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Nogales y Nogales, dos ciudades preocupadas por las políticas migratorias

  • Ramon Taylor - Washington, DC

La frontera entre México y Estados Unidos vista desde la ciudad de Nogales, Arizona, EE.UU., el 31 de enero, 2017.

Para ir de Nogales, Arizona, en Estados Unidos a Nogales, Sonora, en México, hay que poner los bolsos en una cinta transportadora para que sean inspeccionados y pasar a través de oxidadas barreras de metal que separan las dos Nogales. Las autoridades mexicanas no requieren identificación.

Es un viaje fácil que habla de la tranquila y vibrante cultura compartida por las dos ciudades, en ambos lados de la frontera. Han estado separadas por una valla, una de las primeas en la frontera, durante casi 100 años. Divide la calle que las separa, pero no el espíritu que las une.

Ahora ambos lados temen que su relación esté en peligro si cambia la política de inmigración en Estados Unidos hasta el punto en que la deportación de inmigrantes indocumentados aumente dramáticamente. Muchos ciudadanos mexicanos que son deportados de Estados Unidos son dejados en Nogales, México.

El alcalde mexicano Temo Galindo dice que su ciudad recibe entre 50 y 70 deportados por día, pero no sería sorprendente que esos números aumenten 10 veces más. “La cifra puede aumentar entre 500 y 700 por día, lo que ha sucedido antes”, dice.

Un hombre en Nogales, Sonora, México, mira a través de la valla fronteriza hacia Nogales, Arizona, el 31 de enero, de 2017.
Un hombre en Nogales, Sonora, México, mira a través de la valla fronteriza hacia Nogales, Arizona, el 31 de enero, de 2017.

“Esta no es gente de Nogales”, dice el reportero local Felipe Ortíz Alor. “Esta es gente de otros estados del país”. Agrega que muchos de ellos fueron deportados porque eran culpables de cometer serios crímenes en Estados Unidos. Entonces, inmediatamente crean un problema de seguridad, indica, seguido rápidamente por un problema humanitario.

“Cómo alimentar a toda esa gente, cómo darles trabajos y acomodarlos, porque no todos son criminales”, dice Alor. “Tienen que sobrevivir aquí”, agrega.

No solo Nogales sufre

Nogales, México, que tenía una población de casi 213.000 habitantes en 2010, es un centro manufacturero para empresas extranjeras, incluyendo las de Estados Unidos, y también un punto de tránsito para productos agrícolas exportados a Estados Unidos.

Pero el negocio que podría ser más impactado por la llegada de deportados es el turismo. Nogales es un punto de entrada clave para turistas estadounidenses, que van a comer, beber y a comprar.

Al mediodía, las calles están llenas de gente, y el sonido de la música norteña llena el aire junto con los olores de tacos y elotes proveniente de los carros de venta de comida.

El alcalde de Nogales, Sonora, Temo Galindo se lustra los zapatos en la calle frente a la alcaldía. (Foto: R. Taylor/VOA)
El alcalde de Nogales, Sonora, Temo Galindo se lustra los zapatos en la calle frente a la alcaldía. (Foto: R. Taylor/VOA)

El alcalde Galindo, quien junto con su equipo de comunicación usan chalecos azul marino, se detiene para lustrarse los zapatos mientras conversa con la Voz de América sobre lo que está en juego. Dice que la posición del presidente estadounidense “pone en riesgo la intensidad del intercambio comercial que tenemos”.

Y advierte que Nogales, México, no es el único Nogales que será afectado. “Dicen que por cada dólar que un estadounidense gasta aquí en Nogales, Sonora, un mexicano de aquí gastará hasta cinco dólares en Nogales, Arizona”.

Cuando el polvo se asiente…

El alcalde de Nogales, Arizona, John Doyle, dice que las dos ciudades tienen una relación construida en base a respeto mutuo y a sus intereses económicos en común. Pero agrega que el temor se cierne actualmente sobre ambas comunidades, especialmente la mexicana.

El alcalde de Nogales, Arizona, John Doyle exhibe una foto suya junto a su contraparte de Nogales, México. A la izquierda, una foto suya junto al secretario de Seguridad Nacional, John Kelly. (Foto: R. Taylor/VOA)
El alcalde de Nogales, Arizona, John Doyle exhibe una foto suya junto a su contraparte de Nogales, México. A la izquierda, una foto suya junto al secretario de Seguridad Nacional, John Kelly. (Foto: R. Taylor/VOA)

“La gente que tiene documentos legales para cruzar y hacer compras y hacer lo que van a hacer está un poco preocupada. ¿Vamos a ser intimidados? ¿Vamos a ser maltratados? ¿Van a pedirnos documentos sin razón alguna?”

Aproximadamente una décima parte del tamaño de su ciudad vecina mexicana, Nogales, Arizona, es también más tranquila. Sus montañosas calles del centro están llenas de carteles bilingües de casas de empeño y cambios de moneda.

Debido a su ubicación, la ciudad canaliza miles de millones de dólares en productos agrícolas y artículos manufacturados de México hacia el resto de Estados Unidos. Otro motor económico —-en sentido competitivo— es el Departamento de Seguridad Nacional que emplea a miles de personas en sus agencias de patrulla fronteriza y aduanas.

Doyle reconoce que la ciudad pasó por un mal momento después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 debido a la relación de la patrulla fronteriza con la comunidad inmigrante.

“Ahora este es otro paso del que probablemente salgamos cuando el polvo se asiente”, dice el alcalde Doyle. “Y tengo la esperanza de que el temor desaparezca”.

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