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Cuba: la Iglesia en la mira

La visita del Papa a la isla pone a prueba la capacidad del Vaticano para defender la justicia social en un país donde no hay libertades.

Disidentes cubanos ven con escepticismo que el viaje abra nuevas puertas a la democracia.
Disidentes cubanos ven con escepticismo que el viaje abra nuevas puertas a la democracia.
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A bordo del avión que lo llevaba rumbo a México para una visita a Latinoamérica –su segunda- que además incluye a Cuba, el Papa Benedicto XVI dio dos respuestas a los periodistas que lo acompañan en el viaje directamente alusivas a la isla: el marxismo “ya no responde a la realidad”, y “la Iglesia está siempre de parte de la libertad”.

A diferencia de la visita hecha a Cuba en 1998 por su predecesor, Juan Pablo II, el viaje de Benedicto XVI ha estado precedido por una ola represiva de parte del gobierno cubano, con el arresto y hostigamiento a disidentes en un claro empeño de las autoridades por intimidar a sus opositores y asegurarse de que no se produzca ninguna protesta pública en presencia del Sumo Pontífice.

La propia realidad prevaleciente en la isla hace que la estancia del Santo Padre en Cuba trascienda obligatoriamente el exclusivo objetivo “pastoral” que según el Vaticano persigue la visita. El opositor Oswaldo Payá, coordinador del Movimiento Cristiano Liberación, ha dicho que el régimen cubano quiere “neutralizar toda expresión de libertad” y además “secuestrar las misas” que el Papa oficiará en Santiago de Cuba y La Habana.

En víspera del viaje, el número dos del Vaticano, el secretario de Estado,Tarcisio Bertone, dijo que tras el famoso mensaje pronunciado en La Habana por Juan Pablo II de "que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba", la Iglesia católica ha dado pasos hacia la libertad religiosa y logrado abrirse algunos de los espacios que antes le estaban totalmente cerrados en la isla.

Pero la afirmación del cardenal de que la visita del Papa ayudará al proceso de desarrollo hacia la “democracia” en Cuba ha sido recibida con escepticismo por parte de disidentes cubanos, entre ellos la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, quien dijo que hay que “tener confianza en Dios” porque ellas son “mujeres llenas de fe”, pero puso de relieve sus preocupaciones.

Soler resaltó que es importante que el Papa “escuche a las personas marginadas para que conozca la realidad de la situación actual del pueblo de Cuba”, ante el hecho-según fuentes de la Iglesia- de que Benedicto XVI no tiene previsto recibirlas a ellas ni a ningún otro opositor durante su estancia en la isla, donde además de entrevistarse con el gobernante Raúl Castro el Sumo Pontífice ha dejado abierta la posibilidad de hacerlo también con su hermano, Fidel Castro.

Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, no duda de que el Vaticano quiera lo mejor para el país, pero duda de que esta buena voluntad “sea suficiente para remover el principal obstáculo en el camino del pueblo de Cuba hacia la democracia y la prosperidad, que es el gobierno de los hermanos Castro”.

Más allá de que el Papa consiga hacer avanzar el propósito del Vaticano de abrirse los espacios religiosos que aún le siguen vedados en la isla, lo que está en juego durante esta visita es la capacidad de la Iglesia para demostrar que sí cumple con su precepto doctrinario básico de defender la justicia social, en un país donde la población no goza de libertades.

La prueba más peliaguda que por lo pronto deberá encarar Benedicto XVI a su paso por Santiago de Cuba y La Habana será la de tratar de borrar la mala imagen dejada por el cardenal cubano Jaime Ortega, cuando hace poco más de una semana pidió a la policía desalojar a 13 disidentes que ocuparon pacíficamente una iglesia en la capital con la intención de entregar una misiva al Papa en demanda de que se respeten los derechos humanos en Cuba.
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