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Comprendiendo el cerebro del adolescente

  • Voz de América - Redacción

Los adolescentes aprenden a una mayor velocidad que los adultos, y sin embargo ¿por qué pueden ser tan impulsivos?

Los adolescentes aprenden a una mayor velocidad que los adultos, y sin embargo ¿por qué pueden ser tan impulsivos?

¿Por qué son tan inteligentes y se equivocan tanto? ¿Por qué se levantan tan tarde? ¿Por qué aprenden tan rápido?

La neuróloga Frances Jensen ha estado estudiando el cerebro humano durante la mayor parte de su carrera, pero ni siquiera ella estaba lista para el reto de sus dos hijos adolescentes.

Su desafío: tratar de encontrar por qué los adolescentes listos y responsables también actúan impulsivamente y tienen comportamientos riesgosos.

Así, hizo lo que cualquier científica haría… estudió durante una década sus cerebros. Sus hallazgos descartan algunos de los mitos y también proveen de mucha ayuda para los padres, maestros y otros adultos que intentan comprenderlos.

El cerebro adolescente, aún en obras

Cuando llegan a la pubertad, sus cuerpos cambian y los adolescentes comienzan a parecerse a los adultos. Se asume que sus cerebros también son como los de un adulto.

No es cierto, dice Jensen. “El cerebro es el último órgano en madurar. Su maduración tiene lugar alrededor de los 25 años” La química y la estructura del cerebro del adolescente tiene solo el 80% de su forma final.

En su nuevo libro, “El cerebro adolescente: La guía de la supervivencia de una neurocientífica para criar adolescentes y adultos jóvenes”, Jensen describe las fortalezas y debilidades del cerebro en esta etapa del desarrollo. Asegura que la forma en que sus cerebros están conectados les da una mejor disposición para aprender que a los adultos.

“Así que tenemos un cerebro muy activo, por un lado, capaz de aprender, pero manejado por un conductor que todavía no tiene acceso completo a los frenos”,

“Se origina de un alto nivel de aprendizaje en la niñez, algo que llamamos ‘plasticidad sináptica’, que significa que en la sinapsis, cuando las células del cerebro hablan entre ellas, es la manera en que se aprende”, dice Jensen. “Así que se construyen sinapsis más grandes cuando se aprende algo”.

“Las proteínas y los químicos involucrados en construir las sinapsis para aprender tienen niveles muy, muy altos en la niñez, y un poco menos en la adolescencia y luego baja a la clase de niveles que tienen los adultos, que es cómo se explica que un niño puede aprender dos, tres lenguajes perfectamente y un adolescente sea muy bueno, pero no tanto como un niño, pero mejor que un adulto en términos de velocidad a la que pueden aprender y absorber información”.

La paradoja es que mientras los adolescentes tienen una mejorada habilidad de aprender, las conexiones entre otras áreas del cerebro todavía están desarrollándose.

“Las células del cerebro envían procesos de manera que las áreas del cerebro puedan hablar entre ellas. Este proceso requiere que las señales pasen por el cerebro. Estos procesos necesitan estar aislados”, dice Jensen.

“Y el aislamiento que tenemos es una sustancia natural grasosa llamada ‘mielina’. Toma dos décadas y media completar el trabajo. Trabajan desde la parte posterior del cerebro hacia el frente. ¿Y cuál es el último lugar que conecta completamente para que estos procesos se completen para una transmisión rápida? La parte frontal del cerebro ¿Y cuál es la parte frontal del cerebro? Los lóbulos frontales”, explica.

Los lóbulos frontales del cerebro son responsables de la percepción, el juicio, el control del impulso y la empatía, cosas que se les dificulta hacer funcionar a los adolescentes.

“Así que tenemos un cerebro muy activo, por un lado, capaz de aprender, pero manejado por un conductor que todavía no tiene acceso completo a los frenos”, dice.

Más hallazgos

Otros descubrimientos son las drogas y el alcohol a edad temprana tienen fuerte impacto en el IQ final de una persona; el “multi-tasking” o las tareas múltiples a la vez son un problema para los adolescentes, tienen límites; las niñas desarrollan antes y son mejores para planear que los varones; el reloj biológico de los adolescentes está programado 2 o 3 horas más tarde que el de los adultos y por eso van a la cama y se levantan más tarde: levantarse para ir a la escuela a las 6:00 de la mañana equivale a que un adulto se despierte a las 3:00 a.m., NO ES HORA DE APRENDER.

Una recomendación para los padres: “Manténganse en contacto y sean un poco más pacientes”. Es también durante estos años de adolescencia cuando se desarrollan las enfermedades mentales: la bipolaridad, la depresión o la esquizofrenia. Hay que estar pendientes de las señales de advertencia”.

Jensen también anima a los padres a compartir este tipo de información con sus hijos. “En la adolescencia tratan de descubrir quiénes son, descubrir su identidad. Tienen un interés natural en todo lo que tiene que ver con ellos, así que cuando uno les cuenta sobre su estado de maduración, se sorprenderán lo muy interesados que están en eso”.

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