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El traje espacial: una nave personal

  • Logue Koster

Estos trajes son experimentos, primeras pruebas de trajes que posteriormente se utilizaron en el espacio y hacen parte de la colección del Smithsonian.

Estos trajes son experimentos, primeras pruebas de trajes que posteriormente se utilizaron en el espacio y hacen parte de la colección del Smithsonian.

Según el astronauta Joseph Kerwin un traje espacial es como “una pequeña nave espacial” porque permite moverse, respirar, comunicarse y trabajar desde el espacio.

Hoy las caminatas espaciales son una rutina para los astronautas de la NASA, pero estas no serían posibles sin una notable pieza de ingeniería.

Nadie aprecia la tecnología y el diseño de los trajes espaciales más que el doctor Joseph Kerwin, quien en 1973 fue uno de los primeros astronautas que hizo reparaciones en el espacio. Él y su colega Pete Conrad arreglaron un panel solar atascado en la base de Skylab.

Eso no hubiera sido posible sin los trajes del espacio, los cuales Kerwin describe como “una pequeña nave espacial”. El traje provee protección de meteoritos y del vacío. Circula el oxígeno, remueve el dióxido de carbono, mantiene a los astronautas aclimatados, permite la comunicación y la movilidad para hacer el trabajo.

Kerwin dice que al principio toma un tiempo acostumbrarse. “La primera vez que usted se lo pone, toma un tiempo subir las cremalleras y cuando ya uno está adentro no encaja muy bien, entonces lo inflan y uno casi no se puede mover”. Pero el astronauta dice que después de 1,000 horas de entrenamiento, incluyendo clases debajo del agua y en un cuarto sin gravedad, “usted es el dueño de ese traje”.

No literalmente. Todos los trajes que han regresado del espacio, más de 200, pertenecen al Museo del Aire y el Espacio en Washington, que pertenece a la institución del Smithsonian.

Además de los trajes, el museo posee una colección de guantes, escafandras y otros equipos auxiliares. La mayoría de estos artefactos están almacenados en un cuarto con temperatura controlada, en una bodega a unos 10 kilómetros de la ciudad de la capital de EE.UU.

“Hemos descubierto que los trajes son extremadamente frágiles, además de ser muy pesados”, dice Amanda Young, una curadora del Smithsonian. “Preservarlos es prácticamente un proyecto de toda la vida”.

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