región se estima que representan entre el 2,5 y el 6,3 por ciento del producto interno bruto (PIB), el mayor rango regional. La cifra global sería de 2 a 5 por ciento.

Fuentes del BID explicaron que trabajan conjuntamente con la Organización de Estados Americanos (OEA) en los esfuerzos por promover programas contra el lavado de dinero, y cumplen las recomendaciones mundiales de la Fuerza de Acción Financiera (FATF), basada en París, a la cual pertenecen muchos de sus propios países miembros.