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Uruguayos bailan cumbia villera bajo patrocinio estatal

  • Federica Narancio

La cumbia es la única música que aún se baila de a dos en Uruguay, según Ernesto Rizzo.

La cumbia es la única música que aún se baila de a dos en Uruguay, según Ernesto Rizzo.

En un centro del Ministerio de Educación y Cultura y en áreas públicas de Montevideo, se imparte un taller de cumbia villera que para sus creadores derriba los muros entre la clase alta y la baja. Para otros, la cumbia villera no es música de calidad.

Un taller de música y baile de cumbia villera que es patrocinado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay avivó el debate sobre si este subgénero de la cumbia, que proviene de las clases bajas, puede ser considerado como música de calidad.

"Lamentablemente el público más ignorante consume esa basura", dijo el ex director de la Filarmónica de Montevideo, Federico García Vigil, en una entrevista al periódico El Observador.

Vigil consideró, además, que el taller de cumbia villera es “testimonio de la decadencia fenomenal que estamos viviendo”.

Las declaraciones de García Vigil avivaron la curiosidad del público por el taller llamado “Made in Cante”, en alusión a los cantegriles o asentamientos informales de viviendas precarias donde vive la población más marginada de Uruguay.

El profesor de inglés y artista Ernesto Rizzo, creador de “Made in Cante”, dijo que es habitual que cierto sector de la población estigmatice la cumbia.

“La gente es un poco clasista y lo que venga de una cultura de la pobreza se va a menospreciar”, dijo a la Voz de América.

A él, en cambio, le “fascina” la cumbia, pues es el único baile que aún se baila de a dos en Uruguay, según dijo. “Es una danza que evoluciona, es viva”, aseguró.

Como una suerte de antropólogo cultural, Rizzo dijo que exploró la “cultura cante” y quedó cautivado.

“Me fascinó cómo juegan con el lenguaje porque me considero de clase media y la clase media no inventa palabras, no usa modismos nuevos, usa los que vienen de las clases bajas”, dijo.

Su interés por “derribar los muros” y dar a conocer la cultura de las clases bajas lo llevó a conformar el taller de cumbia villera junto a Jeferson Rey, de 23 años, un joven al que conoció a los 9 años cuando vendía flores en un bar de su barrio.

Hoy, Rey es uno de los profesores del taller de cumbia villera que se realiza desde julio en uno de los centros del Ministerio de Educación y Cultura y en distintas áreas públicas de Montevideo.

En las clases de cumbia se lo ve vestido al estilo “plancha” - zapatillas Nike y pantalones anchos con muchos bolsillos – y un sombrero tanguero que le da un toque distintivo.

“Plancha” es el término que se usa para denominar a una tribu urbana uruguaya que curte la cumbia, usa ropas holgadas como los raperos estadounidenses, y proviene de los sectores más pobres del país. Los “planchas” vendrían a ser lo contrario del “cheto”, el joven de clase alta que es objeto de burla en las letras de la cumbia villera.

Rey, no obstante, dijo que no le gusta utilizar esos términos porque estereotipan a las personas. Además, la cumbia es un género musical que se masificó y ahora es escuchada en todos los estratos sociales, explicó.

“Hoy por hoy, vayas donde vayas, por más que sea zona residencial escuchás cumbia”, aseguró. “Arrancó de lo más bajo y es lo más escuchado hoy. Si no vas a un baile tecno, en todos lados te pasan cumbia y reggaeton”.

El sábado pasado, le tocó dar clases junto a los otros tres profesores del taller en la Plaza Matriz, ubicada en el centro histórico de Montevideo.

Con un escenario montado en la calle Juan Carlos Gómez, que queda frente a la Catedral Metropolitana de Montevideo, unas 15 a 20 personas se movían al son de la versión en cumbia del “Bombón asesino”, que no es exactamente una cumbia villera.

Rey explicó que en el taller también pasan otros géneros de la cumbia como la “plena”, que es más romántica y tiene un ritmo más suelto que la villera.

“Ella se agita, toda la noche mueve la cinturita, y pa’ colmo usa pollera cortita, el meneo la levanta todita”, sonaba desde los parlantes.

Jóvenes, niños e incluso algunas parejas mayores bailaban divertidos. Algunos transeúntes que estaban de paseo frenaban a mirar. Los profesores se movían con la gracia típica de los que aprendieron a bailar desde la cuna. Su escuela fue el barrio, según Rey.

Algunas personas consultadas por la Voz de América dijeron que el ex director de la Filarmónica de Montevideo no se expresó bien al decir que la cumbia es “basura”.

“En todas las artes hay cosas buenas y cosas chatarras”, consideró Inés Da Silva, de 30 años, que observaba las clases desde un costado con su sobrino y un amigo del joven. “Lo mismo ocurre con la cumbia, hay cosas que son cursi pero también hay cosas buenas”, aseguró.

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