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El progreso nos desnuda

  • Roberto Casin - Miami, Florida

El hombre no ceja en su empeño por adentrarse en los confines del universo.

El hombre no ceja en su empeño por adentrarse en los confines del universo.

Roberto Casin nos lleva de la mano desde Miami por los intrincados caminos del progreso y las paradojas del desarrollo.

Durante la década que recién concluyó, la revolución tecnológica siguió transformando nuestras vidas. Los astrónomos reunieron evidencias de que en algún momento en Marte hubo agua, y lograron enumerar por cientos los nuevos planetas hallados fuera del Sistema Solar.

Los científicos descubrieron la manera de reprogramar las células y establecieron que las biomoléculas de ADN son capaces de sobrevivir cientos de miles de años y constituyen pequeñas “máquinas del tiempo” que pueden proveer información sobre plantas y animales que ya no existen.

Físicos e ingenieros consiguieron sintetizar materiales con propiedades ópticas hace apenas unos años inimaginables, y los temores de que el clima en la Tierra podía estar sufriendo un vuelco peligroso se corroboraron, y la certeza de que el planeta se calienta es parte inexorable de nuestra realidad.

¿Nos ha hecho saber todo eso mejores seres humanos? No. ¿Han podido esas señales del progreso conjurar las guerras, el hambre, la injusticia y las enfermedades que siguen diezmando a la humanidad? Tampoco. Pero al menos han servido como evidencias de lo pequeña que sigue siendo nuestra sabiduría si la comparamos con lo que aún nos resta por saber.

Lo cierto es que el hombre no ceja en su empeño por adentrarse en los confines del universo, y mientras en todos los observatorios del mundo los investigadores se afanan en hallar cualquier forma de vida extraterrestre, una científica de la NASA recién echó más leña al fuego de la curiosidad al anunciar el descubrimiento de una nueva bacteria que puede crecer e incorporar arsénico en ausencia de fósforo a su ADN.

Lo revolucionario del hallazgo es que hasta ahora se creía que la vida requería sin excepciones de seis elementos: carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre. Y parece que no es así, lo que añade un nuevo horizonte de posibilidades. Eso sin contar un meteorito encontrado en Sudán en 2008, que contiene aminoácidos esenciales y que refuerza la hipótesis de que la vida pudo llegar a la Tierra en una lluvia de rocas.

Por si fuera poco, la sociedad científica británica Royal Society ha pedido muy en serio a Naciones Unidas que elabore un plan mundial para proteger a los humanos de una posible agresión violenta de extraterrestres. Así de dramático, tal vez inspirándose en la máxima de que “sólo tenemos que mirarnos a nosotros mismos”.

En verdad no está mal que nos esforcemos en hurgar en lo desconocido y en tratar de ver más allá de nuestras narices, con tal de que no permanezcamos ciegos, sordos y mudos ante muchos de los problemas y las incógnitas que todavía nos quedan por resolver aquí mismo en nuestro planeta.

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