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La ONU, preocupada por la legalización de la marihuana "medicinal" y "recreativa"


Un cliente adquiere marihuana en uno de los dispensarios legales que existen en el estado de California. Aunque los gobiernos estatales los ha autorizado, el gobierno federal continúa considerando la marihuana una droga ilegal. Foto de archivo del 1 de enero de 2018.

Las Naciones Unidas mostró este jueves su preocupación por la legalización del uso “médico”o -peor aún- “recreativo” de la marihuana, una droga que el organismo sigue considerando “de entrada” a otros estupefacientes más peligrosos como la cocaína y la heroína.

“En muchos países se ha prestado gran atención al problema del consumo de sustancias por los jóvenes, y esa atención puede llevar a los jóvenes a percibir que el consumo de sustancias es normal, es decir, que «todos lo hacen»”, afirmó la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) en su informe anual, que fue publicado hoy.

La JIFE es la agencia de la ONU encargada con el monitoreo de las sustancias base para la fabricación de drogas

“Las leyes promulgadas recientemente en determinados países por las que se autoriza el uso del cannabis con fines medicinales y, últimamente, también su uso no médico o «recreativo», la despenalización del consumo del cannabis en otros y la facilidad con que se pueden adquirir diversas sustancias psicoactivas podrían disminuir el riesgo percibido por algunos jóvenes en relación con las consecuencias sociales, emocionales o físicas”, añade el reporte.

La JIFE agrega que esas impresiones falsas pueden llevar a los jóvenes a iniciarse en el consumo: "Los gobiernos y la sociedad han aprendido de la historia del consumo del tabaco lo importante que es evitar, mediante intervenciones y políticas de prevención, que los niños y los jóvenes comiencen a consumir sustancias psicoactivas”.

Para su pesar, en el mayor mercado consumidor de drogas del mundo, Estados Unidos, las administraciones estatales han cedido a las presiones y han adoptado nuevas leyes que permiten el cultivo para uso personal de la marihuana, así como su cultivo comercial para “usos medicinales”. Algunos estados han aprobado incluso su uso “recreacional”.

Todo esto, concluye la JIFE, envía un mensaje erróneo a la juventud.

Y es que, según las estadísticas de JIFE, existe un patrón. Los niños de entre 16 y 19 años empiezan con el tabaco y el licor. Entre los 20 y 24 años pasan a lo que se considera la “droga de entrada”. Los mayores de 24 años que ya han sido expuestos al tabaco y la marihuana, dan luego el salto a la cocaína, la heroína y las anfetaminas.

El reto de las drogas sintéticas

El otro gran reto que han encontrado en la lucha contra las drogas, ha sido en la fiscalización de las materias primas para la elaboración de cocaína, heroína y anfetaminas o “drogas sintéticas”. Muchos de estos químicos son controlados y solo puede adquirirse para fines legales.

Cada país suscriptor de las convenciones internacionales debe informar a JIFE de las cantidades de esas materias primas controladas que sus industrias necesitarán cada año. La demanda de estos productos no puede exceder luego la cantidad prevista por el gobierno, sin que se levanten banderas de alarma.

Pero el esfuerzo por controlar estos químicos tiene dos riesgos. Primero está el del desvío, es decir los químicos que son ordenados por una empresa que tiene un uso legítimo para ellos, pero que “por unos dólares más” aceptan desviarlos a laboratorios ilegales de fabricación de drogas. En algunos casos, los químicos son re exportados a terceros países.

Es así que en Sudamérica se han registrado varias confiscaciones de cantidades significativas de este tipo de productos. En Colombia y Brasil se han incautado varias toneladas de efedrina y pseudoefedrina, usados para la elaboración de anfetaminas. Argentina ha sido en América Latina, uno de los países que mayor esfuerzo ha puesto en el combate al tráfico de químicos base o “precursores” de las drogas.

En el 2016 se promulgó una ley por la que se establecieron penas más duras para la desviación intencionada de precursores y se promulgó una ley por la que se establecieron herramientas para investigar, prevenir y combatir los delitos complejos.

El otro riesgo es que algunos de esos químicos "precursores" están ya siendo elaborados a partir de sustancias que no son controladas. Esto hace más difícil las labores de fiscalización de los "precursores" de la droga. Y cuando los peritos de las agencias policiales terminan de identificar una nueva fórmula de una anfetamina, los narcos ya han inventado varias nuevas fórmulas y las han puesto en circulación en las calles.

Centroamérica, una escala para el tráfico ilegal

Una de las áreas duramente afectada por el tráfico de drogas procedentes de América del Sur ha sido Centroamérica, en donde la costa del caribe, por su escaso desarrollo ofrece amplias regiones con poca presencia gubernamental, donde abundan las pistas clandestinas de aterrizaje, donde aviones procedentes del Sur hacen escala para recargar combustible y distribuir la carga con destino a Estados Unidos, principalmente, pero también hacia Europa.

La alta rentabilidad del negocio de las drogas permite que las pandillas involucradas en el narcotráfico en Centroamérica dispongan de enormes cantidades de recursos que les permiten adquirir armamento que vuelven el fenómeno en algo de alta peligrosidad. Ese fenómeno a su vez ha empujado a miles de familias a buscar refugio en Estados Unidos. Muchos son los que solicitan asilo político asegurando ser perseguidos por las maras narcotraficantes de El Salvador, Honduras y Guatemala.

La JIFE también expresó su preocupación por la crisis de los opiáceos en Estados Unidos, donde el uso de los analgésicos a base de opio ha desatado una epidemia de adicción y casos de sobredosis. El caso ha captado la atención del gobierno de Estados Unidos y se ha logrado una leve reducción de los casos de sobredosis a partir del 2018.

La crisis de adicción a los opiáceos que azota a EE.UU. se cobró 70.237 muertes por sobredosis en 2017, según el último recuento oficial divulgado.
La crisis de adicción a los opiáceos que azota a EE.UU. se cobró 70.237 muertes por sobredosis en 2017, según el último recuento oficial divulgado.

Otra fuente de preocupación es la cada vez mayor producción de heroína y otras drogas provenientes de Afganistán. Ahí el cultivo del opio es la ocupación de cientos de miles de campesinos. Además de heroína, los afganos están produciendo ahora anfetaminas, las cuales son preparadas no con los químicos tradicionales, que están controlados, sino con ingredientes silvestres afganos ampliamente disponibles en ese país.

La producción de heroína en Afganistán se ha mantenido a pesar de 19 años de presencia de tropas estadounidenses que se han enfocado en el combate a grupos terroristas que atacan al gobierno y la población civil. Las tropas, lamenta el informe, no han realizado ningún esfuerzo por erradicar el cultivo de opio, que es tan tradicional como el cultivo del arbusto de Coca en la región andina.

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