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Trump marcha hacia la nominación desafiando paradigmas


Trump ha usado una formula única para el éxito, en la que combina declaraciones y opiniones extremistas sobre temas de seguridad nacional e inmigración, con un interminable diluvio de insultos personales en contra de sus rivales.

Trump ha usado una formula única para el éxito, en la que combina declaraciones y opiniones extremistas sobre temas de seguridad nacional e inmigración, con un interminable diluvio de insultos personales en contra de sus rivales.

Donald Trump es "como el oso grizzli de (la película) ‘El Renacido’. Si lo atacas se hace más grande y más malo”.

Los candidatos presidenciales como Donald Trump no están supuestos a ganar elecciones generales, al menos de acuerdo la sabiduría convencional, pero como ha quedado demostrado, Trump es capaz de desafiar esos paradigmas y salirse con la suya.

El multimillonario Trump, quien nunca ha ocupado un cargo público, solidificó el martes su posición de favorito republicano con una serie de victorias cruciales en el Súper Martes, el día más importante en el proceso de las elecciones primarias.

Mientras avanza hacia la nominación republicana, Trump ha usado una formula única para el éxito, en la que combina declaraciones y opiniones extremistas sobre temas de seguridad nacional e inmigración, con un interminable diluvio de insultos personales en contra de sus rivales.

De alguna forma, es una versión exagerada de una vieja estrategia para ganar las elecciones primarias presidenciales en Estados Unidos: emplear retórica extremista para atraer a los votantes ideológicos del partido que tienden a ser la base más importante de las instituciones partidistas.

Sin embargo, una vez los candidatos han asegurado la nominación de su partido, esa misma sabiduría convencional dice que deben moderar sus posturas y rebajar su retórica incendiaria, para poder atraer una base más amplia de apoyos en la elección general.

Eso se debe a que los partidarios fieles son completamente diferentes a los votantes en una elección general, explica David Woodward, un profesor de Ciencias Políticas de Clemson University.

“Trump es la clase de peleador callejero al que le va bien en las primarias, pero creo que será un desastre en la elección general”, dice Woodward.

Trump parece reconocer esos riesgos. En múltiples ocasiones a través de su campaña ha reconocido que tendrá que cambiar su “tono” y actuar “muy diferente” si es que quiere ser presidente.

El martes, tras sus victorias en siete estados, pareció comenzar ese cambio de retórica.

“Soy un unificador”, declaró. “Sé que la gente va a pensar que es un poco difícil de creer, pero créanme, yo soy un unificador”, remarcó.

“Creo que vamos a ser más incluyentes, creo que vamos a estar más unidos, y yo creo que vamos a ganar en Noviembre”, agregó.

La pregunta es si esa estrategia le va a funcionar, especialmente teniendo en cuenta a una formidable rival como Hillary Clinton, que parece estar encaminada también a la nominación demócrata.

“Es difícil de saberlo, cuando cada una de las reglas de la política se han tirado por la borda en esta elección”, dice Mo Elleithee, quien dirige el Instituto de Politica y Servicio Público de la Universidad de Georgetown.

Elleithee, quien trabajo en la campaña presidencial de Clinton de 2008, advierte sin embargo que no hay que subestimar el atractivo de Trump en la elección general, pero tampoco hay que involucrarse en la batalla de los insultos personales.

En eso concuerda Newt Gingrich, consultor republicano y ex presidente de la Cámara de Representantes.

“Yo creo que Donald Trump es como el oso grizzli de (la película) ‘El Renacido’, dijo Gingrich a la Voz de América. “Si lo atacas se hace más grande y más malo”.

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