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Estudio: Segregación residencial impacta la presión arterial

  • Voz de América - Redacción

Autores de un estudio oficial dicen que mejorar el acceso a recursos y ayudar a la gente a mudarse a vecindarios no segregados puede mejorar la salud ciudadana.

La segregación residencial contribuye al aumento de la presión arterial en adultos negros, mientras que el alejamiento de vecindarios segregados la disminuye en forma significativa llevando a reducciones de ataques cardíacos y derrames cerebrales, confirma un estudio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés).

La investigación, reportada en la edición de mayo de la revista JAMA Internal Medicine, ofrece nueva evidencia de que las políticas para reducir la segregación racial residencial podrían tener beneficios de salud significativos, especialmente para los afroestadounidenses, quienen tienen las más altas tasas de hipertensión de todos los grupos raciales de Estados Unidos.

La segregación residencial, es decir la separación de grupos en vecindarios de acuerdo a la raza, ha sido desde hace mucho tiempo identificada como una causa mayor de disparidades de salud entre blancos y negros. Este es el primer estudio que explora si el aumento o la reducción de la segregación residencial afecta específicamente la presión arterial.

"Nuestro estudio sugiere que el estrés y el acceso inadecuado a recursos de promoción de la salud asociados con la segregación podría jugar un papel en esos aumentos de presión arterial", explica el doctor David Goff, director de la División de Enfermedades Cardiovasculares en el Instituto Nacional del Corazón, Pulmones y la Sangre (NHLBI por sus siglas en inglés), que es parte de los NIH.

"Aunque el estrés aumenta la presión arterial, el acceso a recursos de promoción de la salud, como automercados grandes, centros de recreación y clínicas de salud; es crítico para mantener la presión arterial en niveles saludables", señala Goff.

Los investigadores examinaron la presión arterial de 2.280 afroestadounidenses de 18 a 30 años, que participaron en el estudio Coronary Artery Risk Development in Young Adults (CARDIA). Los participantes fueron inicialmente revisados en 1985 y 1986, y luego reexaminados varias veces a lo largo de 25 años.

La segregación de sus vecindarios fue dividida en categorías alta, media y baja, basada en una escala que comprar el porcentaje de vecinos negros en un vecindario con el área circundante.

El estudio reveló que cuando los vecindarios eran más segregados, los participantes experimentaban pequeños pero estadísticamente significativos aumentos en la presión arterial sistólica. Por el contrario, las reducciones en segregación mostraron una notable declinación en la presión arterial.

Las mejoras más significativas fueron experimentadas por aquellos que inicialmente vivían en vecindarios altamente segegados y se mudaron a áreas menos segregadas. Su presión arterial sistólica bajó de 3 a 5 mm Hg (milímetro de mercurio alto).

Kiarri Kershaw, profesora asistente de medicina preventiva en Facultad de Medicina de la Universidad Northwestern, autora principal del estudio, dice que ese "es un efecto poderoso".

"En términos de impacto, 1 mm Hg de la presión arterial sistólica al nivel de población podría resultar en significativas reducciones de ataques cardíacos, derrames cerebrales y fallas cardíacas", señala la científica.

Los resultados persistieron incluso después de que los investigadores tomaron en cuanta el estatus marital, el índice de masa corporal, el consumo de cigarrillos, los niveles de actividad física y el estatus socioeconómico de sus comunidades.

"Estudios longitudinales de largo plazo como el CARDIA hacen posible esta investigación y son vitales para que podamos demostrar las causas de enfermedades crónicas como las enfermedades del corazón", dice el doctor Goff. "Solo entendiendo las raíces del problema podemos promover efectivamente la salud y la equidad sanitaria a nivel social", agrega el experto.

Kershaw y los demás autores del estudio concluyeron que mejorar el acceso a los recursos para quienes viven en vecindarios segregados, así como las oportunidades para que los residentes de esas áreas se muden a lugares con mejores acceso a los recursos, podría ayudar a reducir las persistentes disparidades raciales de salud.

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