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América Latina se debate entre gobiernos solidarios o austeros


Archivo - Un manifestante ondea una bandera chilena mientras recibe el impacto de un cañon de agua, en Santiago, Chile, el 31 de octubre de 2019.

Las pedradas, incendios, muertos y heridos que se han registrado en las últimas semanas en distintos puntos de América Latina son los síntomas de una lucha entre los que siguen apostando a las economías de libre mercado y a los que quieren crear, o en otros casos preservar, enormes aparatos estatales que equivalen a grandes gobiernos paternalistas que le resuelven la vida a la población.

En Ecuador, los partidos y movimientos de izquierda dieron una violenta batalla para que se mantuvieran los subsidios al combustible, que el gobierno considera insostenible. En Chile, se pretende cambiar el sistema de libre mercado por uno que ofrezca redes sociales que resuelva los problemas a quienes no logran recibir los grandes beneficios de una economía que ha hecho de Chile el modelo a seguir, según la derecha latinoamericana.

Y según analistas, esto no es un movimiento espontáneo, sino que está siendo promovido desde afuera. Y desde Venezuela, tanto el presidente en disputa, Nicolás Maduro, como el segundo al mando, Diosdado Cabello, se han vanagloriado de la desestabilización en Ecuador y Chile. Se han declarado “alegres” ante lo que han llamado las “brisas bolivarianas”.

“Hay de alguna forma una estrategia por parte de una izquierda latinoamericana que busca de alguna forma desestabilizar un poco la situación de la región”, explicó la analista Antonella Marty, directora asociada del Centro para América Latina del Atlas Network.

En Bolivia, la oposición está amenazando con prenderle fuego al país a menos que renuncie el presidente Evo Morales, el extrabajador de la hoja de coca que llegó a la cima del poder sobre la ola de populismo de izquierda que impulsó el fallecido Hugo Chávez, de Venezuela. La oposición en Bolivia quiere poner fin a más de una década de lo que considera un gobierno autoritario, despilfarrador y corrupto.

En Argentina, el presidente Mauricio Macri sufrió la semana pasada una derrota ante el peronista Alberto Fernández, quien llevó como candidata a la vicepresidencia a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuyo gobierno fue parte de la alianza de países que se adscribieron al movimiento de izquierda encabezado como Venezuela como “Socialismo del Siglo XXI”.

En Venezuela, mientras tanto, el país con las mayores reservas de petróleo y oro del mundo, continúa viendo a sus ciudadanos abandonar el país en masas, prefiriendo la incertidumbre del exilio, que la certeza de la pobreza y el desabastecimiento extremos.

“Venezuela se ha vuelto territorio fértil para las peores mafias, grupos terroristas islámicos y guerrilleros marxistas”, dice Marty, refiriéndose a la presencia en ese país de células del grupo terrorista palestino Hezbolá y de guerrilleros del colombiano Ejército de Liberación nacional, ambos incluídos por Washington en el mismo listado en que aparecen los miembros del Estado Islámico y Al-Qaeda. “Venezuela necesita urgentemente salir de esta situación en que está sumergida y que no va a salir a base del diálogo”.

En el fondo del debate, hay dos formas muy diferentes de ver el gobierno y el papel que debe jugar en las sociedades latinoamericanas. Se trata de la versión tropical de la lucha ideológica del siglo XX entre el capitalismo y el comunismo.

La izquierda latinoamericana sigue dando la batalla por defender la idea de un gran gobierno papá, que vela por salarios mínimos altos, que provee servicios gratuitos y de alta calidad de salud y educación. Impulsan la nacionalización de los servicios de energía y agua potable, para que se garantice el acceso a bajo precio. Todo lo que son subisidios, bonos gubernamentales, educación y salud gratuita, etc son bienvenidos.

Reclamos muy similares se escuchan en Chile, Ecuador y Argentina. Y es que la izquierda le ha vendido la idea a muchos en los sectores de menores ingresos, que le corresponde al gobierno resolverles la vida. Terrible, dice la analista Marti, una argentina que aún no se repone de la victoria electoral de la fórmula Fernández-Fernández.

“Los latinoamericanos de alguna manera seguimos optando por ideas que no han funcionado, por ideas que de alguna manera vienen a representar no sólo políticas públicas, sino parches con una cultura del subsidio y con una cultura de entender a los gobiernos como gobiernos grandes que tienen que venir a proveer y ayudar y resolvernos la vida ”, dice Marty.

La derecha mientras tanto, pretende frenar toda regalía con la simple pregunta de ¿quién pagará por la piñata? Y recuerdan que simplemente pasarle la factura a las grandes empresas, en la forma de impuestos, frecuentemente resulta en una desbandada de los inversionistas hacia lugares más amistosos para con los empleos que generan y menos costosos en relación a las ganancias que buscan obtener.

El caso de Chile sin embargo ha abierto preguntas, ya que ese país era considerado como un éxito por sus altos índices macroeconómicos. Pero la explosión social de hace dos semanas dejó al descubierto como las grandes mayorías no se estaban beneficiando de la bonanza del país. La educación superior es muy cara, la salud puede ser inaccesible en casos catrastróficos y resulta más barato cruzar la frontera con Argentina para adquirir medicamentos que comprarlos en las farmacias locales.

El bombazo fue de tal magnitud que el presidente Sebastián Piñera pidió perdón a los chilenos en nombre de su gobierno y de los anteriores de varias décadas por no haberse percatado de lo que considera legítimas necesidades insatisfechas. Anunció medidas paliativas y cambió a su gabinete. Pero las protestas continúan. El gran dilema es que ahora las demandas de esos sectores inconformes y lidereados por la izquierda, representarían para Piñera dar un golpe de timón hacia la izquierda sin pasar por la aprobación de una votación popular.

La posibilidad de un punto medio, como lo fueron en los años 1980 los países del Europa Oriental, donde las mismas políticas de ordenamiento financiero impulsadas por el Fondo Monetario Internacional fueron acompañadas de medidas que representaron redes sociales para los sectores más vulnerables, no son una opción muy atractiva para la derecha pues temen que fácilmente podrían ser abusadas en América Latina por sectores políticos populistas de izquierda que promuevan el clientelismo político.

“Crear una red de seguridad social cuando no se tienen las garantías legales o institucionales es muy arriesgado en el momento que entre al poder un gobierno populista de izquierda que va a abusar de esas redes de seguridad social”, dijo Marty, en entrevista telefónica con VOA. “Porque esa gente te pone en la frente un cartel que dice que sos pobre y lo serás por toda tu vida y que necesitarás de un gran gobierno solidario para que te resuelva la vida y convertirte así en dependiente de ese partido”.

El continente casi en su totalidad está en ese dilema: un gobierno grande y bonachón, aunque no se sabe de dónde saldrá la plata. O gobiernos austeros y malhumorados que por lo menos no llevan a los países al colapso económico en que ha caído Venezuela. La batalla se sigue librando en las calles, y en las urnas de votación.

Las protestas en cada uno de los países afectados por la violencia de la discusión sobre cuál camino seguir ha dejado millones de dólares en pérdidas. Pero las perspectivas económicas de cada uno de los países están más en dependencia de su posicionamiento para el comercio, local o el internacional.

Andrés Abadía, economista de Panteon Economics, dijo a la VOA que las economías en América Latina se mueven en dos velocidades. Unos, como Colombia, que tienen un mercado interno fuerte avanzan seguros y a buen ritmo. Otros, como Chile, que son altamente dependientes de los precios internacionales de las materias primas, como el cobre, podrían verse afectados por una desaceleración en la actividad económica de China, su principal cliente.

Los manifestantes chilenos difícilmente sin embargo se mostrarán pacientes ante una baja del valor de las exportaciones chilenas y en la recaudación de impuestos. El gobierno de Piñera tendrá que buscar como dar respuesta a las expectativas insatisfechas, independientemente de que las exportaciones bajen de precio y su recaudación de impuestos descienda. A como sea, tendrá que apaciguar los ánimos para evitar otro incendio que haga más daño a su ya golpeada imagen de oasis económico latinoamericano.

La redactora de VOA Laura Sepulveda contribuyó con este reportaje.

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