El expresidente de Ecuador Rafael Correa, quien reside en Bélgica, está en medio de un escándalo de sobornos de Odebretch.
El expresidente de Ecuador Rafael Correa niega los cargos en su contra y dice que todo es una persecución política.

Un sonado juicio por corrupción contra el expresidente Rafael Correa y otras 20 personas comienza este lunes en Ecuador, en medio de los esfuerzos de su sucesor, Lenín Moreno, de borrar su legado y establecer en el país un gobierno menos controlador de los poderes del Estado.

Correa y los otros acusados, como el exvicepresidente Jorge Glas, el secretario jurídico de la presidencia Alexis Mera y la ex ministra de Transporte y Obras Públicas María de los Ángeles Duarte, enfrentan cargos de aceptar y entregar sobornos.

La fiscalía acusó a Correa de dirigir su partido político, Alianza PAÍS, como una organización criminal, por canalizar millones en pagos de compañías privadas para llenar ilegalmente sus arcas de campaña.

Odebrecht ha quedado en el centro del escándalo de corrupción internacional del Lava Jato, que desde 2014 ha revelado el pago de sobornos a políticos de varios países a cambio de asegurarse contratos de obras públicas.
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El exvicepresidente Glas ya está cumpliendo una condena por organizar un esquema para recibir sobornos de la brasileña Odebrecht SA.

Correa, de 56 años y quien fue presidente de 2007 a 2017, reside en Bélgica con su esposa, no estará presente en el juicio, pero ha rechazado los cargos alegando que se trata de una cacería de brujas que pretende poner fin a su carrera en la política.

De hecho, Correa aspiraba a jugar un papel en las elecciones presidenciales y legislativas en febrero del año próximo, aspirando a un puesto en la legislatura, y el resultado de este juicio podría alterar todos sus planes.

Sin embargo, según los analistas, los procedimientos de juicio y apelación podrían alargar el proceso hasta fines de 2020 y más, por lo que una elección de Correa a la legislatura lo investiría de una inmunidad para ser procesado.

El actual presidente de Ecuador, Lenín Moreno, quien fue su vicepresidente y se esperaba que mantuviera su línea de gobierno, lleva tres años tratando de eliminar muchas políticas de Correa, como restaurar la independencia de la rama judicial y ampliar las libertades restringidas a la prensa.

 

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Moreno reemplazó además la política de gastos de su antecesor con un programa de austeridad que ha causado malestar entre la población y su popularidad actual rodea el 20 por ciento.

También enfrenta dificultades para tranquilizar a los inversionistas de bonos y al Fondo Monetario Internacional. Correa, por su parte llevó al país a un incumplimiento de pagos de los bonos por valor de 3.200 millones de dólares en 2008.