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Contienda electoral en presidenciales de Costa Rica


Fabricio Alvarado, candidato presidencial del ultraconservador Partido de Restauración Nacional, se dirige a sus seguidores junto a su esposa e hija durante un mitin en San José. Febrero 4, 2018. REUTERS/Juan Carlos Ulate

Un diputado evangélico y un novelista de izquierda se enfrentarán por la presidencia de Costa Rica en una segunda vuelta, en una muestra de la creciente influencia del protestantismo en el debate político latinoamericano.

El cantante y expresentador de televisión Fabricio Alvarado Muñoz se impuso el domingo en las urnas, pero lejos del 40 por ciento que le hubiese dado el triunfo inmediato, por lo que se medirá en un balotaje el 1 de abril con el oficialista Carlos Alvarado Quesada, periodista y excantante de rock progresivo.

El ascenso del aspirante evangélico en Costa Rica muestra que sigue habiendo apetito electoral por candidatos alternativos en América Latina -donde este año también hay presidenciales en Brasil, México, Colombia, Venezuela y Paraguay- y cómo la religión podría volver a jugar de nuevo papel clave electoral.

“Los grupos evangélicos han desarrollado una nueva capacidad institucional para influenciar la política”, dijo Javier Corrales, profesor de ciencia política en Amherst College, que ve este auge conservador como reacción a los recientes éxitos de colectivos de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT) en defender sus derechos en la región.

En Costa Rica, el disparador fue un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que obliga a Costa Rica a legalizar el matrimonio homosexual, lo que cambió el foco de la campaña hacia “los valores”, opacando urgentes problemas del país como el creciente déficit fiscal o la criminalidad récord.

Con su amenaza de sacar al país de la Corte para defender la “soberanía”, Fabricio Alvarado se convirtió en un fenómeno electoral que capitalizó el voto ultraconservador de un país con un 70 por ciento de católicos y un 15 por ciento de evangélicos.

“Todo vestigio de ideología de género será eliminado de las políticas públicas de Costa Rica”, dice el plan de gobierno de Alvarado Muñoz, quien el domingo prometió ante sus emocionados seguidores que la familia tradicional volverá a ser “la base fundamental de la sociedad”.

El carismático salmista obtuvo un 24,9 por ciento de los votos, mientras que su partido Restauración Nacional (PRN) habría logrado 14 diputados en la Asamblea, un contundente avance respecto al único curul que él mismo ocupaba desde 2014, según cifras casi definitivas de la autoridad electoral.

¿PROGRESISMO?

El avance de los Alvarado, que no son familia, también terminó de quebrar el bipartidismo que dominó la estable nación desde mediados del Siglo XX: por primera vez, ninguno de los dos partidos históricos -Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana- competirán por el poder en segunda vuelta.

Fabricio Alvarado, de 43 años, ganó visibilidad al frente de un grupo de diputados evangélicos que se dedicó a obstaculizar la agenda progresista del actual presidente Luis Guillermo Solís, oponiéndose a la unión de parejas del mismo sexo, la fertilización in vitro y la educación sexual en las escuelas.

“No vamos a mentir: quienes sean parte de nuestro gabinete deben ser consecuentes con lo que hemos dicho respecto al tema del matrimonio (...) y contra el aborto”, dijo el exreportero de sucesos el lunes, agregando que retomará su agenda electoral tras unos días que dedicará a su esposa y dos hijas.

Pero Costa Rica no es un caso aislado en Centroamérica, una de las zonas más conservadoras de América, según sondeos, donde la multiplicación de los fieles protestantes ya se sintió en la arena política guatemalteca ayudando al humorista evangélico Jimmy Morales a ganar la presidencia en 2015.

Según un estudio del centro Pew de 2014, casi un quinto de los latinoamericanos se identifican con algún culto protestante, la mayoría pentecostales, quienes creen en las revelaciones de Dios, como las profecías y la sanación milagrosa.

La prédica moral de Fabricio Alvarado en un país con un 70 por ciento de católicos y un 15 por ciento de evangélicos, ha dejado en clara inferioridad a su rival para la presidencia, quien protagonizó su propio fenómeno electoral: la remontada.

Carlos Alvarado Quesada, periodista, exministro y premiado escritor de 38 años, corrió casi toda la campaña por debajo en las encuestas hasta que la amenaza conservadora animó a sus bases, decepcionadas por los escándalos de corrupción que salpicaron al Gobierno de Solís.

El exvocalista de la banda de rock progresivo Dramatika, que logró el 21,7 por ciento de los votos, ha prometido mantener algunos planes del actual gobierno, donde ocupó las carteras de Desarrollo Social y de Trabajo, incluyendo la estancada reforma fiscal que amenaza con descarrilar la economía.

Pero el joven aspirante tendrá cuesta arriba captar los votos del empresario Antonio Álvarez Desanti, quien aceptó su derrota con un 18,6 por ciento de los votos, y del resto de candidatos, mayoritariamente conservadores.

“¿Qué es ideología de género? Uno lo pregunta y la gente no sabe definirla. Mi mejor definición es un conjunto de etiquetas y miedos para deslegitimizar las discusiones importantes que tiene que dar la sociedad”, dijo el lunes Carlos Alvarado.

Reuters

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