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Discurso completo del presidente Obama sobre la amenaza terrorista

  • Voz de América - Redacción

El presidente Obama visto a través de una ventana mientras se dirige a la nación de la Oficina Oval de la Casa Blanca.

El presidente Obama visto a través de una ventana mientras se dirige a la nación de la Oficina Oval de la Casa Blanca.

La amenaza de terrorismo es real, pero la vamos a superar. Vamos a destruir a ISIL y a muchos otras organizaciones que traten de hacernos daño.

EL PRESIDENTE: Buenas noches. El miércoles, 14 estadounidenses fueron asesinados cuando se reunían para celebrar las fiestas. Fueron arrebatados de sus familias y amigos que los amaban profundamente. Eran blancos y negros, latinos y asiáticos, inmigrantes y nacidos en Estados Unidos, madres y padres, hijas e hijos. Cada uno de ellos servía a sus compañeros ciudadanos y todos ellos fueron parte de nuestra familia estadounidense.

Esta noche, quiero hablarles sobre esta tragedia, la amenaza más amplia de terrorismo y cómo podemos seguir manteniendo a nuestro país seguro.

El FBI todavía realiza las investigaciones de lo que pasó en San Bernardino, pero esto es lo que sabemos. Las víctimas fueron asesinadas y heridas brutalmente por uno de sus compañeros de trabajo y su esposa. Hasta ahora, no tenemos evidencia de que los asesinos hayan sido dirigidos por organizaciones terroristas del extranjero, o que fueran parte de una conspiración más amplia en nuestro país. Pero está claro que los dos habían recorrido el oscuro camino de la radicalización, abrazando una interpretación pervertida del Islam que hace un llamado de guerra contra Estados Unidos y Occidente. Ellos habían almacenado armas de asalto, municiones y bombas hechizas. Así que esto fue un acto de terrorismo, diseñado para matar gente inocente.

Nuestra nación ha estado en guerra contra los terroristas desde que al-Qaeda mató a casi 3.000 estadounidenses el 11 de septiembre. En el proceso, hemos mejorado nuestras defensas —desde aeropuertos a centros financieros, a otras infraestructuras críticas. Las agencias de inteligencia y policiales han frustrado incontables planes aquí y en el extranjero, y trabajado las 24 horas para mantenernos a salvo. Nuestros militares y profesionales del contraterrorismo han perseguido sin descanso las redes terroristas en el extranjero —interviniendo en varios santuarios terroristas en diferentes países, matando a Osama bin Laden y decimando el liderazgo de al-Qaeda.

En los años recién pasados, sin embargo, la amenaza terrorista ha evolucionado a una nueva fase. A medida que nos hemos vuelto más diestros para prevenir ataques complejos y multifacéticos como el del 11 de septiembre, los terroristas se han volcado a actos de violencia menos complicados como las masacres que hemos visto en Fort Hood en 2009, en Chattanooga a principios de este año, y ahora en San Bernardino. Y a medida que grupos como ISIL se vuelven más fuertes en medio del caos de guerra en Irak y luego en Siria, y a medida que el internet borra las distancias entre países, vemos crecientes esfuerzos de parte de los terroristas por envenenar las mentes de gente como los atacantes del Maratón de Boston y los asesinos de San Bernardino.

Durante siete años he confrontado esta amenaza cambiante cada mañana durante el informe de inteligencia diario. Y desde el día en que llegue al poder, he autorizado a las fuerzas estadounidenses eliminar a terroristas en el extranjero precisamente porque sé qué tan real es el peligro. Como comandante en jefe, no tengo responsabilidad más grande que la seguridad del pueblo estadounidense. Como padre de dos hijas jóvenes que son la parte más preciosa de mi vida, yo sé que podemos imaginarnos a nosotros mismos junto a amigos y colegas en una fiesta navideña como la de San Bernardino. Yo sé que vemos a nuestros hijos en las caras de los jóvenes que murieron en París. Y yo sé que después de tanta guerra, muchos estadounidenses se preguntan si acaso no enfrentamos un cáncer que no tiene cura inmediata.

Bueno, pues esto es lo que quiero que sepan: La amenaza de terrorismo es real, pero la vamos a superar. Vamos a destruir a ISIL y a muchos otras organizaciones que traten de hacernos daño. Nuestro éxito no va depender de palabras duras, o de abandonar nuestros valores, o cediendo al miedo. Eso es lo que grupos como ISIL esperan. En su lugar, vamos a ganar siendo fuertes e inteligentes, resistentes e implacables, y sacando fuerza de cada aspecto del poder estadounidense.

Será así. Primero, nuestros militares continuarán persiguiendo a los terroristas en cualquier país donde sea necesario. En Irak y Siria, los bombardeos están diezmando a los líderes de ISIL, sus armas pesadas, tanqueros, su infraestructura. Y desde los ataques en París, nuestros más cercanos aliados —incluyendo Francia, Alemania e Inglaterra—han incrementado sus contribuciones a nuestra campaña militar, lo cual nos ayudará a acelerar nuestro esfuerzo por destruir a ISIL.

Segundo, vamos a continuar proveyendo de entrenamiento y equipamiento a decenas de miles de soldados iraquís y sirios que luchan contra ISIL en el terreno para destruir sus santuarios. En ambos países estamos desplegando fuerzas especiales que van acelerar esa ofensiva. Hemos aumentado estos esfuerzos desde los ataques en París, y vamos a continuar invirtiendo más en métodos que funcionan en el terreno.

Tercero, estamos trabajando con amigos y aliados para detener las operaciones de ISIL —para desbaratar planes, cortar su financiamiento, y evitar que recluten a más combatientes. Desde los ataques en París, hemos incrementado la compartición de inteligencia con nuestros aliados europeos. Estamos trabajando con Turquía para sellar su frontera con Siria, Y estamos cooperando con países de mayoría musulmana —y con las comunidades musulmanes aquí en casa— para contrarrestar la viciosa ideología que ISIL promete en el internet.

Cuarto, con el liderazgo estadounidense, la comunidad internacional ha comenzado a establecer un proceso —y un mapa de ruta— para buscar los ceses el fuego y una solución política a la guerra siria. Hacerlo así permitirá al pueblo sirio y a cada país, incluyendo a nuestros aliados, y también a países como Rusia, a enfocarse en la meta común de destruir a ISIL —un grupo que nos amenaza a todos.

Esta es nuestra estrategia para destruir a ISIL. Está diseñada y apoyada por nuestros comandantes militares y expertos contraterroristas, junto a 65 países que se han unido a la coalición liderada por Estados Unidos. Y constantemente examinamos nuestra estrategia para determinar si se necesitan pasos adicionales para cumplir con la meta. Por eso es que he ordenado a los departamentos de Estado y de Seguridad Nacional a revisar el programa de visas por el cual la terrorista de San Bernardino vino originalmente al país. Y por eso es que voy a urgir a los líderes policiales y de alta tecnología para dificultar que los terroristas puedan ocupar la tecnología para escapar de la justicia.

Ahora, aquí en casa, tenemos que trabajar juntos para encarar el reto. Hay varios pasos que el Congreso debe tomar de inmediato.

Para comenzar, el Congreso debe actuar para asegurarse de que nadie que aparezca en una lista de prohibición de vuelo pueda comprar un arma. ¿Cuál puede ser el argumento para permitir que un sospechoso de terrorismo compre una arma semiautomática? Esto es un asunto de seguridad nacional.

También necesitamos hacer más difícil que la gente compre poderosas armas de asalto como las que se usaron en San Bernardino. Yo sé que hay algunos que rechazan cualquier medida de seguridad. Pero el hecho es que nuestras agencias de inteligencia y policiales —no importa que tan efectivas sean—no pueden identificar a todos los posibles atacantes motivados por ISIL o por alguna ideología de odio. Lo que podemos hacer —y debemos hacer— es hacer más difícil que puedan matar.

Luego, debemos establecer revisiones más estrictas para aquellos que vienen a Estados Unidos sin una visa, de manera que podamos ver más detenidamente si han viajado a zonas de guerra. Y estamos trabajando con miembros de ambos partidos en el Congreso para hacer exactamente eso.

Finalmente, si el Congreso cree, como lo creo yo, que estamos en guerra contra ISIL, deben votar para autorizar el uso continuo de la fuerza militar en contra de estos terroristas. Por más de un año he ordenado a nuestros militares realizar miles de bombardeos en contra de blancos de ISIS. Creo que es hora que el Congreso vote para demostrar que el pueblo estadounidense está unido, y comprometido, en esta lucha.

Mis compatriotas, estos son pasos que podemos tomar juntos para derrotar la amenaza terrorista. Déjenme decir algo sobre lo que no debemos hacer.

No debemos ser arrastrados otra vez a una larga y costosa guerra terrestre en Irak o Siria. Eso es lo que grupos como ISIL quieren. Ellos saben que no nos pueden derrotar en el campo de batalla. Los combatientes de ISIL fueron parte de la insurgencia que enfrentamos en Irak. Pero también saben que si ocupamos tierras foráneas, ellos pueden mantener las insurgencias durante años, matando a miles de nuestros soldados, desgastando nuestros recursos y usando nuestra presencia para atraer nuevos reclutas.

La estrategia que estamos usando ahora —los bombardeos, las fuerzas especiales, y el trabajo con las fuerzas locales que luchan para recuperar el control de su propio país— esa es la que nos permitirá alcanzar una victoria sostenible. Y no va a requerir que enviemos a una nueva generación de estadounidenses al extranjero a pelear y morir durante otra década en una tierra lejana.

Esto es lo que no podemos hacer. No podemos volvernos en contra de nosotros mismos al permitir que esta lucha sea definida como una guerra entre Estados Unidos y el Islam. Eso, también, es lo que grupos como ISIL quieren. ISIL no habla en nombre del Islam. Ellos son matones y asesinos, parte de un culto de muerte, y solo representan a una pequeña fracción de más de mil millones de musulmanes en todo el mundo —incluyendo millones de patriotas estadounidenses musulmanes que rechazan su ideología de odio. Aún más, la vasta mayoría de víctimas terroristas alrededor del mundo son musulmanes. Si vamos a tener éxito en derrotar al terrorismo debemos enlistar a las comunidades musulmanas como unos de nuestros más fuertes aliados, en lugar de rechazarlos con sospechas y odio.

Esto no significa negar el hecho de que una ideología extremista se ha extendido dentro de las comunidades musulmanas. Esto es un problema real que los musulmanes deben enfrentar, sin excusa. Los líderes musulmanes en todo el mundo deben continuar trabajando junto a nosotros para rechazar decisiva e inequívocamente la ideología de odio que grupos como ISIL y al-Qaeda promueven; denunciar no solo los actos de violencia sino también aquellas interpretaciones del Islam que son incompatibles con los valores de tolerancia religiosa, respeto mutuo y dignidad humana.

Pero así como es responsabilidad de los musulmanes alrededor del mundo erradicar las ideas equivocadas que han llevado a la radicalización, es responsabilidad de los estadounidenses —de todas las creencias— rechazar la discriminación. Es nuestra responsabilidad rechazar las pruebas religiosas que se pretenden imponer sobre los que admitimos en este país. Es nuestra responsabilidad rechazar las propuestas de que los estadounidenses musulmanes deben ser de alguna manera tratados diferente. Porque cuando seguimos ese camino, perdemos. Esa clase de divisionismo, esa traición a nuestros valores favorece a grupos como ISIL. Los estadounidenses musulmanes son nuestros amigos y vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros héroes deportivos —y sí, son nuestras mujeres y hombres uniformados que tienen la disposición a morir en defensa de nuestro país. Tenemos que recordar eso.

Mis compatriotas, tengo confianza que vamos a tener éxito en esta misión porque estamos en el lado correcto de la historia. Fuimos fundados sobre la creencia en la dignidad humana —que no importan quién seas, o de dónde vengas, o cómo luzcas, o que religión practiques, eres igual a los ojos de Dios e igual ante los ojos de la ley.

Aún en esta temporada política, aún mientras debatimos apropiadamente en qué pasos debemos tomar, yo y futuros presidentes, para mantener a salvo nuestro país, asegurémonos de no olvidar lo que nos hace excepcionales. No olvidemos que la libertad es más poderosa que el miedo; que siempre hemos enfrentado retos —ya sea la guerra o la depresión, los desastres naturales o ataques terroristas— manteniéndonos unidos alrededor de los ideales comunes como una sola nación, como un solo pueblo. Mientras nos mantengamos fieles a esa tradición, no tengo duda que Estados Unidos prevalecerá.

Gracias. Que Dios les bendiga y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

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