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Partido oficialista de Zimbabue expulsa a Mugabe


Robert Mugabe, en una ceremonia de graduación estudiantil en la Universidad Abierta de Zimbabwe, en las afueras de Harare, Zimbabwe, el 17 de noviembre de 2017.

El presidente Robert Mugabe fue destituido el domingo como líder del partido oficialista de Zimbabue ZANU-PF en una decisión que lo obligará a poner fin a sus 37 años en el poder, después que su gobierno terminó en la práctica hace cuatro días cuando el Ejército tomó el control.

Mugabe fue reemplazado por Emmerson Mnangagwa, el vicepresidente destituido recientemente por el líder ahora caído en desgracia, dijeron a Reuters fuentes de una reunión especial del partido gobernante ZANU-PF que decidiría el destino del presidente.

“Fue expulsado”, dijo a Reuters uno de los delegados a la reunión. “Mnangagwa es nuestro nuevo líder”, añadió. La esposa de Mugabe, Grace, que albergaba la ambición de suceder a Mugabe, también fue expulsada del partido.

En declaraciones antes de la reunión, el líder de los veteranos de guerra Chris Mutsvangwa dijo que Mugabe, de 93 años de edad, se estaba quedando sin tiempo para negociar su salida y debería abandonar el país mientras pudiera. “Está tratando de negociar una salida digna”, señaló.

Mutsvangwa planteó además la amenaza de convocar a protestas callejeras si Mugabe rechazaba irse, declarando a periodistas que “traeremos de vuelta a las masas y ellas harán lo que tienen que hacer”.

Mnangagwa, un exjefe de seguridad del Estado conocido como “El Cocodrilo”, está en la línea para encabezar un gobierno interino de unidad que se enfocará en reconstruir vínculos con el extranjero y estabilizar una economía que está en caída libre.

El Ejército tomó el control el miércoles pasado y confinó al líder a su residencia. El sábado, decenas de miles de zimbabuenses no necesitaron un anuncio oficial de la esperada caída del presidente para salir a las calles de Harare cantando, bailando y abrazando a los soldados en una demostración de euforia, emocionados por un posible cambio político y económico tras dos décadas de represión y dificultades cada vez mayores.

Único gobernante que Zimbabue conoce desde su independencia de Reino Unido en 1980, Mugabe es admirado por algunos en África como un veterano estadista y héroe anticolonial. Pero muchos más dentro y fuera del país lo ven como un dictador dispuesto a recurrir a la violencia para retener el poder y hundir una economía que en el pasado fue prometedora.

El presidente Robert Mugabe, de 93 años, está bajo arresto domiciliario desde la intervención del ejército el martes. Esta medida se tomó luego de que el mandatario cesó a su vicepresidente desde hace años, lo que provocó temores de que estuviese posicionando a su impopular esposa para sucederlo. Se dice que Mugabe pidió más tiempo durante las negociaciones para su marcha. El ejército se ha referido a él como presidente y permitió una aparición pública el viernes en una ceremonia de graduación universitaria, donde recibió un aplauso cortés.

El ejército

El jefe de ejército de Zimbabue amenazó con intervenir el lunes, después de que Mugabe destituyó al vicepresidente Emmerson Mnangagwa, y al día siguiente lo hizo. En una imagen extraordinaria, el jueves los medios estatales publicaron fotos del general Constantino Chiwenga estrechando la mano de un sonriente Mugabe en la cámara estatal mientras continuaban las negociaciones con líderes regionales. Las partes volverán a reunirse el domingo. El ejército está intentando no ofrecer una imagen de golpe de Estado, que podría derivar en sanciones regionales y afectar a la posición del país con los inversionistas extranjeros.

El partido gobernante

Entre vítores y cánticos, los miembros del Comité Central del partido gobernante ZANU-PF mantuvieron una reunión extraordinaria el domingo para destituir a Mugabe como líder de la formación. Además quieren la retirada de la primera dama y la readmisión del cesado Mnangagwa. El partido podría presionar para abrir un juicio político cuando el Parlamento reanude su actividad el martes.

El pueblo

Varios miles de personas salieron a las calles de la capital, Harare, para exigir la salida de Mugabe y los alborozados zimbabuenses experimentaban una rara libertad de expresión en medio de la incertidumbre política. La manifestación del sábado fue autorizada por el ejército y contó con participantes de todo el arco político, desde veteranos de guerra que en su día fueron férreos partidarios del presidente a activistas de la oposición acostumbrados a la represión policial durante años. Los medios estatales cubrieron los actos con titulares como “#MugabeMustGo!” (“¡#MugabeDebeIrse!).

Mnangagwa huyó del país poco después de su despido y se desconoce su paradero. Se espera que lidere el nuevo gobierno y sus seguidores dicen que realizará una aparición pública una vez se pacte la salida del actual presidente. Líderes opositores de alto perfil, como Morgan Tsvangiari, que compartió el poder con Mugabe entre 2009 y 2013 antes de perder unas disputadas elecciones, podrían tener algún papel en el nuevo ejecutivo, aunque dijeron que no fueron consultados por quienes participan en las conversaciones con Mugabe.

La primera dama

Grace Mugabe ha estado apartada de la escena pública, literalmente, desde el inicio de la intervención militar. Aunque en su día solía acompañar a su esposo en todos los actos públicos, no ha sido vista desde hace días.

La temperamental primera dama, que es profundamente impopular entre muchos zimbabuenses por sus gastos, no estuvo con Mugabe el viernes y no aparece en las fotografías de las negociaciones. A pesar de los rumores sobre su salida del país, se cree que sigue bajo arresto domiciliario.

Con información de AP y Reuters

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