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Veterano de guerra celebra el orgullo LGBTQ

  • Jesenia De Moya

En la avenida Connecticut con Dupont Circle, en la capital de Estados Unidos, Joshua Francovitch estacionó la SUV que compró en 2015 para ponerse en contacto con sus recuerdos del servicio militar, donde tuvo que ocultar que era homosexual por más de cuatro años. Dice que llevar la vieja Chevrolet para que la gente la decore en espacios públicos es parte de un proyecto de terapia personal.

“Yo siento que esto [el vehículo] soy yo. Literalmente, yo. Y quiero que la gente sea parte de esto. Es algo interactivo”, explica Francovitch, quien cree que esta es la mejor forma de establecer una conexión entre su experiencia en la milicia y su experiencia en sociedad.

A un año del tiroteo masivo en el club Pulse de Orlando, Florida, activistas LGBTQ vuelven a las calles para expresar su descontento por la falta de derechos para los miembros de la comunidad. En especial porque el presidente Donald Trump no se ha pronunciado a favor de las libertades LGBTQ, ni declaró el mes en celebración nacional, lo que muchos han interpretado como un retroceso en el reconocimiento que se habría logrado en años anteriores.

Para este veterano de guerra, los derechos son definidos por la propia comunidad, por lo que cree que no habrá retroceso y que nadie, ni siquiera el presidente, va a pujar en contra de las libertades que ya tienen establecidas.

“Nosotros no estamos dentro del radar de Trump. Ya hemos logrado mucho: revocaron Don’t ask, don’t tell, nos beneficiamos de la posibilidad de casarnos. Es difícil quitarnos los derechos cuando ya nos los han dado”, dice Francovitch montado sobre la M1009 que, al igual que él, tuvo su propia carrera militar.

Vida y carrera militar

Francovitch nació en Baltimore, Maryland, en 1982 y sigue viviendo allí. Comenzó su carrera militar en 2004 con las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos. Recuerda que durante su carrera militar tuvo que dejar a un lado su orientación sexual para poder cumplir con su contrato en la milicia. Dice que otros no corrieron con la misma suerte que él.

“En lo que estuve en entrenamiento, hubo cuatro muchachos que los echaron por ser homosexuales. Les arruinaron la vida”, dice el joven que sirvió 454 días en total durante dos operaciones en Irak y Afganistán.

Tras completar estudios en ingeniería eléctrica, ahora se dedica a proveer servicios de tecnología de la información para una compañía de telecomunicaciones. Hoy siguen sus botas de guerra sobre el bómper delantero de la Chevy.

Proyecto de arte M1009

Francovitch compró la Chevrolet Blazer K5 M1009 del año 1989 en octubre de 2015. Solía ser propiedad de las Fuerzas Aéreas, registrada a una base del cuerpo militar en el estado de Nevada. Según dice, no necesitaba un vehículo, pero era la oportunidad para comenzar su proyecto.

“Es perfecta”, recuerda que se dijo en el momento que localizó la SUV, en los suburbios de Cincinnati. Pagó $3,000 dólares a un inmigrante ucraniano, quien había pintado la Chevy con Rhino Liner, material que le permite que la gente escriba y dibuje sobre el vehículo con tiza. Hasta el momento, ha invertido $6,500 en reparaciones y le ha colocado una nueva transmisión.

Dice que el verdadero goce está cuando regresa a casa para lavar la Chevy, cuando lee las ocurrencias de la gente.

El próximo paso: conectar con otros vía redes sociales. “He creado un perfil en Instagram para tomarle fotos [al vehículo] después de cada evento”, explica Francovitch sobre la nueva etapa del proyecto.

Introvertido ante la cámara, el fundador de @spectrarttruck define su proyecto como “el bus de arte ambulante que trae sonrisas”.

“Esto me permite ser yo mismo. Parte de lo que me ayuda es el arte, así que es mi propia voz, una forma de expresarme abiertamente”, reflexiona.

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