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Israel refuerza seguridad en Jerusalén ante protestas de palestinos


La policia fronteriza israelí patrulla un callejón de la ciudad vieja de Jerusalén, durante las oraciones del viernes, mientras los palestinos llaman a un "día de ira" en respuesta al reconocimiento de Jerusalén por parte de EE.UU.

Israel desplegó el viernes refuerzos policiales en el barrio histórico de Jerusalén y sus alrededores, en previsión de protestas palestinas contra la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer la disputada ciudad como la capital israelí.

Fieles ondean la bandera palestina durante protestas tras las oraciones del viernes en el complejo conocido para los musulmanes como el Noble Santuario y para los judíos como Templo del Monte en la ciudad vieja de Jerusalén, el viernes, 8 de diciembre de 2017.
Fieles ondean la bandera palestina durante protestas tras las oraciones del viernes en el complejo conocido para los musulmanes como el Noble Santuario y para los judíos como Templo del Monte en la ciudad vieja de Jerusalén, el viernes, 8 de diciembre de 2017.

Grupos políticos palestinos convocaron manifestaciones masivas en Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza tras las plegarias del viernes, el momento más señalado de la semana religiosa musulmana. Por otro lado, el líder del grupo armado Hamas, con sede en Gaza, ha llamado a una tercera intifada contra Israel.

La red extremista Al Qaeda, a su vez, instó a sus seguidores en todo el mundo a atacar los intereses de Estados Unidos, sus aliados e Israel con un comunicado en su red de medios, as-Sahab.

El drástico cambio de política anunciado esta semana por Trump también despertó indignación en otros lugares del mundo árabe y musulmán, incluidos países aliados como Jordania y Egipto.

El viernes se esperaban marchas en toda la región. Cientos de musulmanes protestaron en Indonesia y Malasia ante las embajadas de Estados Unidos.

Washington ha declarado ser neutral durante décadas en la cuestión del futuro de Jerusalén, en línea con un consenso internacional de que el destino de la ciudad sagrada debe decidirse en negociaciones.

Los palestinos reclaman Jerusalén Este, anexionada por Israel en 1967, como capital de un futuro estado. Allí se encuentran importantes santuarios musulmanes, judíos y cristianos. Israel reclama toda Jerusalén como su capital.

Las demandas contrapuestas son una pieza central del conflicto israelí-palestino y a menudo han desencadenado mortales episodios de violencia.

Todos los ojos estaban puestos el viernes en el barrio histórico de Jerusalén, donde se encuentra el recinto de la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado del mundo para los musulmanes y levantado sobre los restos del templo más sagrado para los judíos. Uno de los muros exteriores del complejo es el lugar más importante donde pueden orar los judíos.

En el pasado las autoridades israelíes han impuesto restricciones por edad en épocas de tensión para impedir el acceso al complejo a musulmanes jóvenes.

La policía dijo el viernes que no se habían introducido límites de edad para los fieles musulmanes, pero que los agentes responderían a cualquier desorden.

Tras el anuncio de Trump el miércoles, grupos palestinos han pedido tres “días de ira” como respuesta.

Miles de palestinos protestaron el jueves y chocaron con fuerzas israelíes en Jerusalén Este y Cisjordania. En la Franja de Gaza, los manifestantes quemaron banderas estadounidenses y carteles con el rostro del presidente de Estados Unidos y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Docenas de palestinos resultaron heridos en los enfrentamientos, la mayoría por inhalación de gas lacrimógeno. Las tropas recibieron instrucciones de emplear la mínima fuerza posible y evitar una escalada de la situación, según un militar israelí que habló bajo condición de anonimato.

La declaración de Trump sobre Jerusalén rompió con décadas de estrategia estadounidense y renegó de las garantías internacionales sobre un destino negociado para la ciudad.

Aunque el mandatario estadounidense insistió en que la decisión pretendía reconocer la realidad actual, y no influir en las negociaciones sobre la situación de la ciudad, conlleva un profundo simbolismo y los palestinos lo interpretaron como que Washington se ponía del lado de Israel.

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