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Sobrevivientes de Andes van a Chile

  • Federica Narancio

Cinco de los 16 sobrevivientes de la tragedia de Los Andes –en la que un avión uruguayo que viajaba a Chile se estrelló en la Cordillera en 1972– viajarán la semana próxima a la ciudad de Copiapó para brindar su apoyo a los 33 mineros atrapados y a sus familiares.

El viaje, que en principio lo iban a hacer por cuenta propia, correrá a cargo de la embajada chilena en Uruguay que se contactó con ellos al conocer su iniciativa, dijo a voanoticias.com José Luis Iniciarte, presidente de la Fundación Viven, integrada por los sobrevivientes y familiares de los que fallecieron en Los Andes.

“El mensaje que les vamos a transmitir es que están vivos, y los de arriba lo saben; ahora es cuestión de cultivar el don de la paciencia hasta que los puedan sacar a la superficie”, dijo Iniciarte. “Su paciencia se verá coronada, sin duda, con lo que más sueñan que es ver a sus familias”.

Iniciarte dijo que si bien la situación que vivió y la de los mineros “son muy diferentes”, él y sus compañeros quieren tener un gesto de reciprocidad con los que los apoyaron: “Vamos en nombre de Sergio Catalán (el arriero chileno que los salvó) y los pilotos de la Fuerza Aérea que nos rescataron. Y sobre todo, vamos en nombre de los que no volvieron”.

Hace 38 años, en 1972, un avión uruguayo perteneciente a la Fuerza Aérea con 45 pasajeros se estrelló en la Cordillera de Los Andes.

Los sobrevivientes del accidente pasaron 72 días de hambre, frío (con 30 grados bajo cero durante las noches) y desesperación, especialmente al enterarse por una radio a los 10 días del accidente que habían abandonado la búsqueda.

En ese entonces, cuando los dieron por muertos, restaban 27 personas en la temible cordillera, pero de ese número sólo sobrevivieron 16. Y para no morir de inanición, tuvieron que alimentarse de la carne de los cuerpos muertos, una difícil decisión que tomaron en grupo ya que en la montaña no había “vegetales ni nada comestible” y las subsistencias que tenían se iban acabando, según relata la página Web de los sobrevivientes.

Además, tuvieron que salir de la cordillera por sus propios medios –gracias a dos compañeros que hicieron una expedición por las montañas de 10 días– hasta encontrarse con el arriero chileno Sergio Catalán, quien llevó una carta de los jóvenes pidiendo ayuda a los carabineros para que los rescaten.

“La carta que mostró (el presidente) Piñera de los mineros me recordó a la carta que le dieron a Sergio Catalán”, dijo Iniciarte. “Lo demás es diferente, porque nosotros estábamos a 4.000 metros en un glaciar y ellos a 700 metros bajo tierra. Además, saben que los van a venir a buscar”.

No obstante, el punto en común entre ambas tragedias es que, para sobrevivir, es necesario aprender a controlar la psiquis, según Iniciarte. “Las horas no eran horas sino siglos. Las noches eran eternas. Y cada mañana pensabas si volverías a ver un amanecer”, recordó.

¿Cómo se cultiva la paciencia en situaciones tan extremas? “Nosotros rezábamos mucho, hacíamos cuentos y hablábamos de comida”, contó Iniciarte. “Describíamos una serie de restoranes y sus especialidades para engañar la panza. Permanentemente hablábamos de la comida, así es la cosa”.

Al estar acompañados, Iniciarte dijo que es muy importante que los mineros se apoyen entre ellos. “Las barreras que hay entre las personas en la vida normal, en esas circunstancias, desaparecen en pos de un objetivo, que es volver a ver a la familia”.

En este sentido, la contención que recibió de sus amigos fue lo que lo ayudó a sobrevivir, aseguró: “Tuve gangrena en una pierna y me tuve que auto-operar. Mis amigos me dieron todo, físicamente y psicológicamente, para no dejarme entregar, porque la muerte te seduce. Cuando uno perdía las esperanzas y ponía fechas para dejarse ir, los demás no te dejaban”.

“Al final, la tragedia se transforma en un mensaje de vida, de amor entre los hombres”, consideró.

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